La cabeza también juega

23 Jul 2017 Por Ezequiel Fernández Moores
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SU CITA FAVORITA. Del Potro se prepara para jugar en Estados Unidos.

“La muñeca -dice Diego Rivas, ex kinesiólogo de Juan Martín del Potro- tiene huesos, ligamentos, tendones, articulaciones. Que todo eso vuelva a funcionar, normalmente, no es tan simple. La rodilla, por ejemplo, es una sola articulación y se toca un ligamento. Acá podés tocar una cosa y se desacomoda la otra, reparás algo roto y se altera la mecánica”.

Rivas lo cuenta en “El milagro Del Potro”, libro reciente del periodista Sebastián Torok. La muñeca de Delpo, felizmente, parece no dar más señales de viejos dolores. Pero mucho más complejo que una muñeca es la cabeza. Y sólo Del Potro sabe qué debe andar pasando por su mente después de tanto calvario médico, miedo de nunca volver, depresión, la euforia de 2016 y este presente irregular que, hay que decirlo, no es seguramente el que esperábamos.

El mundo del tenis sólo habla desde hace días de Roger Federer. El suizo lo tiene absolutamente merecido, claro. Circula, entre otros, el hermoso último texto Alessandro Baricco sobre la belleza de su juego. “Federer -escribió el escritor italiano- tiene una raqueta en la mano, pero, al verlo jugar, uno suele olvidarse de que eso es una raqueta y acaba por creer que es una especie de pinza que los humanos poseíamos en origen, y de la cual más tarde nos deshicimos porque salta a la vista que se consideró poco adecuada para la lucha por la supervivencia. Nos deshicimos todos excepto él”. Por eso, mientras los otros juegan al tenis, Federer, dice Baricco, “hace algo que tiene más que ver con la respiración, o con el vuelo de las aves migratorias”, es decir, algo “natural”, que va simplemente “con el curso de las cosas”. El libro de Torok, sin embargo, nos cuenta que, además de su talento natural y profesionalismo, Federer tiene una especie de Lado B tal vez menos glamoroso, pero que acaso también ayuda a explicar su permanencia en la cumbre, aún ya casi con 36 años y cuatro hijos a cuestas.

El cuento es que Federer comenzó a advertir que Del Potro, a quien le había ganado los seis duelos entre ambos de 2007 a 2009, amenazaba cada vez más seriamente a su juego. A Franco Davin y Martiniano Orazi, por entonces entrenador y preparador físico de Delpo, les llamó la atención que, en los peloteos previos al partido, Federer, raro en él, no dejaba que Delpo tomara ritmo acortando el intercambio y así entrara frío al partido. Y que, cuando iba a volear en ese mismo peloteo, Federer acentuaba las pisadas, como buscando un ruido amedrentador. Además, antes de cada partido, Federer, siete años mayor que Delpo, entraba al vestuario para jugarle a las cartas, hacer chistes, hablar de sus relojes (comparten sponsor), de raquetas y de fútbol. “Empecé a notar -dice Davin a Torok- que eso a Juan lo relajaba, perdía su fuego interno, lo sacaba del foco de querer ganarle sí o sí y después no entraba con el cuchillo entre los dientes”. Y Del Potro, sigue Davin, precisaba tenerle un poco más de bronca, en el buen sentido. “Si vos lo tenés ahí arriba y de ídolo, se hace difícil ganarle”, explicó. A partir de ahí, Davin y Orazi pidieron a Delpo que, educadamente, cortara esas situaciones. Federer volvió a buscarlo en plan amistoso apenas antes de la final del US Open de 2009. Del Potro evitó la situación. Ese título terminó siendo acaso el más importante de su carrera.

La anécdota ayuda a confirmar cuánto juega la cabeza. “El problema de Delpo está ahí, no tengo dudas”, me dijo Torok días atrás, apenas después de la inesperada caída de Del Potro en segunda rueda del Wimbledon que ganó Federer, por octava vez. “La mente, en el tenis, -había escrito Torok en La Nación tras la caída de Del Potro- es el combustible. Estar motivado mueve montañas. Estar desanimado -o ‘quemado’, como se dice en los courts- tiene un gran efecto negativo”. ¿Y cómo está Delpo?, se preguntó el colega. Y agregó:”Luce amortiguado, sin pimienta, falta de entrenamiento…Pareciera como si el enorme desgaste realizado en 2016 -con mucha gloria, por cierto- lo haya deshidratado”. Los Juegos de Río y la Copa Davis tuvieron picos emocionales difíciles de alcanzar. Se juntaron la vuelta después de tanto sufrimiento, la representación del país, el empuje de millones, el apoyo de otros tantos en el exterior, su llanto desencajado, el agradeciendo a todos después de cada triunfo. Era todo emoción. Nadie hablaba de tenis. Entendible en un primer momento. No después. Porque Delpo compite en la élite. Y allí todo juega. Incluída la supuesta estrategia distractiva que le hizo Federer un tiempo atrás.

Leo un artículo reciente sobre Del Potro de Reuben Young en uno de los tantos sitios especializados de tenis. “Hay poca esperanza-dice Young- de que Del Potro vuelva alguna vez a su viejo nivel”. Wimbledon nos despidió con un argentino finalista que no era Delpo pero se le parece mucho, el juvenil Axel Geller. Se viene ahora la gira en canchas estadounidenses. Su favorita. Una buena ocasión para desmentir a los Young y volver a inspirar a los Geller. Pero, más que eso, y mucho más allá también del agradecimiento a tantos fans, ojalá sea una buena ocasión para apretar muñeca y ajustar mente. Para volver a hacer foco en uno mismo al pisar otra vez una cancha de tenis.

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