Una mirada integral

13 Jul 2017

Octavio Concilio - Tributarista

Desde hace mucho tiempo que, en la Argentina, se espera una verdadera reforma tributaria. En los últimos 18 meses, se han materializado algunas modificaciones parciales disminuyendo la carga tributaria de los contribuyentes, pero generando un importante sacrificio fiscal para el Estado. En algunos casos se financiaron con la recaudación de nuevos impuestos.

Pero estas modificaciones parciales no resultan suficientes para disminuir la presión tributaria que hoy sufren los contribuyentes. Cuando hablamos de tributos, no sólo hay que considerar los impuestos, sino también los aportes patronales, que tienen una incidencia muy importante en la estructura de costos de las empresas.

Los beneficios de reducción en el costo a la seguridad social siempre son bien recibidos por los empleadores e incentivan la incorporación de mano de obra en las empresas. En estos casos, lo importante es mantener el equilibrio para que esas reducciones en las cargas no impliquen disminuciones de los beneficios de coberturas sociales en los empleados y futuros jubilados.

No podemos pensar en modificaciones aisladas; es necesario una reforma integral. Esto significa que se deben armonizar todos los tributos en su conjunto y sin hacer distinciones si son recaudados por la Nación, las provincias o los municipios, justamente para que dejen de existir superposición de tributos que, en definitiva, gravan la misma exteriorización de capacidad contributiva. Por ello, dentro de las reformas, debería también considerarse modificar la ley de coparticipación federal, por la cual se coordina la distribución de los recursos tributarios recaudados por el estado federal entre las provincias, para que se ajusten a la realidad actual del país.

El interrogante

Ahora, siempre que pensamos en una reforma, nos imaginamos que será con el objetivo de lograr una disminución en la presión tributaria de los contribuyentes, esa sería la buena noticia, pero ¿como se financiará?

Esto implica que deberá analizarse cuestiones muy complejas, ya que no es tan simple como decidir si bajar o no una alícuota; derogar o no un impuesto; otorgar una exención o beneficios a determinado sector o actividad.

Las decisiones políticas que impliquen una disminución de la recaudación fiscal deben estar minuciosamente cuantificadas para definir las medidas. De esta manera se podrán equilibrar las cuentas estatales y, paralelamente, compensar el sacrificio fiscal.

Estas acciones pueden incluir recorte de gastos públicos o financiación interna o externa. Tampoco se pueden desechar medidas dentro de la misma política tributaria. Por ejemplo: crear tributos nuevos; incrementar las bases impositivas, regulando actividades no alcanzadas en la actualidad; profundizar los controles para reducir la evasión fiscal y así ampliar la base de contribuyentes que tributen; modernizar a los fiscos para agilizar la recaudación de tributos y hasta eliminar exenciones. Toda una batería de situaciones para aplicar una reforma integral.

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