Cartas de lectores

04 Jul 2017

Necesarias y obligatorias

Hace algunos días me desayuné con un proyecto de ley para sacar la obligatoriedad de las vacunas según el calendario; dicen que de esa manera van a “ahorrar” dinero para poder destinarlo a otros temas ¿más importantes que la salud? Siento que nos estamos olvidando de la cantidad de enfermedades que desaparecieron gracias al avance de la investigación y la tecnología aplicada a la salud. ¿Por qué motivo ahora tenemos que retroceder, dejando al libre arbitrio algo tan elemental como la aplicación de las vacunas, que al no ser obligatorias, dejarán de estar disponibles para todos aquellos que necesiten tenerlas, relegando el derecho de la salud sólo para aquellos que tienen el privilegio de obtener medicina privada? Hay que plantearse si una sociedad sin salud puede crecer y desarrollarse antes de apoyar un proyecto de ley como este.

Julieta Pagani [email protected]

Biblioteca Alberdi

Días pasados en la Biblioteca Alberdi se generó un incendio de pequeñas dimensiones sofocado incluso antes de la llegada de los bomberos que sólo aportaron con un poco de agua ya que habían acudido previamente por el mismo incidente menor, dos horas antes, pero no previnieron un posible nuevo suceso. A raíz de ello se clausuró un sector de la misma adonde acuden muchos ciudadadanos a realizar diferentes actividades. La biblioteca no cuenta con apoyo de ningún organismo estatal como sí se realizaba en otros tiempos y ha cumplido 114 años aportando a la cultura teatral, musical, educativa, formativa en diferentes formas. Pero continúa con una faja de clausura en su fachada, más cercana a su futura defunción que a la continuidad del aporte a la sociedad que se merece por nuestra cultura. Desde la palabra de los funcionarios se dice que la educación y la cultura están garantizadas pero este espacio que fue cuna de grandes eventos culturales es una materia pendiente para los que nos gobiernan desde diferentes signos políticos. Ojalá la campaña electoral los acerque a la misma para comprobar de las necesidades que afronta.

Miguel Sánchez [email protected]

Valor justicia

Por distintas razones el Consejo Asesor de la Magistratura de la Nación posterga y no termina el proceso abierto contra el tristemente célebre juez Freiler. Sin perjuicio de que algunas demoras responden a cuestiones de lo procesal (acumulación de nuevas denuncias, defensa, prueba, etcétera), el tema central, respeto a los resultados y por ende a la confianza perdida del pueblo -es decir “a las cosas” o “a las efectividades conducentes”, por nombrar a Irigoyen a modo de homenaje-, se circunscribe, desgraciadamente, a una cuestión política. Se lee que el plenario del Consejo postergó, entre otras razones, porque el bloque oficialista hasta ahora no cuenta con los votos necesarios para acusar. Cualquier ciudadano se pregunta cuál es la razón de que haya representantes que se opongan al progreso de las denuncias; si es tan difícil ajustarse al valor Justicia, elemento excluyente en ese ámbito. o es tan difícil ver las existencias patentes de los desvíos de los magistrados denunciados. No, no es difícil. Lo que ocurre es que todo es político. Mal que les pese a muchos que lo niegan hipócritamente, siempre es y será política, intensamente y malsanamente político. Por las dudas, nada que ver con la Democracia, con la Representación, etcétera. Pero, a pesar de aquello en lo que hoy han convertido a la política, los hombres políticos no deben olvidar que los valores están por encima de las limitaciones temporales que les señala la mala política. Por ejemplo, obstruir el proceso contra un magistrado denunciado por fanatismo o intereses oscuros. Debieran rechazar la justificación y las órdenes de obrar sin valores, porque se cierran en que rigurosamente los valores son nada. Pero, señores políticos, los valores valen. Integran un todo concreto de conducta. El valor justicia, más que racionalmente, nos insufla y nos abarca por una intuición emocional. Los señores que forman consejos de este tipo -o jury, como el de nuestra provincia, inactivo y no nato- no sólo deben aparentar ser buenas personas. Están obligados a realizar el valor Justicia. Basta de esa política, de tráfico de influencias, de componendas, de cobardía, de sumisión, de fanatismos, de comodidad, de plata... Los hombres decentes, buenos y justos deben juzgar a los inservibles o delincuentes. Esa idea es compatible con el valor Justicia. Si no, todo es un sainete. Pago, por supuesto, por el pueblo que irónicamente mira la función desde el gallinero.

Alberto García Biagosch [email protected]

¿Cuestión personal?

El jubilado que se suicidó había concurrido a hacer un trámite de cambio de domicilio a la Anses, porque el hombre se iba a trasladar a Buenos Aires. Quería que la jubilación le fuera abonada allí. Hubo sectores que intentaron vincular su muerte con problemas ligados a la falta de cobro de la jubilación; sin embargo sus haberes duplicaban la mínima. “No pudo superar la partida de su mujer y la reciente muerte de uno de sus mejores amigos; la soledad en una persona tan longeva fue determinante”, analizó la fiscala. “Fue una cuestión personal” ¿Cuestión personal? Un jubilado es una persona que no se encuentra física o mentalmente capacitada para continuar realizando el trabajo que hasta entonces realizaba. Estuvo sometido implacablemente a la “lucha por la existencia” para él y su familia durante sus años de servicios. Nunca pudo trabajar según su capacidad, ni tampoco fue recompensado según su necesidad, con independencia del trabajo realizado. Obtuvo un salario condicionado al reparto de bienes según la cantidad y la calidad del trabajo. Ya jubilado, no pudo superar la “fase” de la existencia de su etapa anterior, sino que retrocedió. Estrés por los cambios de hábitos y por la reducción de ingresos económicos. Tristeza acompañada de apatía, asociada a la melancolía de lo que quedó atrás. Sensaciones de pérdida de valía personal y de no tener control de su propia vida ni del mundo que lo rodea. Ser jubilado es padecer una mala condición de vida y un ingreso de miseria. La jubilación mínima, que abarca por lo menos a más de la mitad, es de 6.394 pesos por mes, que cubre menos del 50% de la canasta básica de la tercera edad. A los haberes de miseria se suma el ajuste y los recortes en el PAMI. El estado burgués actual es incapaz de satisfacer las más mínimas necesidades individuales de un trabajador jubilado. Las actuales jubilaciones socializan miseria y lucha por lo necesario.

Pedro Pablo Verasaluse [email protected]

Candidaturas testimoniales

Llaman poderosamente la atención las declaraciones del señor Juan Carlos Mamaní (2/7), pues en ellas deja entrever su ignorancia y su mala intencionalidad. En referencia a la renuncia del vicegobernador Osvaldo Jaldo, el verdadero problema no es si renuncia o si solicita una licencia en su cargo. A su actual cargo lo convirtió en una candidatura testimonial. Como bien lo dice el señor Mamaní, Jaldo fue elegido por la mayoría del pueblo tucumano para que sea vicegobernador, no para que abandone su cargo por otro. Esto es el verdadero fraude, la mentira, la estafa y la desvergüenza de estos funcionarios: no honrar el cargo para el que ya fueron elegidos. ¿Cómo quiere que la gente le crea ahora que va honrar un nuevo cargo? Lo antedicho se aplica también para las legisladoras Medina y Mendoza, que al igual que el vicegobernador, no se hubieran presentado para los cargos que hoy detentan y, en esta ocasión, tener que traicionar a sus votantes. El único coherente en estas circunstancias es el señor José Cano, que así como le dieron un cargo (a dedo), en cualquier momento se lo pueden pedir o, si es su voluntad, renunciar. En buena hora el lector aludido les pide a los mencionados que no renuncien. Pero que no se presenten para otro cargo, pues flaco favor le hacen a la democracia y a su credibilidad. Con su actual actitud alguien podría creer que las dudas de las elecciones de 2015 no fueron sólo un escándalo mediático. No intente convertir a un verdadero candidato testimonial en un candidato genuino.

César Augusto Cortés [email protected]

Zaimán

Zaimán, Zaimán, Zaimán: Al principio vi el aviso y me alegré; dije “más obras para Tucumán; siempre es bueno”. Luego hice memoria (y mucha): ¿dónde es Zaimán? Recorrí la provincia de Este a Oeste, desde Las Cejas a Colalao del Valle; de Norte a Sur, desde Rumi Punco a Trancas y no recordé Zaimán. ¿Se me pasó? Eso pensé. Fueron ocho años de llevar soluciones a tucumanos, con tranquilidades a más de 20.000 familias, haciéndolas propietarias de sus tierras, y me quedé inquieto por no haber llegado a Zaimán. ¿Por qué? Y ahí busqué y me di con la realidad: Zaimán es de Misiones. ¡Qué tristeza! Semejante aviso promocionando “Urbanización en zona de Zaimán-Tucumán. 1.200 familias. Plan Belgrano”. ¿Qué puedo pensar? De todo. Sólo me llega una reflexión: muchachos, la política debe dar soluciones a la gente y eso no es hacer avisos rimbombantes, sino estar a su lado, apretar sus manos, dar un un solidario abrazo, gestionar, y por sobre todo, conocer y mejorar sus vidas. De hecho, Zaimán está lejos de Tucumán.

Gustavo Usandivaras [email protected]

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