Ocho desafíos para el inspector Montalbano

Serie de cuentos enlazados por un disparador común

09 Jul 2017
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REBAUTIZADO. Al nombre de Puerto Empedocle, en el sur de Italia, se le ha añadido “Vigata”, nombre con el que aparece en la ficción de Camilleri.

POLICIAL

MUERTE EN MAR ABIERTO

ANDREA CAMILLERI

(Salamandra - Barcelona) 

Algo que habla de la popularidad de Andrea Camilleri (1925) es el hecho de que a su pueblo natal, Puerto Empedocle, en el sur de la península itálica, se lo ha rebautizado, y se le ha añadido “Vigata”, nombre con el que el municipio siciliano aparece en su ficción y, seguramente, forma ya parte del imaginario de miles de lectores, que pueden paladear en su escritura la presencia del mediterráneo con sus olivares, su pesca, los sabores meridionales, la rusticidad de los personajes y el dialecto siciliano.

Allí trabaja el inspector Salvo Montalbano, rebelde e intuitivo, fumador incorregible, amante de la buena mesa y enemigo de la burocracia, lector de la obra de Pirandello y Leopardi (que lo inspira para encontrar pistas).

El nombre de “Montalbano”, a su vez, es un homenaje de Camilleri a su autor predilecto, el novelista y periodista catalán Manuel Vázquez Montalbán, cuyo personaje, el inspector Pepe Carvalho, comparte similitudes con el comisario de Vigata, como su vasta cultura y preferencias gastronómicas.

Muerte en mar abierto es, en realidad, una colección de ocho cuentos enlazados, ambientados en la década de los 80, escritos en italiano, aunque salpicado de expresiones dialectales. La edición española está traducida por Carlos Mayor. Tienen como disparador un siniestro: el incendio de un hotel, un disparo accidental, la desaparición de una mujer, el comercio de la prostitución del Este europeo.

El ingenio de Montalbano hace jugar una variable ineludible, sin cuyo beneplácito muchos de los crímenes no serían posibles: la mafia y su sombrío modus operandi, encarnada en dos familias sicilianas, los Cuffaro y los Sinagra. La narración logra atrapar al lector, con una equilibrada dosis de lógica, crudeza y empatía.

El ya anciano autor, Camilleri, se ha convertido en un ícono de los medios, no sólo por su larga y reconocida trayectoria como director teatral y guionista, sino por la parodia que de él hace el actor Fiorello, imitando su voz carrasposa, desde una nube de humo. Los relatos han dado lugar a una aclamada serie televisiva, basada en las aventuras de Salvo Montalbano.

© LA GACETA

MARÍA EUGENIA BESTANI

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