Juan Emilio Palacios y su esposa, Adriana Silvia Rossetto, son médicos misioneros. Viven en Luena, Angola, desde hace 13 años, pero dejaron Tucumán ya hace 24. Palacios cuenta que Internet le permite estar al tanto de lo que ocurre en nuestro país, y gracias a la web, vía correo electrónico, compartió su historia con LA GACETA.
- ¿Cómo marcha tu misión allí?
- Gracias a Dios estamos bien de salud y desarrollando diferentes actividades. En estos meses el tiempo es muy lluvioso, así que aumentan las consultas por paludismo, enfermedades respiratorias y diarreicas. La situación económica de este país no es buena y esto repercute en la salud de la gente, en especial, en la de los niños. En muchas familias el dinero no alcanza para comprar medicinas. Tenemos mucho trabajo y nos sentimos felices, a pesar de lo poco que podemos hacer ante una necesidad que nos supera.
- ¿Por qué decidiste quedarte en África?
- Desde niño fui instruido en el conocimiento de Dios, a través de la Biblia, y llegó un momento, al inicio de mi juventud, que hice un compromiso con Dios: usar mi profesión para servir al prójimo. Había recibido mucho amor de mi familia y de mis amigos, y sentía el deber de compartirlo. Decidí estudiar Medicina y en la universidad conocí a Adriana, quien compartía sueños muy similares. Durante nuestra formación y durante los primeros años de ejercicio de la profesión ayudamos en diferentes proyectos en el interior de Tucumán y en los Valles Calchaquíes, en comunidades necesitadas. Nuestro corazón fue amando cada vez más lo que hacíamos y pensábamos en África. Dios nos dio la oportunidad de trabajar en diferentes países como voluntarios: Guinea Ecuatorial, Brasil (en la selva del Amazonas), Mozambique y por último, Angola, donde residimos ahora. África estuvo siempre en nuestro corazón.
- ¿Te mantenés conectado con las cosas que pasan en Tucumán?
- Sí, claro. Tenemos parte de la familia en Tucumán. Además, internet nos permite leer diarios del país. Las comunicaciones han progresado mucho y tenemos un grupo de amigos que por WhatsApp nos mantiene al tanto de mucho de lo que acontece en Argentina.
- ¿Qué es lo que más extrañás de Tucumán y lo que no echás en falta?
- La familia, los momentos sociales con amigos, el Septiembre Musical, el humor argentino y, por supuesto, el ASADO son lo que más extraño. Lo que no echo en falta es el calor del verano tucumano.
- ¿Qué cosas te enorgullecen de ser argentino?
- La posibilidad de estudiar y capacitarse; la libertad de expresión; el talento y la capacidad de nuestros profesionales...
- ¿Qué cosas no te gustan de nuestro país?
- La inseguridad, la falta de honradez con la que se trabaja en los diferentes estratos de la sociedad. El poco reconocimiento que reciben nuestros profesionales que luchan día a día con los escasos recursos con los que trabajan.
- ¿Qué tenemos para enseñarle al mundo, como argentinos, y qué tenemos que aprender?
- Disponemos de muchas capacidades y talentos que pudimos desarrollar gracias a las múltiples oportunidades que otorga el sistema educativo argentino. Podemos brindar nuestros conocimientos y experiencias. Cuando estás en África te das cuenta de lo “mucho que tenemos”. Deberíamos aprender a ser humildes y a vivir alegremente a pesar de las limitaciones; a disfrutar con simplicidad del hoy y de nuestros seres queridos.
- ¿Qué le aportó Tucumán a tu formación como médico y como persona?
- Estoy muy agradecido a Dios por haberme permitido vivir en un país con libertad religiosa. Pude conocer a Dios, vivir una vida cristiana auténtica y prepararme como persona para compartir el amor de Dios con otros; otros que no tuvieron las mismas oportunidades. Agradezco a la Universidad de Tucumán por la formación amplia que me dio; a los profesionales de los hospitales Padilla y Nicolás Avellaneda, que me ayudaron mucho. Un párrafo especial para los grandes amigos y excelentes profesionales, colegas de la promoción 89. Aún hoy, a pesar del paso del tiempo, siguen siendo un estímulo y una alegría en nuestro día a día en Luena.
- Desde África, ¿cómo se ve a la Argentina?
- En Angola lo poco que se conoce de Argentina se debe a la popularidad de nuestros futbolistas.
- ¿Cómo marcha tu misión allí?
- Gracias a Dios estamos bien de salud y desarrollando diferentes actividades. En estos meses el tiempo es muy lluvioso, así que aumentan las consultas por paludismo, enfermedades respiratorias y diarreicas. La situación económica de este país no es buena y esto repercute en la salud de la gente, en especial, en la de los niños. En muchas familias el dinero no alcanza para comprar medicinas. Tenemos mucho trabajo y nos sentimos felices, a pesar de lo poco que podemos hacer ante una necesidad que nos supera.
- ¿Por qué decidiste quedarte en África?
- Desde niño fui instruido en el conocimiento de Dios, a través de la Biblia, y llegó un momento, al inicio de mi juventud, que hice un compromiso con Dios: usar mi profesión para servir al prójimo. Había recibido mucho amor de mi familia y de mis amigos, y sentía el deber de compartirlo. Decidí estudiar Medicina y en la universidad conocí a Adriana, quien compartía sueños muy similares. Durante nuestra formación y durante los primeros años de ejercicio de la profesión ayudamos en diferentes proyectos en el interior de Tucumán y en los Valles Calchaquíes, en comunidades necesitadas. Nuestro corazón fue amando cada vez más lo que hacíamos y pensábamos en África. Dios nos dio la oportunidad de trabajar en diferentes países como voluntarios: Guinea Ecuatorial, Brasil (en la selva del Amazonas), Mozambique y por último, Angola, donde residimos ahora. África estuvo siempre en nuestro corazón.
- ¿Te mantenés conectado con las cosas que pasan en Tucumán?
- Sí, claro. Tenemos parte de la familia en Tucumán. Además, internet nos permite leer diarios del país. Las comunicaciones han progresado mucho y tenemos un grupo de amigos que por WhatsApp nos mantiene al tanto de mucho de lo que acontece en Argentina.
- ¿Qué es lo que más extrañás de Tucumán y lo que no echás en falta?
- La familia, los momentos sociales con amigos, el Septiembre Musical, el humor argentino y, por supuesto, el ASADO son lo que más extraño. Lo que no echo en falta es el calor del verano tucumano.
- ¿Qué cosas te enorgullecen de ser argentino?
- La posibilidad de estudiar y capacitarse; la libertad de expresión; el talento y la capacidad de nuestros profesionales...
- ¿Qué cosas no te gustan de nuestro país?
- La inseguridad, la falta de honradez con la que se trabaja en los diferentes estratos de la sociedad. El poco reconocimiento que reciben nuestros profesionales que luchan día a día con los escasos recursos con los que trabajan.
- ¿Qué tenemos para enseñarle al mundo, como argentinos, y qué tenemos que aprender?
- Disponemos de muchas capacidades y talentos que pudimos desarrollar gracias a las múltiples oportunidades que otorga el sistema educativo argentino. Podemos brindar nuestros conocimientos y experiencias. Cuando estás en África te das cuenta de lo “mucho que tenemos”. Deberíamos aprender a ser humildes y a vivir alegremente a pesar de las limitaciones; a disfrutar con simplicidad del hoy y de nuestros seres queridos.
- ¿Qué le aportó Tucumán a tu formación como médico y como persona?
- Estoy muy agradecido a Dios por haberme permitido vivir en un país con libertad religiosa. Pude conocer a Dios, vivir una vida cristiana auténtica y prepararme como persona para compartir el amor de Dios con otros; otros que no tuvieron las mismas oportunidades. Agradezco a la Universidad de Tucumán por la formación amplia que me dio; a los profesionales de los hospitales Padilla y Nicolás Avellaneda, que me ayudaron mucho. Un párrafo especial para los grandes amigos y excelentes profesionales, colegas de la promoción 89. Aún hoy, a pesar del paso del tiempo, siguen siendo un estímulo y una alegría en nuestro día a día en Luena.
- Desde África, ¿cómo se ve a la Argentina?
- En Angola lo poco que se conoce de Argentina se debe a la popularidad de nuestros futbolistas.







