Guillermo Suárez Mason: “Si lo contás, te mato”
INQUIETUD. “Yo creí que la salida del libro iba a ser más aliviadora en ese aspecto, pero es como que hay una cosa ahí perturbadora”, dice Sanmartino.
La frase la pronunció Guillermo Suárez Mason, en tres oportunidades. El destinatario era Gustavo Sanmartino, quien ahora la usa como título de su nuevo libro. “¡Lo del bebé no se puede contar!”, agregó el general. Antes y después de ese intercambio hubo cuatro años de charlas telefónicas y presenciales entre el periodista y el general “más sanguinario de la dictadura”. Y un pacto mutuo que esas conversaciones vieran la luz pública “cuando yo cumpla cien años”, porque “después de muerto, ya nadie hablará más de Suárez Mason. Por fin me dejarán en paz. Si yo era malo, asesino, torturador, represor o buen samaritano”.

Por Flavio Mogetta
Para LA GACETA - BUENOS AIRES
Carlos Guillermo Suárez Mason murió el martes 21 de junio de 2005 en el Hospital Militar Central, adonde había sido trasladado días antes desde el penal de Devoto donde había ingresado después de violar la prisión domiciliaria que le había sido concedida. Diecinueve años después, cuando Suárez Mason debía cumplir los cien años, Sammartino terminó de escribir Si lo contás, te mato, el libro que da cuenta de las conversaciones que tuvieron ambos y que acaba de publicar editorial Planeta.
-El libro nace como muchas veces sucede con las investigaciones periodísticas de una manera fortuita.
-Sí o sí es fortuito. Lo cierto es que yo doy con la posibilidad de acceder a él y después, incluso yendo a buscar esos documentos que había dicho al aire de Mitre que tenía, que me había pedido la radio y que Clarín quería y para ver si me los podía dar. Yo fuerzo esa reunión personal y creo que en esa reunión en realidad se juega todo. Todos los temas de época de aquella época de la dictadura siempre me agradaron. El caso de Suárez Mason me llamaba muchísimo la atención. Fue todo un escándalo cuando él se escapó a Estados Unidos para no ir al Juicio a las Juntas. Estuvo fugado tres años. Cuando tengo la posibilidad de conocerlo, ahí la jugada es distinta, más allá de pedirle los documentos, cosa que no me dio, pero sí me certificó que los tenía en Estados Unidos. En ese momento, yo estaba estudiando dirección de cine y una materia que me encantaba que era Documental, entonces era una forma de entrarle al personaje totalmente distinto a lo convencional que entendemos desde el periodismo, que es pregunta-respuesta. Era poner la cámara y vos no tenías que intervenir para nada. Con este personaje a mí me ayudó esa idea. En el primer encuentro yo tengo algo que me juega a favor y es que él me identifica rápido el apellido por un ex compañero que él tenía que según él lo habían matado en tiempo de la subversión. Después sabía lo del fútbol, entonces jugueteaba con eso y después obviamente como esa primera reunión fue densa y tenía que tratar de conseguir esos documentos, le hablé de todo. Yo hice el secundario militar en el Liceo Militar, seguí el Colegio Militar, me fui en tercer año y de hecho fui compañero del actual ministro de Defensa (Carlos) Presti, por lo que entendía terminología militar. Él era de caballería, yo era infante… entonces yo jugaba que le tiraba algo y él me chicaneaba: él era de Argentinos Juniors, yo de San Lorenzo; él odiaba a la prensa, yo representaba la prensa.
-Aquel primer encuentro termina sin los documentos mencionados y con una caminata por la ciudad de Buenos Aires.
-No me dio los documentos, pero tuvimos una charla larga. De hecho, lo acompaño caminando hasta la casa. Era el año 99 y él gozaba de todas las libertades, estaba indultado por Menem. Ahí me surgió “acá hay un personaje importante” y querer hacer algo, y me anoté en un borrador “documental o libro”. Y eso lo sostuve casi cuatro años porque él acepta las próximas reuniones en 2002-2003 y en el medio que hubo conversaciones telefónicas. Yo lo buscaba siempre. Con la excusa de noticias referidas a él, yo lo llamaba por teléfono, eso me permitía de vuelta a lo mismo: chicanear con el fútbol, alguna que otra cosa, él jugueteaba con esto, odiaba la prensa. Y en el año 2003 más o menos se convence el mismo día que se baja a Menem del balotaje con Kirchner. Ese mismo día él me llama y dice una frase que repite después: “vienen por mí”; ahí es donde él empieza a ponerse más paranoico. Ciertamente al bajarse políticamente Menem él perdía una protección. Si bien él estaba con prisión domiciliaria y la causa del robo de bebé, ahí es donde me abre la puerta y ahí es donde me meto en la casa. Él siempre creía que yo le escribía el libro de su reivindicación hasta el día que se pudre todo que es cuando él se va de boca. Y si querés, yo reaccioné, por primera vez, reaccioné y no seguí su juego.
-Dentro del juego o reglas propuestas por Suárez Mason estaba el hecho de no grabar esas charlas salvo que él lo indicase.
-Sí, es así. De hecho, cuando da el ok final en el año 2003 que es cuando él me llama por la noche a mi casa, cuando me reúno me pone tres o cuatro condiciones: que lo que él dijera era para un libro; el segundo elemento era si a él algo le pasara -esa frase la dijo varias veces- ningún familiar, amigo o camarada podía rectificar lo que él me había dicho; lo tercero era que iban a ser charlas de 40 minutos; él las estipuló a la hora de la merienda porque él dormía un poco; y después grabar solo cuando él lo indicara y siempre fue cuestiones formales, cuando él hablaba de él, de su de la familia, de los apellidos; y después lo último que era muy raro en ese momento, pero él jugaba con la idea de los 100 años, de autorizar la publicación cuando él cumpla 100 años. Siempre él era la autoridad, siempre ponía las condiciones, pero esas condiciones que ponía eran allá lejos y en el tiempo. De hecho, yo cumplí porque en el año 2024 él cumplió 100 años, ya estaba muerto, pero cumplía 100 años, y fui a la cárcel de Ezeiza a visitar al hijo mayor homónimo, que había estado en la ESMA y que está detenido por delitos de lesa humanidad. Y le avisé que iba a publicar el libro.
-Cuando se dieron los intercambios que posibilitaron el libro eras más joven, estabas “más verde” como escribiste. ¿Te sentiste por momentos manipulado o intimidado?
-Te soy sincero: la manipulación existió siempre. El tema es que la estrategia era la de documental y lo tuve que ir alargando. Eso fue real y se hizo tan largo hasta el momento que hubo un material. Si hay un mérito fue a la constancia; el seguimiento, el aguante fue haber alargado ese tiempo. Hay un hecho que es fundamental, es una cagada, pero es real, que yo medio torcí la personalidad que tenía. Ciertamente Suárez Mason no era una persona agradable; de hecho era un militar autoritario, muy fuerte, muy potente, pero que te permitía entrar, te dejaba la puerta abierta. El dato fundamental es que en el año 2000 nosotros perdemos una beba el 24 de marzo. A mí me hizo mucho daño, ya venía el seguimiento con Suárez Mason y de hecho me borré unas semanas y cambió mi forma, cambió mi espíritu, cambió mi forma de hacer las cosas y yo creo que en esto medio como que suelo usar la palabra esta de regodearme, y me regodeaba forzando mi voluntad o mi forma de ser justamente porque quería buscar un objetivo. Yo lo hacía responsable; a mí la causa 450 del robo de bebés donde él estaba involucrado, para mí fue un potencial de trabajo, de investigación y de involucrarme. ¿Si el tipo daba miedo? Sí daba miedo. El libro se publicó hace unos pocos días, pero esa sensación aquella hoy se empieza a agrandar. Yo no sé por qué, pero sobrevuela la idea de -no del miedo-, pero sí de la amenaza, del juzgamiento. No porque crea que haya familiares que pueden hacerte daño, sino por las ideas ideológicas nuevas que hay… Yo creí que la salida del libro iba a ser más aliviador en ese aspecto, pero es como que no, es como que hay una cosa ahí perturbadora. Yo no sé si es el ese tufo amenazante, ese tufo de miedo, si ese tufo de aquello que pasaba allá hoy todavía sigue existiendo en la sociedad o en los pensamientos.
-En estas conversaciones finalmente encontramos aquella mirada documental que te propusiste, esa mirada contemplativa de escuchar y dejar hablar.
-Sí, yo creo que si hay un logro es que yo pude meterme en su casa o pude acceder a su intimidad y en el tiempo, porque también es difícil sostenerlo en el tiempo ese tipo de relaciones o saberlo llevar. Una vez ahí ya poder haber jugueteado, jugueteado entre comillas con distintas locuras, cosas que uno no se imaginaría que va a hacer. Yo tocaba el timbre y llegaba a una cita, pero si el tipo me estaba preparando la merienda, me estaba preparando la merienda. Tocaba timbre y llegaba y si la mujer me pedía: “mirá necesito hacerme un trámite, cuidámelo”, cuidaba al tipo, cuidaba el represor. Es inimaginable el día que estaba depresivo y tenía que jugar la final Argentinos Juniors con Quilmes y encima la perdió, fue durísimo. O el día que el tipo estaba con dos libros y los apuñalaba, o como el día que estaba jugando con los soldaditos… El tipo estaba desquiciado, o sea ya psicológicamente mal. Si querés, el encierro; si querés, que era grande; si querés, que era un tipo desprestigiado también internamente por sus pares porque él se había escapado para el Juicio a las Juntas; era despreciado o casi despreciado por sus hijos… Fijate el submundo de ahí adentro. La mujer espiando desde el fondo de la cocina, la mujer que en la casa lo llamaba general o Cacho. El sobrenombre familiar real de él era Cacho. A mí siempre me decía Sammartino y yo siempre lo trataba de general. Mayor fidelidad de lo que pasó no hay.
© LA GACETA
Perfil
Gustavo Sanmartino es periodista y director de cine. Desde hace 38 años se dedica al periodismo de investigación y a la producción de radio y televisión. Trabaja en Radio Mitre y TN. A lo largo de su carrera colaboró con Magdalena Ruiz Guiñazú, Jorge Lanata, Marcelo Longobardi y Nelson Castro.







