Abrazos

23 Jul 2017
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Virginia Satir, la famosa psicoterapeuta familiar norteamericana -ya fallecida- aseguraba que se necesitan cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantenernos y doce para crecer.

Como es sabido, este tipo de contacto físico no es exclusivo de las parejas (aunque sí es requisito que exista cierto grado de confianza e intimidad entre los que se abrazan). Así, padres e hijos, hermanos, amigos y otros vínculos cercanos, suelen expresar su afecto con abrazos más o menos frecuentes. Y es bueno que esto ocurra. Los investigadores afirman que abrazarse reporta todo tipo de beneficios: favorece la comunicación, mejora la autoestima, reduce los enojos y la sensación de soledad, fortalece el sistema inmunológico, relaja los músculos, equilibra el sistema nervioso, mejora el estado anímico…

El abrazo se ha jerarquizado tanto que hasta existe una famosa “avatara” o “encarnación divina” en India -de fama mundial, llamada Amma- que eleva la vibración psico espiritual de sus visitantes abrazándolos. Reside en su ashram de Kerala, Bangalore, y lleva abrazados a millones de peregrinos.

Del mismo modo, la falta de este y otros contactos corporales puede tener efectos negativos para nuestra salud.

Abrazos de amantes

El Kama Sutra aborda el tema de los abrazos en uno de sus capítulos. Vatsyayana los divide en diferentes clases:

“Cuando una mujer, agarrándose a un hombre como un reptil se enlaza a un árbol, atrae su cabeza hacia la suya con la intención de besarle y, dejando oír un ligero suspiro, le abraza y le mira con amor, ese abrazo se llama el enlazamiento del reptil”. Y sigue: “Cuando una mujer, habiendo colocado un pie sobre el pie de su amante y el otro en uno de sus muslos, pasa uno de sus brazos sobre los riñones y el otro por la espalda, canturrea a media voz como si arrullara, y pretende, de alguna manera, trepar por él para lograr un beso, este abrazo es llamado el brinco al árbol”. El sabio hindú aclara que estas dos clases de abrazos tienen lugar cuando el amante está de pie.

Pero ya llegando al momento de la unión sexual, “cuando los enamorados yacen en un lecho, y se abrazan tan estrechamente que los brazos y los muslos del uno están enlazados con los brazos y los muslos del otro, en una especie de frotamiento recíproco, este abrazo se denomina la mezcla de grano de sésamo y de arroz”.

Fiel a ese crescendo que caracteriza a cada capítulo del antiguo manual de erotismo, Vatsyayana continúa diciendo que “cuando un hombre y una mujer se aman violentamente y, sin preocuparse de si se hacen daño, se atenazan como si quisieran penetrar en el cuerpo el uno del otro, esté la mujer sentada sobre las rodillas del hombre o delante de él, o sobre una cama, este abrazo se llama la mezcla de leche y de agua”.

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