Bañados por el Zaimán

03 Jul 2017

En Zaimán, Misiones, la tierra colorada tiñe uno de los tantos brazos que suelta el río Paraná, casi en el límite con Paraguay y muy cerquita de la triple frontera. Allí, unas 1.200 familias seguramente estarán ansiosas por saber cómo avanzan las obras de urbanización que mejorarán su calidad de vida. Pero el Gobierno nacional, desde Capital Federal, difunde ese proyecto en Tucumán, porque no importa si ese caserío está en esta provincia: lo importante es promocionar al Plan Belgrano, que hasta dentro de pocos días conducirá el ya candidato José Cano. En la Casa Histórica, ese máximo orgullo que tenemos los tucumanos, la compañía teatral Los Intérpretes es obligada a desalojar un cuarto en el que guardaba su delicado vestuario de época. Pero el Gobierno nacional, desde Capital Federal, ve allí una relación laboral irregular y no una medida unilateral que afecta directamente a 30 familias que trabajan allí desde hace más de una década, justo antes de las vacaciones de invierno, y a los que muchas veces ellos mismos acudieron para jerarquizar eventos.

Casi en paralelo, Pablo Yedlin, secretario general de la Gobernación ya en licencia por la campaña, sugiere que la Provincia avanzó en medidas de transparencia porque modernizó el Estado y eliminó kilos de papel, en un camino sin retorno hacia la digitalización. Mientras, no dice por qué el Gobierno no sanciona una ley o adhiere a la norma nacional de acceso a la información pública, pese al compromiso público y al oscurantismo alarmante del Gobierno provincial. En el medio, Cano y Osvaldo Jaldo se tratan de mentirosos en una disputa absurda por dilucidar cuál de los dos será un postulante testimonial a diputado. Y, como si eso no bastase, el concepcionense Roberto Sánchez insiste en que no pedirá licencia a su cargo de intendente, pese a integrar la lista de Cambiemos, porque su presencia en la nómina es meramente a modo de apoyo. ¿Por qué, entonces, no dudó el viernes en fotografiarse con Cano y con el presidente Mauricio Macri, en un mitin proselitista en Olivos?

En la primera semana fuerte hacia las PASO del 13 de agosto, los políticos se empecinaron en demostrar cuán lejos están de las preocupaciones de los ciudadanos y el poco valor que tiene, para muchos de ellos, la palabra. Cambiemos es el Gobierno que aprieta un botón, da de baja a miles de pensiones a personas discapacitadas y luego pide disculpas. También el que recorta beneficios a jubilados afiliados al PAMI pero elimina las retenciones a las exportaciones mineras. El Frente Justicialista es el Gobierno que se esfuerza por esconder el destino de más de $ 600 millones de gastos legislativos que deambularon en los meses que rodearon a los comicios de 2015. El que recibió al detenido José López con abrazos y el mismo que consideró poco relevante informar a los tucumanos que había designado como asesor nada menos que al ex gobernador José Alperovich, el senador que nunca habló y tan poco votó en estos meses en el Congreso. Tan intrascendente le pareció que ese decreto permaneció oculto durante casi un año.

La dirigencia con posibilidades reales de disputar poder ha tomado la elección de este año como un mojón ineludible para su supervivencia, y arrastra a la ciudadanía en esa vorágine egoísta. Las PASO son abiertas y obligatorias. Es decir, aquel argentino que no se afilió a ningún partido porque no le interesa la política deberá ir de cualquier manera a sufragar. Lo insólito es que topará con que la mayoría de las agrupaciones acordó listas únicas para eludir las Primarias: desde Cristina Fernández de Kirchner, que impulsó el sistema electoral, al macrismo, que lo defenestra. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, cuestiona en público el rol de las PASO pero por lo bajo sonríe porque, en esta ocasión, le servirá al Gobierno para polarizar hacia octubre los comicios y capitalizar los votos dispersos de Sergio Massa y de Florencio Randazzo.

Zaimán, Concepción o San Miguel de Tucumán. Podría ser cualquier otra ciudad del país y daría lo mismo. El problema, desde luego, no son los nombres. Es mucho más profundo que eso.

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