La peor tentación del hombre moderno

Por Redacción LA GACETA 05 Marzo 2017

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

La tentación ha cambiado en la conciencia del hombre porque ella supone la conciencia sobre el bien moral que se pierde y mal moral que se realiza; ambas realidades también reflejan la conciencia ultima sobre Dios, ya que si Dios no existe, si Él no está presente en mi horizonte de vida, si para mi no hay eternidad final, ya nada tiene sentido de moralidad mas allá de las razones humanas de buena convivencia y justicia. Se ha perdido el sentido del pecado porque se ha perdido el sentido de Dios, por lo tanto también el sentido de la dignidad del mismo hombre

Cristo fue tentado en el desierto. Este lugar muestra cómo todo hombre prueba alguna vez la aridez y monotonía del desierto; en su hogar, cuyas tareas pueden cansarle; en el trabajo que puede aburrirle... La vida misma, que es un regalo y una tarea ilusionante, puede antojársele insípida. Y lo mismo ocurre con la vida cristiana. Es, en alguna medida, la noche oscura de los santos.

La libertad libérrima es la gran tentación de querer hacer en la vida lo que uno quiere y como quiere. La posmodernidad nos ha traído la confirmación de un hombre prometéico con afán de considerarse único dios de sí mismo, porque antes ha «arrebatado» el poder a Dios. Pero la tentación es tan vieja como el hombre mismo. Y el fracaso del hombre será creerse medida de todas las cosas.

Esta llamada cuaresmal a la conversión comporta un continuo y paciente trabajo sobre sí mismo, trabajo que llega al conocimiento de los motivos escondidos y de los resortes ocultos del amor propio, de la sensualidad, del egoísmo. Tentaciones tendremos siempre pero Dios da la fuerza para no perderse ni desalentarse; hemos de buscar en Dios esta fuerza y Él nunca nos defraudará.

Podemos hacer frente a la tentación porque “fiel es Dios que no permitirá que seáis tentados más allá de vuestras fuerzas” (1 Cor 10,12), y “donde el diablo asedia, allí está presente Cristo” (S. Ambrosio, Sermo 20). Podemos, como Jesús, responder en esas horas de especial acoso, que no sólo de pan se vive y que hay que adorar a Dios y sólo a Él servirle.

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