San Martín volvió a ser un equipo sin alma y perdió ante un rival que fue práctico

18 Jul 2017

La historia volvió a repetirse en La Ciudadela. San Martín reiteró viejos errores colectivos e individuales y dejó pasar una chance inmejorable para asegurarse la plaza en la B Nacional. La derrota ante Los Andes, 3 a 2, prolongó el suspenso y llenó de dudas a los hinchas que parecen condenados a sufrir hasta el final de la temporada.

El marcador final no fue casualidad. Es fruto de todas las ventajas que el “Santo” le otorgó a un adversario que, con el único argumento de ser efectivo para concretar las oportunidades que se le presentaron, se llevó para Lomas de Zamora tres puntos que le sirven para engrosar su promedio.

La tarea del local fue una de la más pobre del torneo. Dejó crecer a un rival que en los papeles no parecía capaz de complicarlo. Sin embargo, a los 7 minutos ya había establecido la primera diferencia en el marcador. Eso le permitió jugar con tranquilidad mientras el local era pura ansiedad.

Julián Vivas, uno de los mejores jugadores de la visita, aprovechó el “regalo” de la defensa local y con una perfecta definición estableció el 1-0. A partir de ese momento, Los Andes sacó ventajas de las imprecisiones que San Martín tuvo en el juego. En los últimos 15 minutos de la primera etapa, el “Santo” generó situaciones para igualar pero sus hombres carecieron de la tranquilidad para definir. La más clara estuvo en los pies de Ramón Lentini, de pobre tarea: sólo frente al golero Federico Díaz remató desviado.

Todo siguió igual

El arranque de la segunda fue un calco de la primera. En el arranque, Los Andes le aplicó otro duro mazazo a las ilusiones del loca. Junior Mendieta -la figura del partido- definió acertadamente una buena jugada de contragolpe que encontró desarmada a la defensa local. El partido parecía definido, sobre todo, luego que Mendieta marcó el tercero.

Con más vergüenza deportiva que fútbol, San Martín logró descontar a través de Gonzalo Rodríguez y Acosta, pero que no sirvió para disimular la pálida actuación de un equipo que volvió a colaborar con su rival para que le hagan la vida imposible.

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