BUENOS AIRES.- Eduardo Duhalde eligió París; Néstor Kirchner su provincia y Roberto Lavagna la paz de Cariló. Los tres hombres con mayor poder de la Argentina trasladaron hacia esos lugares alejados de la Capital Federal el eje de las decisiones y bajaron línea desde la distancia: Duhalde, como el gran decisor; Kirchner, en trance de recuperarse, no sólo en cuestiones de salud, sino en materia de protagonismo y Lavagna, como el técnico que -mérito de su cintura política- siempre trata de anticiparse a la jugada. Tras el cimbronazo que representó la reaparición de la gente en la calle, asustada por la falta de seguridad, y la preocupación que genera la crisis energética; el aumento de algunos precios y la sensación de cierto desmadre político, cada uno por su lado y a su manera, intentó retomar la iniciativa.
Lamentablemente, en el caso del Presidente, el panorama se oscureció hacia el fin de semana debido a la dolencia gástrica que lo mantiene internado en el sur.
Una semana difícil
El episodio médico, que el saber popular emparenta con la "mala sangre", no debería extrañar, ya que Kirchner pasó -casi paralizado- la semana más difícil desde que llegó a la Casa Rosada. Su protagonismo recién revivió cuando los diarios del miércoles revelaron que León Arslanián buscó su bendición para aceptar el cargo de ministro de Seguridad bonaerense. El Presidente también retomó la batuta en temas económicos, con una charla de más de tres horas con el ministro Lavagna, que se dejó trascender en la Casa Rosada para marcar territorio. Pese a que allí se habló de la estrategia para la renegociación de la deuda, del uso de los excedentes del superávit fiscal primario, del precio del dólar y de los problemas energéticos, el tema central del encuentro fue cómo estimular las inversiones.
Una vez más Lavagna, quien ya no dice más que con el aumento de consumo alcanzará para mantener la recuperación, insistió en empujar incentivos fiscales para aquellos que inviertan en bienes de capital o en obras de infraestructura, quienes podrán obtener el reintegro del IVA o utilizar el crédito fiscal para abonar otros impuestos. Así lo ratificó el sábado ante un grupo de periodistas, a quienes hizo llevar al bosque de Cariló y frente a quienes relativizó diferencias con otros miembros del Gobierno.
Algunas divergencias
Ante al Presidente y, en sordina, el ministro de Economía se había preocupado en resaltar algunas divergencias no menores que lo separan de Julio de Vido y de Alfonso de Prat-Gay. Con el primero, las facturas corren por el desmanejo que hizo el titular de Planificación Federal de la crisis energética, más allá de la cuestión tarifaria sobre la cual ya Lavagna fijó posición, que desembocó en el temor de la población por los cortes, en un incidente diplomático con Chile y hasta en la posibilidad del desplazamiento del secretario de Energía, Daniel Cameron.
En este tema, la semana anterior se firmó con los petroleros el convenio previsto en los decretos de febrero para recomponer el precio del gas en boca de pozo. Pese a que sólo trascendió que el primer salto será de 40% en mayo -aunque una audiencia pública no resolutiva deberá confirmarlo- y que se escondieron prolijamente los pasos posteriores, DyN pudo establecer que habrá reajustes de 18 % acumulativos promedio en octubre, abril y julio venideros. El valor pasará así, en casi un año, de U$S 0,45 el millón de BTU a algo más de U$S 1 por la misma unidad de medida, un precio similar al que tenía antes de la pesificación y del congelamiento tarifario.
Los desacoples con el BCRA, y con su presidente, llegaron de la mano de la baja del dólar a valores consentidos por la autoridad monetaria, pese a que aún tiene cierto poder de fuego para emitir pesos y detener la oleada de ventas que llega por liquidación de granos. Para mostrar la divergencia, Lavagna, a través del Tesoro, compró dólares durante la semana. "La palabra debe ser sustentabilidad y no aceptabilidad", suele decir el ministro, y por eso prefiere mejorar los ingresos fiscales que se obtienen por retenciones con un dólar más alto, que otorgar concesiones para impulsar la aceptación de la oferta argentina por parte de los acreedores, quienes, a su vez, lo prefieren bajo para que con el superávit (que a hoy proyectado da 4,3% del PBI para el año) se puedan comprar más dólares para pagar la deuda.
El tema del sobrante no es menor, porque Lavagna ya observa que todos se están tirando de cabeza para apropiarse de una parte. De allí que se apresuró a efectuar los anuncios que, en forma neta, reducen el superávit en $ 1.000 millones.
El titular del Palacio de Hacienda también mostró cierto resquemor con Felipe Solá, ya que el gobernador bonaerense no quiso firmar el anteproyecto de Coparticipación, de donde podría haber obtenido -según el ministro- los $ 800 millones que pidió para seguridad.
El gobernador, como otros mandatarios provinciales, desconfían de un Fondo Especial que tendrá el proyecto porque será manejado por el Gobierno y no quieren quedar prisioneros de la discrecionalidad de la Nación.
Aprisionado
Solá quedó aprisionado en la provincia de Buenos Aires entre Néstor Kirchner y el poder de Eduardo Duhalde, a quien los intendentes del conurbano dicen ahora no entender demasiado, desde que el ex presidente bendijo a León Arslanián, otrora declarado enemigo de los jefes comunales.
Igualmente, el plan del nuevo ministro deberá ser compatibilizado con el que a tambor batiente elabora Gustavo Béliz y que se anunciará en la semana que comienza.
Precisamente, Duhalde instó a Kirchner y a Solá a trabajar en conjunto y a limar asperezas por la cuestión del dinero, en su papel de amigable componedor. Se puso por encima de ambos, en un papel que nadie le niega pero que a no todos gusta. (DyN)







