La reparación de la fuente luminosa del parque

02 Jul 2017

Poco a poco, acaso lentamente, el parque 9 de Julio, el principal gran paseo público a cielo abierto de nuestra capital, está comenzando a recuperar el nivel, la identidad y las perspectivas con el fue diseñado y puesto en valor, y en ese camino, la habilitación de la principal fuente luminosa del espacio debería ser considerada como un hecho auspicioso. La gran fuente luminosa está ubicada a unos cuantos metros de la entrada al paseo, y va a cumplir 80 años. Fue inaugurada el 23 de diciembre de 1939 y en su momento había sido considerada como una maravilla de la ingeniería hidráulica, digna de las ciudades más adelantadas del mundo y también como la gran atracción del parque, junto al reloj de flores y la pérgola. Esa fuente fue una copia de la que adorna uno de los paseos públicos de Berlín, la capital de Alemania.

Lamentablemente, este atractivo de jerarquía estaba desactivado, fuera de servicio y prácticamente en desuso, desde hace unos diez años. Habría que recordar que en los últimos años las fuentes del parque 9 de Julio cayeron en el descuido por parte de las administraciones municipales, a tal punto que casi todas estaban lamentablemente sin agua, sufriendo un progresivo deterioro, y claro, también el incomprensible y dañino vandalismo.

La municipalidad de San Miguel de Tucumán ha informado que estos trabajos de reparación -incluyen a las otras fuentes instaladas en el gran paseo, mejora en la caminería interna, repavimentación de calles, reemplazos de luminarias y reconstrucción de baños públicos- integran un proyecto de mejora integral del parque, diseñado por el gran paisajista Carlos Thays y que fue inaugurado hace ya 101 años.

Sin embargo, la gran fuente ya reparada presenta un cambio evidente en su arquitectura y perfil: será resguardada por una amplia reja de protección, construida con la intención de ponerla a salvaguarda de las prácticas desleales y malintencionada de quienes generan actos vandálicos.

Uno de los funcionarios responsables del proyecto ha advertido que “los actos vandálicos son constantes contra el patrimonio; roban los picos de bronce y hasta los motores, que están bajo tierra, a dos metros de profundidad”. Y explicó que para poner en funcionamiento las fuentes la municipalidad debió realizar una inversión importante en la reparación de las bombas y motores, la compra de equipos nuevos y el reemplazo de los sistemas eléctricos; además de trabajos para desagotar la superficie donde están instaladas, limpiar y pintar las estructuras. Expertos han revelado también que equipamientos como este no son considerados solamente adornos en los parques, sino que cumplen con la importante función de mitigar las altas temperaturas, un trance climático con el que los tucumanos convivimos buena parte del año.

Así, esta iniciativa municipal viene a revalorizar un espacio público central en el desarrollo de la vida social de la ciudad. Pero también parece oportuno agregar que debería implementarse un programa de cuidado, vigilancia y limpieza del parque 9 de Julio superador al existente -no viene logrando su principal cometido- con la intención de promover el respeto al patrimonio y a las buenas prácticas de integración comunitaria. Ese sería el nuevo desafío: lograr una mayor efectividad en los controles y en la atención de los bienes públicos, lanzar una campaña de educación, mejorar la coordinación con las fuerzas de seguridad, utilizar la innovación en el cuidado -por caso, drones de vigilancia-, contar acaso con un grupo de trabajo específico que tenga la misión de advertir, persuadir y proteger.

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