“El fallo de la Corte nacional llegó un poco tarde”

López Calendino se refirió al caso de 2015.

23 Jul 2017

Con sus propios ojos observó lo que pasó el 23 de agosto de 2015: fue, de hecho, el jefe del único equipo de observadores externos que presenció los polémicos comicios tucumanos. Aquella circunstancia catapultó “a la fama” a Sebastián López Calendino, subdirector del Observatorio de Estudios Electorales y Político-Institucionales de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. López Calendino sonreía este viernes al recordar aquella experiencia: la mirada de los técnicos platenses sobre las elecciones de estos pagos traspasó las fronteras argentinas e incluso llegó al diario The New York Times. Quizá por esa familiaridad con la historia convulsa conocida como #Tucumanazo2015, López Calendino considera que la Corte Suprema de Justicia de la Nación se tomó demasiado tiempo para terminar el conflicto. “El fallo (del 11 de julio que convalidó los comicios) refleja lo que dijimos en nuestro informe de observación electoral, pero llegó un poco tarde. La Corte tenía herramientas para actuar antes, sobre todo porque después de las elecciones tucumanas de 2015 la democracia argentina estuvo en jaque”, dice.

En una entrevista en la que analizó el escenario de las primarias -se informa por separado-, López Calendino evoca el descreimiento en el sistema de votación que quedó como saldo del #Tucumanazo2015. “Insisto en que, por ello, la decisión es algo extemporánea”, agrega. Justamente porque ya transcurrieron 20 meses del mandato de los ganadores de la contienda cuestionada por el Acuerdo para el Bicentenario, ¿podía la Corte de la Nación invalidar todo? El especialista bonaerense, que está de vuelta en la provincia para capacitar a fiscales del PRO, dice que los márgenes de la Justicia en los temas electorales suelen ser muy complejos y estrechos, sin perjuicio de que se advierte una ampliación en los últimos tiempos en la Cámara Nacional Electoral. Según su criterio, esto obedece a que el fenómeno de la judicialización de los comicios es reciente. “El sistema de votación ha respondido bien en general: ello quiere decir que no es malo pero sí perfectible”, opina.

Dice López Calendino que en el caso de Tucumán no había dudas de que los votos estaban en las urnas y que, por ello, hay que prestar atención a las prácticas anteriores a la elección. “El 23 de agosto de 2015 ningún elector tucumano entró al cuarto oscuro con una pistola en la cabeza. Es decir, se veía que existía cierta garantía de que era posible ‘elegir’: pongo este infinitivo entre comillas porque recordemos que en Tafí Viejo las boletas estaban en el piso, y había más de ciento y pico. Era imposible elegir con tranquilidad allí”, evoca.

Más allá de postular que el reparto de bolsones es una mecánica extendida en América Latina y que el único antídoto contra ella pasa por la educación cívica, López Calendino sostiene que el fallo de la Corte de la Nación que avaló los resultados de los comicios no puede ser una excusa para evitar la reforma política que prometieron las nuevas autoridades. “Dije esto desde el primer momento: entiendo que el sistema electoral de acoples vigente en Tucumán no soportaría otros comicios independientemente de que hay que respetar la autonomía de cada provincia, como dice la Corte nacional”, medita. El docente universitario afirma que los tucumanos tienen que resolver cómo elegir a sus representantes y que nadie de afuera puede decirles cómo hacer, pero advierte que, si las cosas siguen como están, es posible que los problemas de 2015 se repitan en 2019: “los hechos de violencia más intensos se vieron en las localidades periféricas, en el ámbito de la disputa por las comunas. Es imprescindible elevar los requisitos para conformar partidos políticos de suerte tal de disminuir el número de candidatos. Regulando esto, quizá, se podrá achicar el número de boletas, y el riesgo de que haya desmanes y quema de urnas”.

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