Desde el inicio de su gestión, el gobernador José Alperovich ha dado muestras de que, de manera consciente o inconsciente, tiene al presidente Néstor Kirchner como modelo de gobernante. El contacto directo con la gente en cada acto oficial y hasta las salidas a tomar café a los bares del centro fueron conductas comunes, que se descubrían primero en el jefe de Estado nacional y, en breve lapso, en el mandatario local. Hoy, trascendiendo esos detalles, una acabada mímesis parece emparentar a estos hombres.
Uno y otro dicen tratar de diferenciarse de la dirigencia y de los métodos tradicionales, condenados por la sociedad. No ahorran críticas a gestiones pasadas, aunque hayan sido encarnadas por sus socios políticos. Y ellos mismos explicitan que son "lo nuevo" y que encarnan la transparencia. Ambos infringen ese discurso. En la apertura de sesiones ordinarias de los parlamentos, Kirchner (el 1 de marzo) y Alperovich (el 1 de abril) apelaron a la movilización y a las concentraciones no espontáneas para sentirse apoyados en esas instancias.
Ambos buscan ser protagonistas directos y personales de la gestión. Sus funcionarios carecen de relevancia y no pueden opacarlos. Tampoco se esfuerzan por conseguirlo.
Instalan en sus agendas los grandes temas de interés social. El patagónico se abocó a descabezar la Corte, a encarcelar a los militares del Proceso y a negociar la deuda externa. El tucumano encaró personalmente la crisis de la salud y la de la educación. Coherentemente, se embanderan en causas de amplia repercusión. Kirchner intervino Santiago del Estero, aunque su inexplicable demora tiñó de oportunismo la medida. Alperovich, ahora, se pone al frente de las denuncias sobre planes sociales mal otorgados. Y si bien aclara que fueron dados en gestiones pasadas, no dice que muchos sirvieron para sostener a punteros que hicieron campaña en junio pasado por el Frente Fundacional.
Los dos practican la "transversalidad", incorporando funcionarios de otras extracciones políticas, y también a independientes. Claro que, parafraseando a George Orwell, entre esos colaboradores unos son más "transversales" que otros.
Ninguno tiene el apoyo cerrado del PJ. Y buscan sentar a la conducción partidaria nacional y provincial.
Ambos se benefician con el "equilibrio inestable". Cuentan con recursos que no son otra cosa sino medidas efectistas, en nombre de la "acción" y de la "gestión", que a veces resultan en verdaderos atropellos contra las normas y los procedimientos administrativos del Estado.
Los dos se benefician con la falta de una oposición orgánica. La UCR, en el orden nacional y provincial, parece haber caído en la insignificancia, a juzgar por la intrascendencia de los temas que la ocupan. Recrear, en la Nación, y FR, en Tucumán, son las estructuras que sientan posiciones contra el oficialismo. Pero el movimiento federal carece de estructura y el partido provincial tiene un acotado territorio de acción.
Es evidente que también hay diferencias. Pese a tantas similitudes, el gobernador intenta acercarse y el Presidente no da respuestas. Kirchner vendrá a Tucumán el 22 apenas por tres horas. Probablemente, el origen mirandista del alperovichismo (más algunos antecedentes que le son propios) hace que la Nación mire con desconfianza la gestión local y considere que muchas de sus posturas son impostadas.
En la Nación, paralelamente, terminó la luna de miel entre el primer mandatario y la comunidad, a partir de que la clase media copó la Plaza de los Dos Congresos para reclamar seguridad y normas más duras contra la delincuencia. Alperovich no enfrentó aún un sacudón de esas características. Hay una Argentina que, a toda escala, reclama menos poses y más acciones.
Ya hace un tiempo, en Inglaterra, la firma de investigación de mercados Taylor Nelson Sofres, hizo público que cuantas más horas de televisión tienen los programas que enseñan a cocinar, menos se cocina en la realidad.
08 Abril 2004 Seguir en 
Por Alvaro José Aurane







