El humor y la política

Este texto fue publicado originalmente en este suplemento en 2003 por el destacado humorista fallecido el 7 de julio pasado

23 Jul 2017
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Humor no destructivo. “Presidentes y políticos me han pedido dibujos donde los caracterizaba”, había contado Landrú.

Por Landrú - Para LA GACETA - Buenos Aires

El humor no transforma la realidad, no genera cambios sustanciales, no puede transformar lo malo en bueno. Si un dibujante retrata todos los días a un político está involuntariamente haciendo campaña; el humor no puede hacer caer a un presidente; es simplemente una distracción que descomprime tensiones.

No hago chistes a favor o en contra de algo, sino “sobre” alguien o algo. Mis dibujos no irritan, no tienen humor destructivo. A tal punto que varios presidentes y políticos me han pedido los dibujos donde yo los caracterizaba. A Illia lo dibujaba como una tortuga; a Onganía, como una morsa; y a Alsogaray como un chancho. recuerdo que Cámpora se ofendía porque lo dibujaba con muchas arrugas. Todo terminó cuando el entonces director de Clarín me pidió que lo dibujara con una arruga menos. Frondizi, Alfredo Palacios, Aramburu, Guido, el almirante Rojas y Menem son algunos de los hombres que atravesaron la escena política con mejor sentido del humor. Frondizi llegó a colaborar en Tía Vicenta, mi revista humorística, con un seudónimo: Domingo Faustino Cangallo.

El humor político es la forma de sintetizar una situación, de aclararla, de detectar los defectos de la realidad. También puede servir como terapia. Cualquier persona agobiada por la realidad puede digerirla mejor a través del humor. El chiste político se elabora a partir de la detección de un punto neurálgico de la realidad, y esto hace que sirva para su interpretación.

Después de seis décadas de hacer humor, creo que los argentinos vamos a poder seguir riéndonos. Pero también creo que muchos van a llorar.

© LA GACETA

PERFIL

Juan Carlos Colombres nació en Buenos Aires, en 1923. Murió, en la misma ciudad y a los 94 años, el 7 de julio pasado. Desde 1947 adoptó el nombre de Landrú (tomado de un criminal francés con el que tenía un parecido físico y que había muerto el mismo día y año de su nacimiento) para firmar sus trabajos. Sus dibujos ilustraron revistas populares como Rico Tipo, Vea y Lea, El Hogar y Leoplán. Fundó y dirigió la célebre revista Tía Vicente y fue colaborador del diario Clarín durante décadas. En 1971 ganó el premio Moors Cabot de la Universidad de Columbia. Desde 1992 integró la Academia Nacional de Periodismo. Ganó el Konex, entre muchos otros reconocimientos, y en 2003 fue declarado ciudadano ilustre de Buenos Aires. El libro Landrú, el que no se ríe es un maleducado, publicado en 2014, ofrece una compilación de su obra a lo largo de 60 años.

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