Dos horas de un optimismo necesario para vivir

Damien Chazelle narra, con un formato clásico, un musical en el que el amor entre Emma Stone y Ryan Gosling se enfrenta a los desafíos

LA LA LAND. Ryan Gosling y Emma Stone protagonizan el film. FOTO TOMADA VARIETY.COM LA LA LAND. Ryan Gosling y Emma Stone protagonizan el film. FOTO TOMADA VARIETY.COM
26 Enero 2017
La comedia musical desafía la lógica del espectador mucho más que otro género cinematográfico. Es inverosímil que un embotellamiento de tránsito derive en un alegre grupo de personas que deje sus autos y salga cantando y bailando feliz. O que de un diálogo cualquiera comience a sonar un tema pegadizo y los enamorados terminen danzando a la luz de una luna falsa.

Esas son dos de las escenas que integran el actual gran fenómeno fílmico mundial, que se estrena hoy en la Argentina: “La La Land” llega precedido de tantos premios (recibidos y por recibir) que corre el riesgo de que la expectativa creada no se alcance de lleno cuando se la vea. De hecho, en las redes sociales ya rueda una campaña en contra de la película, que va más allá de sí misma y cuestiona el estilo como tal.

Es que, en su origen, el musical fue visto por los críticos como un mero entretenimiento que se contraponía a aquellos productos enrolados en el drama y la tragedia (sólo la comedia era menos valorada por algunos paladares exquisitos, sobre todo a la hora de dar premios). La demostración es que sólo nueve películas de este tipo se llevaron el Oscar en 88 años de ceremonias.

Con el tiempo, llegó su era de oro entre los años 40 y 60, con clásicos a los que ahora rinde tributo la película de Damien Chazelle en forma casi explícita. Así, a lo largo de los 128 minutos del filme, se evoca mayormente a “Cantando bajo la lluvia” (como en el número de Gene Kelly agarrado de un farol, los desplazamientos masivos de bailarines o con las luces publicitarias de colores); “Grease” (las amigas charlando en una habitación); “Switt Charity” (con el revoloteo de faldas); el romance de “Los paraguas de Cherburgo” (una de las preferidas por el joven director, de 32 años) y hasta el escenario de “Moulin Rouge”, la única referencia estrenada en este siglo.

El hilo argumental de “La La Land” respeta las tramas simples con personajes que sueñan a lo grande, se ilusionan con un futuro mejor y se esfuerzan en alcanzarlo, mientras derrochan alegría y resisten los malos momentos del mejor modo posible.

La dupla protagónica aspira a sendos Oscar: Emma Stone es Mia, una aspirante a actriz que es moza en un estudio de Hollywood, y Ryan Gosling es Sebastian, un pianista que quiere poner un club de jazz aunque su realidad es que debe tocar en bandas mediocres.

Si bien todo está ambientado en el presente, la película remite íntegramente al pasado, con una estética (desde los planos hasta el vestuario vintage y la iluminación) y una forma de narrar absolutamente tradicional.

El espacio de los sueños

Chazelle demoró 10 años poder concretar su guión (por el cual está nominado al Oscar, lo mismo que por su dirección), y defendió su decisión de situar el clima sonoro en el mundo del jazz.

“Es un ejemplo de forma de arte donde se debate mucho cómo debería ser hoy. ¿Se debería modernizar para adaptarlo a la actualidad? Si lo haces, ¿estás pervirtiendo esa forma de arte?”, desafió a la agencia DPA, en referencia a las preguntas que giran alrededor del modo de encarar su propia película, en la que respeta los códigos centrales de todo musical. “Lo que intenté hacer es mostrar que todavía pueden ser importantes, que todavía son actuales, que todavía pueden ser modernos. Te da dos horas de optimismo, en tiempos en el que el mundo necesita eso”, sostuvo.

A su lado estuvo desde el origen de la idea el compositor Justin Hurwitz (también postulado este año a varios Oscar por sus canciones y banda sonora), ya que eran compañeros de habitación de estudiantes en la Universidad de Harvard. Antes de “La La Land” debieron triunfar con “Whiplash”, que se llevó tres Oscar en 2015 y los elevó de categoría.

“Nunca se debería dejar de soñar. No importa cuánto se demore o lo mal que puedan ir las cosas, siempre debería haber espacio para los sueños, para la esperanza, para la alegría y el amor, la belleza y el arte”, aseveró, como reflejo de su propia conducta.

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