Contacto con la naturaleza

16 Jul 2017
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A las personas que vivimos en una ciudad suele pasarnos que, llegado un punto, nos invade la necesidad de tomar contacto con la naturaleza. Casi un pedido de auxilio de nuestro cuerpo rebelándose contra las horas de computadora, las adictivas series, el chequeo permanente de las redes sociales y de los mensajes del celular. Aire puro, menos ruido, más árboles, paisajes sin tantos cables, el teléfono en silencio. Una posibilidad que en Tucumán está muy a mano: poco más de media hora en auto y ya se respira ese aire distinto de la subida al cerro. Y aunque muchos tienen el buen hábito de alejarse del cemento todas las semanas, a otros tantos la inercia nos lleva a postergar esas saludables escapadas.

Que sumergirnos en un entorno natural tiene beneficios para nuestra salud –y en consecuencia, para nuestra salud sexual- ha sido ampliamente demostrado: la naturaleza estimula nuestro sistema inmune, reduce la ansiedad y mejora el ánimo, por nombrar sólo algunas de sus bondades. Definitivamente el “campo” -en sus muchas versiones- es un verdadero antídoto contra el estrés. Es decir, contra el común denominador de buena parte de los malestares y enfermedades que nos llevan a los consultorios médicos (incluidas las disfunciones sexuales).

Ir a la esencia

Y es que estamos hechos de elementos naturales. No es raro entonces que nuestro cuerpo pida reencuentros periódicos con nuestra verdadera esencia (y que el desconectarnos de ella tenga sus consecuencias). Así, caminar descalzos sobre el pasto, tomar un baño en el río, mirar un atardecer o acostarnos boca arriba a contemplar las estrellas… estos antiguos rituales tienen el poder de energizarnos y también de relajarnos. Si hasta dormimos más y mejor cuando nos tomamos estos recreos.

Aquietar la mente

También la mente se aquieta frente a la imponencia de un paisaje. Quizás porque, a diferencia de lo que nos pasa casi siempre, no sentimos la necesidad de juzgar a la montaña, al mar, a los árboles. Por el contrario, tenemos la oportunidad, si estamos dispuestos, de darle lugar al silencio y dejarnos impregnar por la belleza de lo que, simplemente, es. Y de tomar conciencia, agradecidos, de que somos una pequeña parte de esa inmensidad que nos rodea.

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