Sin respuestas para la violencia

10 Jul 2017

María Laura Aráoz - DPA

Miles de hamburgueses se volcaron a la calle, escoba en mano, para borrar los rastros dejados por la ola de de violencia que sacudió la ciudad durante la cumbre del Grupo de los Veinte, mientras las autoridades admitían el fracaso del dispositivo de seguridad anunciado con bombo y platillo antes de la cita.

“Queremos mostrar la solidaridad hacia los vecinos”, dijo Thorben Harms, al llegar al barrio de Schanzenviertel, epicentro de tres noches de violencia.

“Nosotros también queremos hacer algo por Hamburgo para agradecer a la ciudad que nos recibió”, explicaron los refugiados sirios Mohamed y Walaa. “Es algo que le debemos a los que se han llevado la peor parte”, argumentó Björn Düssler, quien llegó junto con su mujer y su hijo.

Ayer, el olor del caos todavía flotaba en el aire. Algunos rescoldos ardían en un barricada y los vecinos sorteaban en bicicleta los vidrio desparramados en la calzada.

Los mayores desmanes que se conocen en décadas en Hamburgo desataron el enojo de la gente. “Fue como una guerra civil”, dice el vecino Jörg Müller. “Nadie quiere hacerse cargo. Proteger la cumbre era el objetivo. Pero no puede ser que dejen a los habitantes librados a su suerte”, se quejó.

Todos se preguntan cómo pudo ocurrir que una dotación de 20.000 policías y un año de preparativos no fueran suficientes para hacer frente a 1.500 manifestantes encolerizados, cuando se calculaba que serían 8.000 los violentos.

Estallido inesperado

El alcalde de la ciudad-Estado, Olaf Scholz, tampoco parecía tener respuestas a los choques que se sucedieron durante tres noches, también durante las horas en las que la canciller alemana, Angela Merkel, y sus invitados escuchaban la “Oda a la Alegría” de Ludwig van Beethoven en el modernísimo auditorio de la Filarmónica del Elba.

Después de que las imágenes de barricadas, coches ardiendo y batallas campales entre activistas y policías dieran la vuelta al mundo, el titular de Interior de Hamburgo, Andy Grote, admitió que las autoridades se vieron sorprendidas por la brutalidad de las protestas.

“Tuvimos que lidiar con actos violentos de criminales que no previmos que fueran a ocurrir de esta forma concreta”, dijo para justificarse de las críticas.

Scholz dijo que estaba consternado, pero defendió la decisión de celebrar la cumbre en medio de una gran ciudad.

“Un país de tradición democrática sólida debería tener suficiente confianza y decir: Sí, estas conferencias no solamente que tienen que hacerse, sino que también pueden celebrarse en nuestro país y eso lo vamos a garantizar”.

El balance de los excesos habla por sí solo: 476 policías heridos, 186 detenidos, 225 retenidos y 37 órdenes de arresto y un número aún no determinado de manifestantes heridos. Decenas de autos quemados y daños millonarios a tiendas, bancos y al mobiliario público.

Hasta los activistas antisistema en torno al centro “Rote Flora” del barrio de Schanzenviertel se distanciaron de la “violencia sin razón”. Muchos venían del extranjero, sostuvo el abogado del centro, Andreas Beuth. La Policía rechazó sus declaraciones y los acusó de haber instigado al caos.

Merkel condenó los disturbios y anunció ayuda financiera para los damnificados. La empresa de transporte urbano público de Hamburgo anticipó que regalará abonos mensuales a los dueños de los coches incendiados.

Las consecuencias políticas de la ola de violencia probablemente ocupen a las autoridades alemanas más tiempo que las materiales.

La jefa de la bancada nacional del opositor Partido La Izquierda, Sarah Wagenknecht, demandó el fin de las cumbres del G20. “En realidad, la única lección que nos puede dejar esto es la de prescindir en el futuro de estos shows que devoran el dinero del contribuyente y no arrojan resultados”. (DPA)

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