Maravillas inventariadas en una antología

A 24 años del VII Congreso Nacional de Literatura Argentina en Tucumán

02 Jul 2017

Por Hernán Carbonel

PARA LA GACETA - TUCUMÁN 

“El azar hace muy bien las cosas” supo decir Julio Cortázar alguna vez, en una entrevista en blanco y negro.

Lo hace, sin dudas. Es eso, o creer que, como sujetos, podemos modificar el mundo según nuestras pretensiones. En eso también supo creer Cortázar, pero esa es otra historia.

A fines de 2015, mes y pico después de la muerte de Antonio, Margarita Dal Masetto me invitó a pasar por el garaje de su casa. En una serie de cajas se apiñaba buena parte de la que había sido la biblioteca de su hermano.

No hay nada peor que la abundancia: obnubila la capacidad de selección, enceguece, disgrega. Terminé optando, de rodillas -qué mejor postura-, entre páginas ajenas y cartones descuartizados, por un par de biografías (Borges, Salinger), cuentos de Bret Harte (prologados por, otra vez, Borges), Vicente Batistta, Dylan Thomas, Isidoro Blaisten, Damon Runyon; crónicas de Terry Southern, algo de teoría del cuento y mucho de Mario Levrero -ya sé, perdón, me lo debo.

En medio de todo eso, un mamotreto de tapa blanca, 730 páginas, tipografía de interior 9 (con suerte para los partidarios de la presbicia).

Editado por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán, el voluminoso volumen (SIC) contiene las Actas del VII Congreso Nacional de Literatura Argentina, llevado a cabo en esta provincia entre el 18 y el 20 de agosto de 1993 (el Tano ganaría el Premio Planeta un año después con La tierra incomparable), una serie de ensayos breves sobre la obra de Cortázar, Neruda, Verbitsky, Denevi, Fresán, Tizón, Marechal, Pizarnik, Soriano, Saccomanno, Walsh, Piglia -otra vez, siempre Piglia-, Juan José Hernández, Andrés Rivera, Daniel Moyano, Martínez Estrada, tantísimos otros.

Cito al pasar: “en eso reside en realidad el triunfo de la escritura sobre el tiempo: no en la permanencia idéntica, sino en el cruce y en la multiplicación” (Silvia Barei). Otro: “el relato opera como una contradicción de la realidad; no hay realidad exterior posible al sujeto; es ese sujeto quien crea verbalmente la realidad” (Marta Cisneros).

Con marcas hechas -en lápiz- por el propio Dal Masetto, en la página 207 se lee: “tendremos en cuenta los silencios que articulan la verdadera identidad de la narración; de tal suerte que el no decir se transforma en un decir real” (Adriana Corda).

Los brazos pagan por la incomodidad de sostener este tipo de cuerpos pesados. Porque la literatura también desafía lo físico.

© LA GACETA

Hernán Carbonel - Periodista,

Escritor, bibliotecario.

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