El zapping educativo

La necesidad de recuperar la cultura del esfuerzo.

25 Abril 2004
Por Roberto Espinosa

Tiene 11 años y empuña un celular en cada mano. "Abuelo, me preguntan cuál es la capital de la Argentina. Son cinco opciones: Mendoza, Córdoba, Paraná, Buenos Aires y Gualeguaychú... ¿Qué botón aprieto? ¿Paraná? ¿No es el río que está frente a Buenos Aires?" Los programas televisivos de preguntas y respuestas, en los que participan adultos y chicos, causan a menudo el asombro por las respuestas disparatadas que hacen reír de enojo. Hasta hace unos años, quien participaba de un certamen tenía una sola opción ante el jurado: sabía o no lo que le preguntaban. En este último caso, era eliminado o le daban una última posibilidad si había avanzado bastante en el concurso. Actualmente, en algunos ciclos, el participante compite con colaboración vecinal. Si gana o logra pasar algunas rondas, el mérito no es propio, sino compartido con familiares y amigos. Es decir que no se premia la cultura general del competidor -que viene a ser en este caso una suerte de chivo expiatorio- sino de la escudería. Cada vez se brindan mayores facilidades para poder ganar. Pareciera que el objetivo no es ya distinguir a la persona que ha pasado muchas horas de su vida estudiando, leyendo, enriqueciéndose espiritualmente.

Llegarás lejos
Estos programas reflejan de algún modo el deterioro en la educación que viene padeciendo el país en los últimos lustros. "Si te esfuerzas llegarás lejos", solían decirnos nuestros padres y maestros. Humberto Carfi, violinista y director de orquesta -dirigió la Sinfónica de la UNT- contaba que cuando tenía 8 o 9 años su padre no le daba permiso para ir a jugar a la pelota si antes no cumplía con su hora diaria de estudio del instrumento. "A veces odiaba el violín porque veía que mis amigos jugaban a la hora en que yo practicaba. Ya adulto, le agradecí a mi padre su severidad porque me enseñó a disciplinarme y el violín se convirtió en mi medio de vida", cuenta. Carfi, entre otros logros, llegó a estrenar el concierto de Aram Khatchaturian en presencia del mismo compositor.
El zapping ha invadido no sólo la educación, sino la vida cotidiana. En una simple charla cuesta prestar atención a lo que el otro está diciendo y, por lo general, se lo interrumpe varias veces para comentar cosas intrascendentes. El zapping impide la concentración y, por lo tanto, la reflexión. Se tiende a lo superficial, a lo pampito. El argumento de muchos padres se basa en que la vida es tan dura que hay que tratar de "pasarla bien".
Surge el concepto de que hay que decir o escribir cosas divertidas o que la enseñanza debe ser divertida para que el chico aprenda más. La vida se transforma entonces en un pasatiempo, donde el compromiso está ausente. La tarea de maestros y profesores sería la de divertir con conocimientos al alumnado para que los chicos no se estresen ni tengan que ir al psicólogo porque los aplazaron en Lengua. Y el profesor que ha incurrido en el error de ser exigente, seguramente debe temblar porque se arriesga a recibir luego las amenazas de algún ofuscado padre que cuestionará su metodología o su capacidad.
En esta diversión educativa, los chicos reprobados han llegado a tener recuperación de recuperación de recuperaciones. En las orientaciones polimodales, Historia, Geografía, Física y Química son materias cuatrimestrales y en otros casos, en tercer año de ese ciclo, Lengua y Literatura se han convertido en asignaturas del pasado. Sin embargo, existen orientaciones con imponentes nombres como "Economía y gestión de las organizaciones" o "Producción de bienes y servicios". En los claustros universitarios no se conoce iniciativa de los centros de estudiantes que solicite a las autoridades mayores exigencias al alumnado para garantizar un mejor nivel y lograr la excelencia.
Si seguimos concediéndoles facilidades a niños y jóvenes en materia educativa, no recuperaremos la cultura del esfuerzo. El esfuerzo puesto en aprender, en el trabajo, nos lleva a la autorrealización. Haciendo zapping en la vida no se llegará demasiado lejos.

Tamaño texto
Comentarios