El operativo municipal en la “Chacapiedras”

15 Jul 2017

Es difícil saber exactamente por qué la gente elige determinados lugares para congregarse y celebrar la amistad, especialmente los jóvenes. Hay esquinas que no tienen aparentemente nada de particular, en algunas corre agua prácticamente a diario. Así como en un tiempo, un bar de Las Piedras y Ayacucho se había convertido en un lugar de encuentro de los chicos, un día, la “movida” se trasladó a una cuadra y comenzó a crecer con la apertura de nuevos bares. Las mesas y sillas comenzaron a ser protagonistas de las veredas, no sólo durante los fines de semana, sino también en los días laborales. De modo que “La Chacapiedras” se transformó en un fenómeno social, digno de estudio.

A lo largo de alrededor de un lustro, la esquina de Chacabuco y Las Piedras fue ganando popularidad, hasta el punto que los sábados a la medianoche o domingos a la madrugada a cualquier transeúnte de regreso a casa se le había muy difícil pasar porque las motos estacionadas ocupaban una porción significativa y luego se ponían los taxis, dejando en la calle un lugar mínimo para circular. En la noche del 7 de julio, tuvo lugar una descomunal gresca en uno de los bares y las acciones quedaron registradas en un video, que se viralizó en las últimas horas y que puede verse en LAGACETA.com. Se observan golpes, sillazos y varios heridos, entre ellos un joven que se puede ver en el video, totalmente ensangrentado y tirado en el piso. Sin embargo, la Policía no recibió ninguna denuncia por este asunto.

El miércoles pasado, alrededor de las 17.30, la Dirección de Tránsito, Defensa Civil, la Dirección de Control Ambiental y Bromatología y la Dirección de Ingresos Municipales efectuaron un operativo de dos horas en la zona, y clausuraron cinco bares y una rotisería, que por diferentes motivos incumplían con la normativa vigente, según dijeron los funcionarios.

Desde que se instaló el último negocio, las protestas por la polución sonora se incrementaron. Un destacado guitarrista de nuestro medio, que vive en la zona, dijo que “desde que se instaló ese bar comenzaron los problemas”. “Nunca habíamos tenido quejas por ruidos molestos hasta que llegaron ellos y se instalaron donde antes era una enorme guardería. Es insoportable el ruido y el volumen de la música, de lunes a lunes”, afirmó.

Lo cierto es que el operativo que puso de mal humor a los comerciantes, generó el bienestar de los vecinos disconformes con la inacción de las autoridades porque alguien se estaba ocupando de intentar poner orden al desmadre y de defender sus derechos, obligación que le compete al Estado.

Esta realidad pone en evidencia que los operativos de inspección no son tan frecuentes como deberían serlo. Da la impresión de que a los funcionarios no les llamó la atención en todo estos años el creciente fenómeno social de la “Chacapiedras” y de sus implicancias. Muchos vecinos no quieren denunciar porque sus quejas suelen caer en saco roto, pero basta echar una recorrida nocturna por estas zonas muy concurridas para verificar si las normativas se cumplen. A juzgar por la escasa higiene de muchos locales que expenden comida, se nota que el control bromatológico no es muy eficiente; tampoco se inspecciona la higiene en los baños y hay bares donde la mugre salta a la vista. Si el argumento es la falta de personal, se podría crear una aplicación para los teléfonos móviles para que el ciudadano pudiera denunciar las irregularidades y estas quedaran asentadas en un registro. Es saludable que la autoridad cumpla con su deber: sería positivo que lo hiciera siempre en forma constante y no esporádicamente.

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