LAS CARRERAS. La fama de Rogelio Romano Marcial traspasó las fronteras. Clientes de España, Chile y Brasil se acercan para comprar sus tejidos. la gaceta / fotos de alejandra casas cau
31 Enero 2017 Seguir en 

A través de sus tejidos, sus esculturas y sus cerámicas ellos mantienen viva la tradición aborigen de sus tierras. La pachamama en un tejido; una cruz chacana (que representa los cuatro elementos de la cultura) en una vasija; menhires tallados a mano con piedras recogidas de la montaña. Esos son los objetos con los que un turista se puede encontrar durante un paseo por la Ruta del artesano, uno de los circuitos turísticos que se puede recorrer en Tafí del Valle.
El trayecto comienza por la ruta provincial 307, choca con la ruta 355, a la altura de El Mollar, y finalmente se cruza con la ruta provincial 325, en la zona de Las Carreras. La ruta está conformada por 18 artesanos que dividen sus actividades en tejido, tallado en piedra, cerámica, artesanías urbanas, talabartería y muebles rústicos.
Moldear la Pachamama
La casa de Ramona Luna se encuentra en el pasaje Eliseo Tolaba (en la zona de El Churqui). Apenas se ingresa en la propiedad se puede sentir el húmedo olor de la arcilla. Hay estantes de exhibición repletos de urnas, de vasijas y de menhires, todos hechos con sus propias manos y con las de su hija. Desde hace cuatro años el taller de Ramona se transformó en el punto de encuentro familiar, desde que su hija María José (20 años) decidió seguir sus pasos.
En una esquina del lugar, con cuidadosa precisión, la joven manipula una aguja para pinchar un ovillo de lana de oveja. “La aguja va apelmazando la lana de mejor manera”, explica. Su materia prima la consigue de una hilandería. La mayoría de sus dibujos tiene que ver con la cultura aborigen, como la víbora bicéfala que preparaba durante una visita de LA GACETA. Es el símbolo de la dualidad tierra-agua, comenta y comienza manipular la lana con la que hará un pompón.

Los colores que más utiliza son el rosa y el verde. “Me nace del corazón. De mi deseo de transmitirle al turista mi forma de percibir la realidad”, dice María José. “Hay muchos pompones -presume Ramona- pero como los que ella hace no se van a encontrar”. Ramona habla de sus esculturas con orgullo, como un científico que habla de sus descubrimientos.
Su vocación por el arte nació de la necesidad. En el 2000 falleció su marido y necesitaba algún sustento económico para mantener a sus hijos. Terminó dedicándose al moldeado de arcilla. Su taller es improvisado porque cuando construyó su casa no lo pensó como una habitación especial. Apenas cuenta con una mesa para preparar el material, unas reglas que utiliza para armar moldes y un cincel especial para delinear detalles.
El momento crítico
Dar forma a la arcilla no es una tarea sencilla. Una vez que se forma la masa (luego de moler y diluir la arcilla en agua) llega la parte de realizar el levantado, es decir, cuando se intenta darle forma con los dedos o herramientas. Luego llega el momento crítico de cocinarlo. “Se cocina durante 10 o 12 horas. Primero a fuego lento y después se va elevando la temperatura”, explica.
Como todo artista, necesita de inspiración. Cuando no se le ocurre qué dibujar, Ramona toma su bicicleta y escapa de su taller para distenderse. “Cuando voy en bicicleta es como que estoy en otro mundo”, relata. No realiza viajes continuos, sino que se detiene por los lugares para disfrutar de la vista y encontrar alguna idea. La artesana toma su cincel para moldear. De repente sus ojos se centran en su obra, sin importar las personas que la rodean. Utiliza la herramienta con precisión y delicadeza. En ese instante quiere una sola cosa: detallar exactamente a los rayos del sol, del centro de su cruz chacana. Sólo se detiene para explicar: “en el centro se coloca el sol y la luna. Eso significa la unión”.
La casa de Rogelio Romano Marcial comienza donde acaba el pavimento. Bautizó su lugar como “Los Alisos” (en Las Carreras, cerca del límite con El Mollar), por el árbol que crece en abundancia en la zona y utilizó para armar su taller. Al lado de la casa donde vive con su esposa, hijos y padre, construyó de a poco su taller.
Su lugar de trabajo es pequeño. Dentro de él exhibe sus piezas: pies de cama, colchas, ponchos, medias y gorros. Allí también posee la herramienta artesanal que utiliza para hilar: una especie de telar fabricado por él mismo con tres pares de listones de alisos que generan la tensión justa que necesita la tela para ser hilada. Al lado de la estructura se encuentra el banquito donde rogelio se ubica. “Es heredado de mi abuela”, explica. Abajo de su asiento, hay unos pedales de caña hueca que usa para mover la tela.
Su trabajo viene en ascenso. En los últimos años gente de Buenos Aires y Brasil pudo ver su trabajo. Pero lo que más le enorgullece es haber hilado una alfombra para el Bicentenario de más de 16 metros de longitud, según Rogelio. Además pudo construir un verdadero emprendimiento, ya que trabaja con gente que lava, tiñe y cosecha la lana.
Lo que más le gusta hilar son pies de cama. Puede realizar uno (de 80 cm por 2,20 metros) en cuatro horas, incluyendo las decoraciones tejidas. “Lo más difícil es hacer un poncho porque es de una tela muy fina”.
El trabajo, además de ser un sustento económico, es una herencia: su mamá le enseñó el oficio, quien a su vez lo aprendió de la abuela de Rogelio. Y el artesano espera que algún día sus hijos tambipen sigan sus pasos luego de terminar la escuela. Empezó cuando tenía 40 años (hoy tiene 55). En esos tiempos se movía constantemente por Mendoza y otras provincias en busca de trabajo, hasta que su mamá le recomendó aprender el arte de tejer. Todavía recuerda su primer trabajo: un cubrecama. Sentado sobre su máquina, sus ojos comienzan a ponerse vidriosos cuando recuerda a su mamá. Pero aun así mueve los peines del armatoste y con movimientos casi automáticos hila mientras con admirable coordinación cambia de pedal.
Aprovechá
Hasta el 10 de febrero el ente de turismo ofrece salidas gratis a la ruta del artesano
Todavía quedan dos viernes para subierse al Arte Tour que promueve el Ente Tucumán Turismo. Son salidas gratuitas, en combi, para recorrer algunos de los puestos de la Ruta del Artesano. Es necesario inscribirse en la oficina de Turismo de Tafí del Valle, con anticipación porque los cupos son limitados. Las salidas son los viernes, a las 15, desde la YPF de la villa. La duración del recorrido es de tres horas
Para conocer
Todo lo que hay que saber
- El recorrido está compuesto por 18 artesanos
- El recorrido comienza en la ruta provincial 307 y finaliza en las 325
- Las casas que forman parte del trayecto poseen un cartel
- Se pueden comprar vasijas, talabartería, esculturas y ropa
El trayecto comienza por la ruta provincial 307, choca con la ruta 355, a la altura de El Mollar, y finalmente se cruza con la ruta provincial 325, en la zona de Las Carreras. La ruta está conformada por 18 artesanos que dividen sus actividades en tejido, tallado en piedra, cerámica, artesanías urbanas, talabartería y muebles rústicos.
Moldear la Pachamama
La casa de Ramona Luna se encuentra en el pasaje Eliseo Tolaba (en la zona de El Churqui). Apenas se ingresa en la propiedad se puede sentir el húmedo olor de la arcilla. Hay estantes de exhibición repletos de urnas, de vasijas y de menhires, todos hechos con sus propias manos y con las de su hija. Desde hace cuatro años el taller de Ramona se transformó en el punto de encuentro familiar, desde que su hija María José (20 años) decidió seguir sus pasos.
En una esquina del lugar, con cuidadosa precisión, la joven manipula una aguja para pinchar un ovillo de lana de oveja. “La aguja va apelmazando la lana de mejor manera”, explica. Su materia prima la consigue de una hilandería. La mayoría de sus dibujos tiene que ver con la cultura aborigen, como la víbora bicéfala que preparaba durante una visita de LA GACETA. Es el símbolo de la dualidad tierra-agua, comenta y comienza manipular la lana con la que hará un pompón.

Los colores que más utiliza son el rosa y el verde. “Me nace del corazón. De mi deseo de transmitirle al turista mi forma de percibir la realidad”, dice María José. “Hay muchos pompones -presume Ramona- pero como los que ella hace no se van a encontrar”. Ramona habla de sus esculturas con orgullo, como un científico que habla de sus descubrimientos.
Su vocación por el arte nació de la necesidad. En el 2000 falleció su marido y necesitaba algún sustento económico para mantener a sus hijos. Terminó dedicándose al moldeado de arcilla. Su taller es improvisado porque cuando construyó su casa no lo pensó como una habitación especial. Apenas cuenta con una mesa para preparar el material, unas reglas que utiliza para armar moldes y un cincel especial para delinear detalles.
El momento crítico
Dar forma a la arcilla no es una tarea sencilla. Una vez que se forma la masa (luego de moler y diluir la arcilla en agua) llega la parte de realizar el levantado, es decir, cuando se intenta darle forma con los dedos o herramientas. Luego llega el momento crítico de cocinarlo. “Se cocina durante 10 o 12 horas. Primero a fuego lento y después se va elevando la temperatura”, explica.
Como todo artista, necesita de inspiración. Cuando no se le ocurre qué dibujar, Ramona toma su bicicleta y escapa de su taller para distenderse. “Cuando voy en bicicleta es como que estoy en otro mundo”, relata. No realiza viajes continuos, sino que se detiene por los lugares para disfrutar de la vista y encontrar alguna idea. La artesana toma su cincel para moldear. De repente sus ojos se centran en su obra, sin importar las personas que la rodean. Utiliza la herramienta con precisión y delicadeza. En ese instante quiere una sola cosa: detallar exactamente a los rayos del sol, del centro de su cruz chacana. Sólo se detiene para explicar: “en el centro se coloca el sol y la luna. Eso significa la unión”.
La casa de Rogelio Romano Marcial comienza donde acaba el pavimento. Bautizó su lugar como “Los Alisos” (en Las Carreras, cerca del límite con El Mollar), por el árbol que crece en abundancia en la zona y utilizó para armar su taller. Al lado de la casa donde vive con su esposa, hijos y padre, construyó de a poco su taller.
Su lugar de trabajo es pequeño. Dentro de él exhibe sus piezas: pies de cama, colchas, ponchos, medias y gorros. Allí también posee la herramienta artesanal que utiliza para hilar: una especie de telar fabricado por él mismo con tres pares de listones de alisos que generan la tensión justa que necesita la tela para ser hilada. Al lado de la estructura se encuentra el banquito donde rogelio se ubica. “Es heredado de mi abuela”, explica. Abajo de su asiento, hay unos pedales de caña hueca que usa para mover la tela.
Su trabajo viene en ascenso. En los últimos años gente de Buenos Aires y Brasil pudo ver su trabajo. Pero lo que más le enorgullece es haber hilado una alfombra para el Bicentenario de más de 16 metros de longitud, según Rogelio. Además pudo construir un verdadero emprendimiento, ya que trabaja con gente que lava, tiñe y cosecha la lana.
Lo que más le gusta hilar son pies de cama. Puede realizar uno (de 80 cm por 2,20 metros) en cuatro horas, incluyendo las decoraciones tejidas. “Lo más difícil es hacer un poncho porque es de una tela muy fina”.
El trabajo, además de ser un sustento económico, es una herencia: su mamá le enseñó el oficio, quien a su vez lo aprendió de la abuela de Rogelio. Y el artesano espera que algún día sus hijos tambipen sigan sus pasos luego de terminar la escuela. Empezó cuando tenía 40 años (hoy tiene 55). En esos tiempos se movía constantemente por Mendoza y otras provincias en busca de trabajo, hasta que su mamá le recomendó aprender el arte de tejer. Todavía recuerda su primer trabajo: un cubrecama. Sentado sobre su máquina, sus ojos comienzan a ponerse vidriosos cuando recuerda a su mamá. Pero aun así mueve los peines del armatoste y con movimientos casi automáticos hila mientras con admirable coordinación cambia de pedal.
Aprovechá
Hasta el 10 de febrero el ente de turismo ofrece salidas gratis a la ruta del artesano
Todavía quedan dos viernes para subierse al Arte Tour que promueve el Ente Tucumán Turismo. Son salidas gratuitas, en combi, para recorrer algunos de los puestos de la Ruta del Artesano. Es necesario inscribirse en la oficina de Turismo de Tafí del Valle, con anticipación porque los cupos son limitados. Las salidas son los viernes, a las 15, desde la YPF de la villa. La duración del recorrido es de tres horas
Para conocer
Todo lo que hay que saber
- El recorrido está compuesto por 18 artesanos
- El recorrido comienza en la ruta provincial 307 y finaliza en las 325
- Las casas que forman parte del trayecto poseen un cartel
- Se pueden comprar vasijas, talabartería, esculturas y ropa
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