Claudio expresa a través de la música la alegría que le genera ser de San Martín

Con 17 años es músico y fanático del "santo".

08 Jul 2017
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AMOR PURO. Claudio lleva a San Martín en la piel y en el sonido de su trompeta. la gaceta / foto de Osvaldo Ripoll

Claudio Alejandro Juárez pisó por primera vez la Ciudadela hace 17 años. A poco de haber cumplido cuatro lo llevó su abuelo, Manuel Moreno. Se ubicaron en la tribuna que está sobre calle Pellegrini. Pero él sentía que algo lo atraía desde las gradas sobre calle Rondeau. Eran los sonidos, el ritmo de los instrumentos que acompañan los cantos de los hinchas “cirujas”.

Si bien las canciones y la música se esparcen por todo el estadio, nacen en la Rondeau. “Me gusta la murga, la alegría que te da. Decidí que quería tocar un instrumento; me hice de algunos amigos, y cuando fui más grande empecé a ir a donde se ubica la hinchada”, explica Claudio.

Los instrumentos de viento, en especial, ejercían sobre él un poder hipnótico. Cuando comenzaban a sonar, los contemplaba con una sonrisa. Hará cosa de cuatro o cinco meses se le presentó la oportunidad de comprar una trompeta. Y no lo dudó. Reunió hasta el último peso que tenía y la adquirió.

Aprender a tocarla fue otro desafío para Claudio. “Estoy aprendiendo sólo, a oído; veo algunas cosas por internet. Me gustaría aprender bien, porque puede ser un trabajo para mí. Me gusta la música”, explicó. Actualmente trabaja de ayudante de albañil.

Pero aunque todavía no es un profesional de ese instrumento, sí toca en una “banda”. Más precisamente, en la “Banda del Camión”, una de las facciones de la barra brava: “mis compañeros en la hinchada me enseñan mucho; y de ahí voy aprendiendo”.

Amor eterno

¿Qué es San Martín para vos?, le pregunta LG Deportiva. “Es un amor y con esto te digo todo”, responde Claudio. Y su pecho se infla de orgullo cuando muestra sus dos tatuajes que referencian al “Santo”: las siglas CASM, en el pecho, y un mapa de Tucumán, con el escudo de San Martín, en la parte trasera de su hombro derecho.

Debido a su juventud, mantiene fresco la memoria de su mayor alegría: “este último ascenso, a la B Nacional”. Y aunque admite que a veces el “Santo” lo obligó a sorber tragos amargos, inmediatamente precisa: “viví algunas tristezas, pero de esas se sale rápido, porque San Martín es una alegría constante”. Acaso la trompeta sea su manera de celebrar esa felicidad. “Yo toco en cualquier lado y siento que estoy en la cancha; y eso me da una gran alegría”, afirma.

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