Apesadumbrados, los sojeros veían los resultados de las últimas lluvias en sus campos. Torrentes de agua recorrieron muchos lotes con soja, en plena cosecha, dañando las plantas que habían logrado sobrevivir a la devastadora sequía de este año.
Las precipitaciones intensas no podían llegar en peor momento y en peor forma para la soja. Que caigan 100 milímetros de agua de un tirón, en pocas horas, no sólo no beneficia a los cultivos sino que en diversos casos provoca daños irreparables. De este modo, se profundizan las pérdidas que ya vienen sufriendo los agricultores de Tucumán.
Durante meses los productores de soja se levantaron todos los días mirando al cielo y clamando por el líquido que da la vida, sin suerte la mayoría de las veces. Así, el sector se resignó a perder la mitad de las 600.000 toneladas de la oleaginosa que pretendían cosechar. Y, para colmo de males, las últimas lluvias sólo llegaron para traer más complicaciones porque, además del perjuicio que el exceso de agua provoca en las plantas a punto de ser cosechadas, también obliga a parar la trilla.
Lo positivo de las lluvias en el sector granario tucumano es que los suelos recibieron un importante aporte de humedad. Se cargaron los perfiles y se acrecientan las posibilidades de que se desarrolle la campaña de trigo, algo impensable con las anteriores condiciones de los campos. Sin embargo, el déficit hídrico en los campos con soja -donde en invierno se siembra el trigo- era muy marcado, y aún se debe evaluar con certeza hasta qué punto las lluvias recientes permitieron que se recupere el nivel de humedad de estos suelos.
En la caña la situación es distinta. El elevado milimetraje registrado en la madrugada del Viernes Santo fue beneficioso para el sediento cultivo, que también ardió ante los embates de la seca. Los perfiles se cargaron bastante y se reactivó la esperanza de que, en lo que resta de este mes, la humedad y el calor den un mayor impulso a las cañas. Sin embargo, la bendición del cielo llegó tarde para más de un 30% de la producción, que sucumbió a los efectos de la sequía estivo-otoñal. Pero no todo es favorable con las lluvias en el sector cañero. En los últimos días, grandes caudales de agua arrasaron gran parte de las mejores cañas que quedaban en pie en el sur tucumano, una de las zonas más perjudicadas por la sequía. Ante tantos factores adversos, es una verdadera incógnita la disponibilidad de materia prima que habrá para moler durante la zafra.
En sector citrícola también hay expectativas por la posibilidad de que mejoren los calibres de los limones tras el aporte de agua de estos últimos días. Es cierto que ya hay daño en la producción por la seca, pero, al igual que en la caña, existe la chance de que mejoren los volúmenes productivos en el sector si el clima acompaña durante este mes.
El lado positivo
Más allá de los daños ocasionales en los cultivos que pudieran haber provocado las generosas precipitaciones que se acaban de producir, lo cierto es que Tucumán estaba necesitando que se normalice el aporte de agua de lluvia, no sólo para el campo, sino para todos los usos, principalmente el consumo humano. El nivel de agua en los diques y en los ríos de la provincia creció en forma considerable, lo cual es un escollo menos para la etapa productiva que está a punto de comenzar en la provincia, cuando los ingenios y las citrícolas trabajen en plenitud, a partir de mayo. De esta forma, mientras se sigue tratando de resolver la crisis que se podría producir por la falta de gas en las fábricas tucumanas, al menos la emergencia hídrica que había en Tucumán podría estar resolviéndose.







