San Javier, entre la quimera y el letargo

04 Jul 2017 Por LA GACETA

A unos pocos 25 kilómetros al oeste de San Miguel de Tucumán, la belleza paisajística, un clima agradable y la poderosa geografía serrana cobijan a la localidad de San Javier, uno de los lugares turísticos más próximos, emblemático y convocantes que tiene nuestra provincia. A ese destino marcado por la jerarquía de la naturaleza y el medio ambiente, sin embargo, no le ha correspondido un necesario progreso de su comunidad, en la construcción de una mejor infraestructura, en la proyección de una perspectiva superadora de un cuadro de situación que parece prácticamente suspendido en el tiempo.

Problemas crónicos, como la falta de agua potable en los domicilios permanentes y en las casas de alquiler y la calidad del servicio eléctrico, se suman otros como la falta de una logística comunicacional básica (faltan líneas de teléfono, hay problemas para llamar a celulares), la dificultad que muestra el servicio de transporte, que debiera estar acorde con las reales necesidades y demandas de los pobladores y turistas, una iluminación más efectiva y un mayor cuidado al pavimento de la ruta principal y de los demás caminos, señalizaciones viales más precisas, mayor vigilancia policial, una limpieza más eficaz, no cuenta con supermercado, ni con cajeros automáticos.

Una de las principales atracciones instaladas en el lugar, el Cristo Bendicente, ha sido restaurado y revalorizado, se la ha incorporado una logística más adecuada a su valor histórico y turístico, pero no termina de entenderse las razones por las que las autoridades provinciales y comunales no emprenden un proyecto de trabajo que entienda y promueva la villa como un conjunto urbanístico, patrimonial, ambiental y natural en el que viven familias y al que visitan un número de personas que cada año crece progresivamente en cantidad. LA GACETA, a través de diversos informes periodísticos, por medio de editoriales y haciéndose eco de reclamos de pobladores y visitantes ha vendido advirtiendo del descuido y de las ideas quiméricas de las que viene siendo objeto San Javier por parte de los distintos gobiernos. Por caso, en noviembre de 1995 la Legislatura se propuso impulsar un ambicioso proyecto de construir una aerosilla en la ladera del cerro que uniera la primera confitería -sigue abandonada desde hace ya largos años- y el campamento de Vialidad, en las cercanías de la hostería. En el mismo mes pero de 2006, el Ente de Turismo anunció que en 2007 se concretaría ese antiguo proyecto porque la propuesta formaba parte del programa de obras prioritarias que contaba con el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo. Se dijo en la oportunidad que la ejecución de los trabajos demandaría 24 meses.

Es una verdad de perogrullo que el turismo se desarrolla con obras de infraestructura y servicios eficientes. Mientras esto no ocurra, San Javier seguirá siendo un potencial del que las autoridades parecen no caer en cuenta. Ahora, otro informe periodístico de nuestro diario, ha hecho incapié en un virtual éxodo que se viene advirtiendo entre la población del lugar, a tal punto que el número de pobladores ha decrecido fuertemente. Son los jóvenes los que se están yendo del terruño en busca de mejores horizontes: no hay una escuela secundaria en la que puedan terminar sus estudios. Y habría que esperar que no corra la misma suerte de las entusiastas y sobrepublicitadas iniciativas anteriores la nueva propuesta presentada hace unos días por el Ente de Turismo, que propone la reformulación completa del Cristo Bendicente.

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