Nadie es pobre por elección

24 Jul 2017
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CARENCIAS. No sólo se trata de recursos, sino de limitaciones para participar en las esferas laborales y socioeducativas. La gaceta / foto de jorge olmos sgrosso

Lorena Cabrera
Docente de la UNT e Investigadora en Ciencias Sociales
Lorena Cabrera - Docente de la UNT e Investigadora en Ciencias Sociales

La pobreza tiene muchos rostros posibles; algunos de ellos generan rechazo y otros cierta lástima o sensibilización. A su vez, una de las ideas más generalizadas en nuestra sociedad es que las soluciones dependen, sobre todo, de los esfuerzos individuales que hagan las personas para superarse y revertir sus situaciones de precariedad.

Marcelo, con su rostro curtido por el sol y años de trabajo duro a la intemperie de las quintas de limones y naranjas de nuestra provincia nos cuenta cómo se esfuerzan y trabajan él y su esposa para sostener los gastos de la familia:

“…Y yo hacía lo que podía pero nunca nos alcanzaba, para ir a la quinta el camión nos busca a eso de las 5 y volvemos como a las 19, si no se queda por ahí parado porque son muy viejos, andan agata…mi mujer amasa y vende bollos y limpia en una casa de familia, mis cuatro chicos van a la escuela pero no te digo que no faltan porque ya están grandecitos y se dan cuenta…y los domingos me voy con la conservadora a la cancha a vender gaseosas y juguitos, me hace falta otro trabajo pero en qué tiempo si vuelvo casi a la noche y algo tengo que dormir para rendir en la quinta porque el jornal depende de los bultos que hagas, no es que te pagan el día por ir nomás…

… veo que no mejoramos, siempre la estamos remando como se dice, no podemos ni terminar de techar la otra pieza que estoy levantando, yo trabajo desde los nueve años y siempre he sido bien guapo, no es que me esté alabando pero no me puedo quedar en la casa, yo tengo que salir a hacer algo, soy así, ya me he hecho al trabajo…” Fragmentos de entrevista, mayo de 2016

Si analizamos el caso de la familia de Marcelo desde una perspectiva estándar de privaciones básicas que sirven para medir las famosas líneas de pobreza que afectan a familias de sectores populares, dicha pobreza es doblemente relativa. Por un lado, los recursos para lograr un nivel de participación en la comunidad son relativos en términos de tiempo y espacio y, por otro lado, la pobreza constituye una situación de privación social según los niveles existentes de participación.

Desde una propuesta sociológica, con visión tanto histórica como económica, podemos afirmar que la pobreza no hace referencia a recursos para satisfacer necesidades, sino que hace referencia a capacidades, y en específico, a limitaciones o carencias del “portafolio” de capacidades de los hogares. Por lo tanto, la pobreza es relativa si nos detenemos en los recursos que necesitan los sujetos, y absoluta si nos detenemos en las capacidades para estar o no estar en una situación de pobreza. Es aquí donde se materializan los testimonios como el de Marcelo, quien a pesar de sus esfuerzos por trabajar más y ganar más dinero para sostener las necesidades de su familia, no cuenta con capacidades reales a través de lazos institucionales estatales que le permitan una participación más equitativa en las esferas laborales y socioeducativas de la sociedad.

Es necesario enmarcar históricamente estas reflexiones con lo que se conoce como la nueva pobreza urbana, concepto que emerge en la década de 1970 debido a los cambios en la división internacional del trabajo, la globalización económica y las políticas de reajuste económico desplegadas para adaptarse a estos cambios globales. Estos cambios, en medio de una crisis mundial del Estado de Bienestar, trasladaron el foco de los estudios de la pobreza a la ciudad, al espacio local en donde se manifiestan con más fuerza los cambios de la desindustrialización y reconversión a la economía de servicios, los nuevos procesos migratorios internacionales, las crisis fiscales de las ciudades y los procesos de privatización residencial. Con el paso del tiempo, los estudios sobre pobreza siguieron desarrollándose de modo situado dando lugar a nuevas ideas y a un análisis amplio del territorio, el cual sigue siendo clave a la hora de comprender las dinámicas comunitarias, la gestación de identidades y las estrategias de subsistencia de las personas en situación de pobreza (según los últimos índices de Unicef se estima que en Argentina más del 40% de la población vive en situación de pobreza) con vistas a elaborar políticas públicas inclusivas y eficientes. En nuestro contexto actual es urgente el reconocimiento por parte del Estado Nacional de su responsabilidad ineludible para generar y acompañar dichas políticas públicas porque lo que está en juego es el desarrollo integral de todo el país, ya que los efectos negativos que provoca la pobreza son multidimensionales y de gran impacto en las vidas de las personas y en sus acciones a corto y largo plazo.

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