
RICARDO SOBRAL
DOCENTE DE LAS CARRERAS DE DANZA CONTEMPORÁNEA Y DE TEATRO DE LA UNT.
En los últimos tiempos el arte permaneció en un lugar periférico en las instituciones educativas o como subsidiario para el aprendizaje de otros saberes, considerados centrales para la formación del alumno. Los nuevos documentos del Consejo Federal de Educación promovieron una redefinición del lugar de la educación artística en la escuela y ampliaron sus alcances. Por esta razón hoy el arte se ha jerarquizado y ocupa un espacio de mayor relevancia, ya que despliega un conocimiento que promueve capacidades referidas a la práctica artística específica y una reflexión crítica y sensible de los niños y jóvenes sobre diferentes aspectos de sus entornos sociales, culturales y estéticos.
La danza se expresa desde una diversidad de géneros, estilos y formatos, como el ballet clásico, las danzas folklóricas y contemporáneas, los bailes populares, urbanos y otras experiencias relacionadas con la expresión corporal y el movimiento. Muchas se enseñan en instituciones públicas y privadas. También desde los medios televisivos se fomenta ese lenguaje, con el riesgo de proponer formatos que la descargan de su potencial estético y la impregnan de cierta frivolidad.
En Tucumán la comunidad de la danza se proyecta por diferentes circuitos y espacios. Son numerosos los estudios, academias e institutos que presentan producciones, y organismos oficiales, como el Ente de Cultura, que promueven actividades relacionadas con este lenguaje en plazas y espacios públicos, dando la oportunidad a los ciudadanos de experimentar y disfrutar el baile colectivamente, donde priman la comunicación y la posibilidad de compartir en grupo con placer y alegría.
La potencia de estos acontecimientos aún no es suficiente para que se reconozca en su real dimensión el valor de la danza para el desarrollo de conocimiento y construcción de identidad. Un reducido grupo de escuelas la incorpora en su oferta curricular, por la escasa difusión y la falta de políticas específicas. Es una asignatura pendiente a más de 10 años de vigencia de la Ley Nacional de Educación, que obliga la enseñanza de por lo menos dos lenguajes artísticos en los distintos niveles de la Educación Obligatoria, sobre todo si la comparamos con otras disciplinas artísticas.
Para materializar esta oferta contamos con una abundante cantidad de recursos humanos especializados y capacitados para estar a cargo de los espacios de enseñanza, que alentaría un futuro bastante promisorio para que la danza se pueda consolidar como una asignatura. Sería importante que las autoridades que tienen responsabilidades en la política educativa atiendan este panorama y que desde las áreas específicas se construyan estrategias de difusión que tiendan a incrementar la creación de espacios institucionales para la enseñanza de la danza, teniendo en cuenta la pluralidad de concepciones y estilos, haciendo hincapié en experiencias genuinas que involucren tradición e innovación.
Un estudioso de la danza, Rudolf Laban, expresó: “en las escuelas donde se fomenta la educación artística lo que se procura no es la perfección o la creación y ejecución de danzas sensacionales, sino el efecto benéfico que la actividad creativa del baile tiene sobre el alumno”. Posibilitaría que los alumnos encuentren en el baile una práctica liberadora, gratificante y espontánea, con sus cuerpos en movimiento, como una posibilidad de materializar desde la danza el despliegue de su sensibilidad y de la inagotable capacidad de crear.








