Nuevos productores cooperativos se suman a la actividad cañera

Una asistencia técnica grupal que se reconvirtió y les permitió capacitarse y adquirir maquinarias. El INTA y el Proicsa

22 Jul 2017
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CON PERSPECTIVA DE CRECIMIENTO. Los socios y productores de la Cooperativa Doña Juana observan cómo se opera la cosechadora, para luego incorporarla a trabajar en os surcos cañeros de la entidad. gentileza inta famaillá

Un grupo de productores independientes que trabajó junto al INTA, en el marco del Programa para Incrementar la Competitividad del Sector Azucarero (Proicsa) desde sus comienzos en el año 2013, logró constituirse como cooperativa. En el año 2014 comenzó los trámites administrativos para la conformación de la “Cooperativa Doña Juana”, que quedó formalizada como tal en noviembre del año 2015.

Con sede en la ciudad de Monteros, la organización está conformada por 10 socios, entre los cuales se encuentran tres mujeres y cuatro jóvenes. Sus campos, mayormente, están ubicados en la zona de Yonopongo, Monteros Viejo y Simoca.

Mediante el asesoramiento técnico de la ingeniera agrónoma Carla Bueso, la cooperativa recibió asistencia en sus predios y realizó análisis de suelos y “raquitismo de las socas (RSD)” en semilla propia.

Participó de distintas capacitaciones y jornadas de campo, mejorando los rendimientos en las 400 hectáreas de superficie de los socios. Además, incorporó un semillero de variedades de alta calidad para planificar nuevas renovaciones. Con la intervención técnica, se desarrolló un proyecto para mejorar la dotación de maquinaria, que fue aprobado por el Proicsa.

De esta forma, hacia fines del año 2016 adquirió un tractor MF 7019 de 200 HP, 4x4, un camión Iveco Tectar Atack, un acoplado de 9 metros y una caja cañera para el camión.

Oscar, Ricardo, Daniel y Rafael Rodríguez, socios de la cooperativa, nos cuentan su visión desde la experiencia y las vivencias que tienen como grupo productivo.

- ¿Cómo fue el proceso de conformación de la cooperativa?

- Primero, nos reunimos como un grupo familiar. En el año 2013, con ayuda del Proicsa en la gestión, comenzamos los trámites para la constitución de la cooperativa. Finalmente, los papeles estuvieron listos a finales del año 2015, por lo que 2016 fue el primer año que tiramos caña al ingenio con el nombre de la cooperativa.

Nosotros observamos que esta forma tiene más beneficios, porque podemos negociar de otra manera con el ingenio. Además, es posible gestionar herramientas e, incluso, máquinas que el Estado ofrece como aportes a las cooperativas.

Sin embargo, no es fácil el trabajo en cooperativa. De hecho, muchas de ellas fracasan o son poco creíbles cuando no representan la esencia del trabajo asociativo; son burocráticas o no distribuyen los recursos de manera equitativa.

Nuestro trabajo interno implica la división de tareas: unos se encargan de la parte administrativa y de gestión, otros del manejo de las máquinas, otros de la cosecha y otros de la plantación y el cultivo.

Pero, las decisiones se toman de forma conjunta. Una vez por semana nos reunimos para comentarnos las novedades sobre cada parte en la reunión de balance e intercambio. Todos sabemos lo que el otro hace.

Funcionamos como una máquina, donde cada parte es diferente y tiene funciones específicas pero, finalmente, avanza como un todo.

Por eso, se necesita del buen funcionamiento de todas las partes. Si una parte falla, decimos que la máquina entera no funciona.

Nuestra cooperativa también realiza servicios a pequeños productores.

- ¿Qué significó el apoyo del Proicsa para ustedes?

- Fue un gran apoyo y beneficio, que intervino justo en años difíciles para el sector como fueron 2013, 2014 y 2015, tanto por el precio del azúcar como por las inclemencias climáticas.

Por eso, nosotros insistimos en la importancia de políticas públicas que apoyen al sector. Sería fundamental que la asistencia técnica del Proicsa continuara. Nosotros aún no estamos en condiciones de afrontar los gastos para pagar a un técnico asesor.

El Proicsa significó un gran aporte para nosotros por el tema de la “caña semilla saneada”, las tecnologías críticas que fuimos adquiriendo para mejorar el modo de trabajar el cañaveral y los análisis de “Raquitismo de las Socas (RSD)”, suelo y rendimientos. Tuvimos la posibilidad de realizar un plan de acción, que fue aprobado y nos permitió recibir un tractor.

Nosotros estuvimos muy bien asesorados por el Proicsa, tanto por los técnicos de INTA como de la Unidad de Coordinación Territorial (UCT).

El apoyo técnico fue muy grande. Además, nunca antes habíamos tenido la posibilidad de contar con un técnico que nos pueda asesorar en el manejo de la caña, y nos dé una mano con los aspectos de gestión para la conformación de la cooperativa.

En estos años se viene manteniendo la producción. Cuesta mantenerla. Todavía no nos da margen para invertir en otras cosas. Esperemos que en los próximos años podamos tener ese resto favorable, que nos permita crecer y no sólo subsistir. Eso también nos permitiría contratar a los obreros durante todo el año y no sólo por la temporada de la zafra, beneficiándolos a ellos y a sus familias.

- ¿Cuáles son las proyecciones de la organización a futuro?

- Nos gustaría tener más formación en aspectos administrativos. Participamos en las distintas capacitaciones que fue ofreciendo el Proicsa y todas fueron interesantes y completas, pero hay mucho por aprender en el tema de administración de una cooperativa.

En el futuro nos gustaría diversificar la producción; poder tener un galpón para pollos; seguir produciendo caña, pero trabajando en subproductos o en la producción del alcohol, que en Tucumán es algo que aún no se conoce bien.

También, en planes de diversificación de la caña de azúcar y los “residuos de cosecha (RAC)”, para tratar de usar cada vez menos fertilizante artificial.

No queremos que nos den dinero. Queremos capacitación y un técnico que trabaje a la par nuestra y que nos asesore en el cultivo, y que también nos dé una mano con la gestión interna de la cooperativa para conseguir fondos (para expandirnos).

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