La cultura se vive más en forma individual. No obstante mantiene, simultáneamente, su lado social. “Los jóvenes ven Netflix y al mismo tiempo están en whatsapp y en Facebook chateando y comentando series”, explica a LA GACETA el sociólogo Luis Alberto Quevedo, autor del libro “La cultura argentina hoy”.
Otra cuestión que caracteriza a la sociedad actual, según el experto, es el consumo superpuesto o combinado de productos culturales.
“Si la gente hoy prefiere quedarse en su casa en lugar de salir a vivir la cultura tiene varios motivos: primero, la industria cultural tiene una enorme oferta que te lleva a no moverte del hogar. Por otro lado, la gente siente que esto es más seguro y más económico. Son factores que pesan en la decisión de las personas”, analiza.
Respecto al bajo porcentaje de personas que asisten al teatro, a una biblioteca o a un espectáculo de ballet, Quevedo cree que la cifra no es menor si uno tiene en cuenta la oferta de estas actividades. “Hay muchas ciudades que ni siquiera tienen un teatro”, realza.
Cambios
¿Nota un cambio cultural en los últimos años?, le preguntamos. “La novedad es la desaparición del objeto cultural y todo lo que eso implicaba: la actividad social. Uno iba al videoclub, por ejemplo, y hablaba con el señor que atendía, le recomendaba películas y se iba con un casette a la casa. Lo mismo con las bibliotecas. Hoy, con Netflix o Spotify -por nombrar algunos- renunciamos a la posesión del objeto”, señala Quevedo.
“Es lo que llamo la desmaterialización de los objetos culturales. Al mismo tiempo crecen los recorridos virtuales de museos y, con ello, la renuncia a la experiencia estética de estar enfrentado a la obra de arte”, añade.
El sociólogo se anima a hacer algunas predicciones: “creo que se va a complejizar la situación. La capacidad de pluriatención del público determinará que haya más mezclas de ofertas culturales. A la vez, las tecnologías seguirán potenciando la interactividad, la creatividad de las personas. Creo que la parodia y el humor son grandes géneros de esta época. La gente se está animando a producir cultura y no sólo consumirla. No falta mucho para que todos seamos productores. No hay que despreciar la cantidad de cosas que hoy generan los jóvenes: música, videos, textos, fotos, entre otras cosas”.
Otra cuestión que caracteriza a la sociedad actual, según el experto, es el consumo superpuesto o combinado de productos culturales.
“Si la gente hoy prefiere quedarse en su casa en lugar de salir a vivir la cultura tiene varios motivos: primero, la industria cultural tiene una enorme oferta que te lleva a no moverte del hogar. Por otro lado, la gente siente que esto es más seguro y más económico. Son factores que pesan en la decisión de las personas”, analiza.
Respecto al bajo porcentaje de personas que asisten al teatro, a una biblioteca o a un espectáculo de ballet, Quevedo cree que la cifra no es menor si uno tiene en cuenta la oferta de estas actividades. “Hay muchas ciudades que ni siquiera tienen un teatro”, realza.
Cambios
¿Nota un cambio cultural en los últimos años?, le preguntamos. “La novedad es la desaparición del objeto cultural y todo lo que eso implicaba: la actividad social. Uno iba al videoclub, por ejemplo, y hablaba con el señor que atendía, le recomendaba películas y se iba con un casette a la casa. Lo mismo con las bibliotecas. Hoy, con Netflix o Spotify -por nombrar algunos- renunciamos a la posesión del objeto”, señala Quevedo.
“Es lo que llamo la desmaterialización de los objetos culturales. Al mismo tiempo crecen los recorridos virtuales de museos y, con ello, la renuncia a la experiencia estética de estar enfrentado a la obra de arte”, añade.
El sociólogo se anima a hacer algunas predicciones: “creo que se va a complejizar la situación. La capacidad de pluriatención del público determinará que haya más mezclas de ofertas culturales. A la vez, las tecnologías seguirán potenciando la interactividad, la creatividad de las personas. Creo que la parodia y el humor son grandes géneros de esta época. La gente se está animando a producir cultura y no sólo consumirla. No falta mucho para que todos seamos productores. No hay que despreciar la cantidad de cosas que hoy generan los jóvenes: música, videos, textos, fotos, entre otras cosas”.







