10 Abril 2004 Seguir en 
La lluvia de ayer deparó, como es habitual, situaciones de anegamiento en numerosos puntos de nuestra ciudad. Buena parte de dicho cuadro tiene como causa conocida el estado de taponamiento de las bocatormentas, que son receptáculo de cuanto residuo cae a la calle. Ello hace que no puedan cumplir la función de drenar las aguas pluviales, con lo cual la mayoría de las calles se convierten en lagos hasta que la precipitación cesa.
En múltiples oportunidades, tanto en este comentario como en las cartas de lectores se ha señalado la necesidad de efectuar periódicamente la limpieza de esas tomas de agua. Es lamentable que no se lo entienda así, y que los imbornales de nuestra ciudad resulten prácticamente inútiles en lo atinente a la función que están destinados a cumplir.
Nos parece que debe sacudirse la inercia existente en ese sentido. Inercia tanto más inexplicable cuando se considera que el anegamiento constituye algo común en esta capital, aun durante las lluvias de poca intensidad. Las bocatormentas deben ser limpiadas y mantenidas en las condiciones que corresponden.
En múltiples oportunidades, tanto en este comentario como en las cartas de lectores se ha señalado la necesidad de efectuar periódicamente la limpieza de esas tomas de agua. Es lamentable que no se lo entienda así, y que los imbornales de nuestra ciudad resulten prácticamente inútiles en lo atinente a la función que están destinados a cumplir.
Nos parece que debe sacudirse la inercia existente en ese sentido. Inercia tanto más inexplicable cuando se considera que el anegamiento constituye algo común en esta capital, aun durante las lluvias de poca intensidad. Las bocatormentas deben ser limpiadas y mantenidas en las condiciones que corresponden.







