D espués de Pascuas, el año político provincial tomará otra temperatura. El panorama se dibujará con algunos datos nuevos, que se hallaban fuera de las previsiones ordinarias de los actores políticos. El destape de la corrupción en el reparto de los planes sociales no dejó títere con cabeza.La salud del Presidente se resintió en forma sorpresiva en Semana Santa. Néstor Kirchner se recluyó en Santa Cruz para reponerse de su traspié físico, mientras procesa los cambios que se generaron en los últimos días.
De hecho, el jefe de Estado se abstuvo de opinar después del 2 de abril, día en que Juan Carlos Blumberg desacomodó el discurso oficial con una impresionante movilización cívica en Buenos Aires, que reclamó castigo para los responsables del crimen de Axel Blumberg. El Gobierno federal perdió la iniciativa por primera vez desde que sucedió a Eduardo Duhalde, en mayo pasado.
La política de seguridad de la administración kirchnerista quedó bajo el fuego cruzado de los partidarios de la mano dura. El Congreso se contagió de la nueva onda, en forma automática, olvidando convicciones y reservas. Así se exhumaron velozmente proyectos que dormían en las comisiones legislativas y se produjeron coincidencias impensadas.
En el Senado, Cristina Fernández de Kirchner -una ferviente antibussista- votó por un proyecto de ley de Ricardo Bussi y Delia Pinchetti de Sierra Morales (FR), que limita la libertad condicional de los autores de delitos aberrantes. Los hechos forzaron esa convergencia de voluntades, que no va más allá del terreno parlamentario.
En los ámbitos de la centroderecha política dan por descontado que el endurecimiento de la legislación penal chocará con las convicciones opuestas de Raúl Zaffaroni -el juez designado por Kirchner en la Corte Suprema de Justicia de la Nación-.
El ajedrez se complica, además, por el descontento que crece en el peronismo ortodoxo ante las políticas kirchneristas. En el Senado eso amplifica el campo de maniobra de los partidos refractarios a la Casa Rosada, como el bussismo.
Sin receta
José Alperovich aún no halló la receta para imponer el debate por la reforma constitucional en la comunidad. No obstante, después de Pascua, la Casa de Gobierno retomará la ofensiva. Edmundo Jiménez -ministro de Gobierno- teje acuerdos con el mundo gremial, mientras diseña una agenda de diálogo con las organizaciones partidarias.
"Se han serenado las relaciones con la Corte", admiten en el Gobierno. La contracara de esa tranquilidad es el congelamiento de la desestabilización de los jueces. La ley que promueve la reforma total de la Constitución de 1990 -con la caída de los jueces- fue aprobada en un clima de sospecha durante la administración mirandista.
El vicegobernador Fernando Juri y Jiménez transmitirán a los jueces supremos el acuerdo de los dos poderes -Legislatura y Ejecutivo- en torno del cambio de la ley mirandista. Sólo así se dará mayor certeza a lo que hoy es una promesa unilateral.
Una elección de convencionales constituyentes celebrada en 2004 consolidaría al Gobierno. El alperovichismo cree que pasará con éxito esa prueba. Incluso, calcula que los costos de la campaña electoral estarán lejos del alcance de la oposición, lo que enfriará más de un proyecto disidente con el oficialismo.
Con todo, la Casa de Gobierno no desechó pactar puntos básicos de un desguace parcial de la Carta Magna con otras vertientes del universo político. Se admite en el oficialismo que una de las divergencias a superar es la del momento en que regirá la reelección del gobernador, legisladores, intendentes, concejales y comisionados comunales.
Una de las posiciones postula que se habilite ese mecanismo en forma inmediata, mientras la otra aboga para que rija después de 2007. Alperovich quiere la primera salida porque ciertamente no reformará la Ley Magna para que se beneficien otros. Su meta es competir en 2007, con 51 años de edad, y no en 2011.
Un ejército de intendentes ya juró lealtad reformista en el Salón Blanco tirando por la borda rótulos partidarios y otros pruritos. La apertura de unidades básicas y la acción de los comisionados comunales contribuyen al armado de la maquinaria alperovichista.
El bussismo se propone enfrentar al Gobierno con una oferta de listas abiertas a extrapartidarios. Ricardo Bussi contradice toda intentona de sustituir la Carta Magna, porque está convencido de que el gasto político puede reducirse mediante un conjunto de leyes que podría sancionarse ahora.
El resto del mapa opositor aún está disperso. Recrear propondrá modificaciones a algunas cláusulas de la Constitución del 90 -la que implanta la Ley de Lemas, por ejemplo-. Pero también cree que la elección de convencionales constituyentes debería citarse para 2005, en forma simultánea con la de diputados nacionales.
La Biblia y el calefón
El escándalo de los planes sociales reveló que la corrupción no es patrimonio exclusivo de un partido en especial. La práctica del poder borró las diferencias que se predicaba que había entre peronistas y dirigentes de Fuerza Republicana.
En una época de aguda crisis económica, el uso discrecional del plan Jefas y Jefes de Hogar Desocupados por los funcionarios del esquema bipartidista dominante en Tucumán se erigió en una poderosa herramienta político-electoral. A eso se adicionó el sistema de lemas, que multiplicó las listas y las necesidades de reclutamiento de votantes cautivos de los planes sociales.
En ese clima de perversión se desarrolló una forma de hacer política, que abarcó el tramo final de la década del 90. La devaluación duhaldista de 2002 agravó la dependencia de la ayuda social y los cuadros partidarios aprovecharon ese contexto para cimentar sus proyectos.
El PJ hizo punta en la explotación de la operatoria y sacó mayores réditos por su hegemonía en el poder. Lo que ocurrió en Concepción con los concejales Ibarra y Esterman,ha reflejado que Fuerza Republicana tampoco escapó de esa tendencia.
El desprestigio de las instituciones es el producto de los manejos arbitrarios de los recursos políticos, que en esencia pertenecen a la comunidad. Atribuir a una reforma constitucional el efecto mágico de la transformación de las conductas políticas es una ilusión vacía de contenido. Se mezcla la Biblia con el calefón.
La depuración de los vicios y de los procederes reñidos con la ley y con la ética pública se resuelven de otra manera. La reforma de la Carta Magna nacional en el 94 no eliminó la corrupción.







