Vano intento del presidente francés

21 Jul 2017

Carlos Duguech - Analista internacional

Fue en el contexto de la conmemoración de un hecho aberrante, doloroso y típico de la Segunda Guerra Mundial, acaecido el 16 de julio de 1942 con la deportación de familias judías. Era el trato despiadado a judíos que fueron llevados a campos de concentración de la Alemania nazi. En París no fueron pocos. En esa sombría jornada 13.000 personas (familias enteras con sus niños) sufrieron la consecuencia de la Alemania de un Hitler que se erigía, por ese entonces, en “dueño de Europa”. Luego del armisticio del 22 de junio de 1940 entre Francia (derrotada militarmente) y Alemania, el gobierno del mariscal Petain se somete a los dictados del vencedor.

Es la propia policía francesa la que actúa con la detención y concentración en el Velódromo de Invierno -en París- de los judíos que el régimen nazi resuelve encaminarlos hacia el trágico destino. Fácil suele resultar a algunos historiadores que pretenden escindir de esos graves hechos la responsabilidad de la nación involucrada. Nos pasó más de una vez a los argentinos. Cuando la creación de las Naciones Unidas, algunos países se opusieron al ingreso de Argentina por su no disimulada simpatía por la Alemania de Hitler. Ardua fue entonces la tarea del delegado peruano, entre otros latinoamericanos durante la Conferencia de San Francisco, alegando que los militares que gobernaban Argentina (1943-1945) no representaban el sentir de esa nación, de tradición democrática en esencia.

Y cuando el desembarco de militares en Malvinas en 1982, intentamos decir después que no era la Nación Argentina la que lo había hecho sino los militares usurpadores del poder. Pero ni nosotros, en nuestro caso, ni Macron, como presidente de Francia, podemos hacer otra cosa que aceptar, finalmente, el derecho internacional. El que consagra la “continuidad de los estados” sin importar quiénes ni cómo son gobernados; que la nación es siempre la responsable ante la comunidad internacional. Es lo que expresó en París llanamente el presidente francés al primer ministro de Israel, Netanyahu, al cumplirse el 75° aniversario del dramático hecho de 1942. La oponente de Macron en las últimas elecciones presidenciales, Marine Le Pen, cuando se refiere a este desgraciado episodio del gobierno de la Francia de Vichy, sojuzgada por Alemania, pretende hacer zafar a su país del oprobio que ello significó. Fue Francia que lo hizo, como lo dijo Macron. Y fue Alemania, como en otra ocasión lo expresó su líder Merkel, refiriéndose al Holocausto. Valientes y nobles expresiones, que reconocen la verdad objetiva: fueron sus respectivos países los responsables, en cada caso. Lo dijeron, era el mea culpa de Francia y de Alemania

El caso Israel-Palestina

Esta posición clara de Macron tête à tête con el primer ministro israelí le habilita –así parece pensarlo- para enrostrarle a Netanyahu cuestionamientos sobre las políticas de ocupación de territorios y construcción de colonias por parte de Israel, afectando la posibilidad de la constitución del Estado Palestino sobre esas tierras ocupadas desde la Guerra de los seis días, en junio de 1967. Desde hace medio siglo, nada menos. Macron habló de dos estados, del respeto al derecho internacional y de la necesidad de nuevas negociaciones constructivas para asegurar la paz en la región.

Netanyahu, como siempre, tendrá a mano su discurso. Cada vez más alejado de la realidad y cercano, sin embargo, al autoritarismo y la necedad de los que desconocen los derechos de otros. De quienes son agredidos con un vendaval de avasallamientos pretendiendo considerar que se basa ese accionar en los “derechos” de Israel. Claro, sostenidos por la fuerza militar en todo tiempo y lugar. Vano el intento de Macron; previsible la sordera de Netanyahu.

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