Marília Correia lleva varios días esperando al Papa. “Hemos venido antes para evitar el caos”, cuenta la portuguesa de 76 años. Ella y su marido recorrieron con su motorhome los casi 200 kilómetros que hay desde Vila Nova de Gaia, en el norte de su país, y el epicentro de la peregrinación en Fátima. Pero no hay tranquilidad que valga: la asociación de empresarios de la región Curém-Fátima (ACISO) calcula que ocho millones de personas visitarán la zona entre hoy y mañana.
Se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen en Fátima y Francisco llegará al santuario para canonizar a los pastores que se encontraron con Ella. Es un fin de semana histórico.

Una visita del Papa atrae siempre multitudes, pero en Portugal, un país profundamente católico, la cita es aún más importante, porque la Iglesia sigue teniendo una gran influencia en muchos ámbitos de la vida nacional.
El problema es que Fátima, un pueblo de 11.500 habitantes, sólo tiene 7.500 camas de hotel. Y la capacidad de estacionamiento y de parcelas en el camping es también reducida.

Unos cuantos han decidido aprovecharse de esa demanda. El periódico “Jornal de Noticias” reveló que una pensión pide 992 euros por una noche en una bolsa de dormir. En la pensión Rosa Mística se puede reservar una habitación doble, pero por 1.650 euros y sin desayuno. Mientras que en el hotel Lux Fátima Park, donde normalmente una habitación cuesta entre 50 y 60 euros por noche, ahora hay que pagar 2.500.
El obispo de Leiria-Fátima, Dom António Marto, había exigido en febrero “precios decentes”, pero no ha servido de nada. Las tarifas por noche se han disparado también en las localidades vecinas e incluso en la capital, Lisboa, que se encuentra a 130 kilómetros de distancia. En el portal Airbnb, por ejemplo, se ofrece una habitación doble “cerca de Fátima” (en realidad está a 30 kilómetros) por 755 euros.
Muchos portugueses están indignados y en los medios también se está produciendo una ola de protestas. Los periódicos hablan de “usureros” y de “estafa”, de “precios escandalosos” y de una “explotación diabólica” de los creyentes.
Todo esto en un país que soporta una grave crisis a sus espaldas, con recortes sociales y medidas de austeridad, y con el 20% de los trabajadores recibiendo el salario mínimo de 557 euros. El portal NiT citaba a la Biblia: “Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero”.
Maria Tereza Lameiras, que ha peregrinado estos días a Fátima con un grupo de su gimnasio, trata de hacer que los demás comprendan la situación. Se trata de “la ley de la oferta y la demanda”, dice la experta en marketing que vive en Lisboa. Sin embargo, en la religión debe prevalecer la solidaridad, añade: “¿por qué sólo pueden ver al papa los adinerados? La fe es de todos”.
Los precios de los hoteles no son los únicos que han subido como la espuma. Es también el caso de los autobuses de alquiler. La mayoría de los 3.000 vehículos de este tipo que hay en Portugal llevan meses reservados para este fin de semana.
Fátima pretende aprovechar la oportunidad para crecer y para ampliar el impulso del turismo religioso. “La visita del Papa no es el final, sino el principio de un nuevo capítulo para el fomento del turismo en la región”, opinó el alcalde de la ciudad de Ourém, Paulo Fonseca.
En el santuario se celebrará una “nochevieja religiosa”, sobre todo con gente joven. El lugar en el que se apareció por primera vez la Virgen el 13 de mayo de 1917 a los niños pastores Francisco y Jacinta Marto y a su prima, Lucia dos Santos, está sufriendo un rápido cambio desde hace poco. El año pasado se abrieron varios bares y restaurantes modernos cerca del santuario, junto a la capilla, y dentro de poco abrirá también un McDonald’s.
Francisco será el cuarto pontífice que visitará Fátima: Pablo VI fue el primero, en 1967; Juan Pablo II lo hizo en 1982, 1991 y 2000; y Benedicto XVI en 2010. Sin embargo, ningún Papa ha atraído a tantos fieles como Jorge Bergoglio. Serán dos días intensos. (DPA)







