
Jane E. Brody / The New York Times
Los estadounidenses gastan más de U$S 30.000 millones al año en suplementos alimentarios -vitaminas, minerales y productos herbales, entre otros-, muchos de los cuales son innecesarios o de beneficios dudosos para quienes los ingieren. Eso equivale aproximadamente a 100 dólares al año por cada hombre, mujer y niño, por sustancias que es frecuente que tengan un valor cuestionable.
La aprobación de la Ley de salud y educación sobre suplementos en la dieta, de 1994, abrió las compuertas a un sector que puede traer esos productos al mercado sin entregar ninguna evidencia a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) en cuanto a que son seguros y efectivos en las personas. La ley permite que los productos se promuevan como “apoyo” para la salud de diversas partes del organismo, si no se dice que pueden prevenir, tratar o curar algún padecimiento. Lo escrito parece no impedir que algunas personas supongan que “apoyo” se traduce como beneficio demostrado.
Después de 1994, las ventas de una gama muy amplia de suplementos se disparó y porque la ley lo permite, muchos se siguen vendiendo aun después de que investigación de alta calidad mostró que no son mejores que un placebo en cuanto a apoyar la salud. El gobierno puede detener las ventas de un producto en particular sólo después de que está en el mercado y que se ha mostrado que está mal etiquetado y es peligroso.
Los estudios
En el estudio más reciente, publicado en octubre en JAMA, se concluye que los adultos en Estados Unidos han seguido utilizando, en lo general, los suplementos en forma estable de 1999 a 2012, aunque algunos suplementos han perdido el favor de la gente mientras que aumentó el uso de otros.
El estudio, coordinado por Elizabeth D. Kantor, una epidemióloga en el Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering en Nueva York, reveló que 52% de los adultos usó uno o más suplementos en 2012. Si algo fue sorprendente en las conclusiones, es que la cantidad de usuarios de los suplementos no fue más alta a pesar de la robusta promoción en anuncios pagados y testimonios en internet.
Las conclusiones se derivaron de los datos que arrojaron las encuestas realizadas a 38.000 adultos en su domicilio durante el estudio sobre salud nacional y nutrición, que se lleva a cabo cada dos años, en el ámbito nacional, con una muestra representativa de estadounidenses.
En un editorial anexo, titulado “La paradoja de los suplementos. Beneficios nimios y consumo robusto”, el doctor Pieter A. Cohen del hospital de atención primaria Cambridge Health Alliance and Somerville en Massachusetts, señala que “los suplementos son esenciales para tratar deficiencias en vitaminas y minerales” y que ciertas combinaciones de nutrientes pueden ayudar en algunas condiciones médicas, como la degeneración muscular relacionada con la edad. No obstante, añadió que “a la mayoría de los adultos, es probable que los suplementos les proporcionen pocos beneficios, si es que alguno”.
“Entre los cambios que se presentan en el nuevo estudio están que el uso de las multivitaminas y minerales bajó de 37 a 31%, y las proporciones en el uso de vitaminas C y E, y de selenio, bajaron como respuesta a los hallazgos en la investigación que muestran que no aportan ningún beneficio”, escribió Cohen. A veces, las personas actúan con sensatez cuando se enfrentan a la evidencia contundente.
No obstante, añadió: “se siguen usando otros productos en la misma proporción, a pesar de que importantes estudios han demostrado que no tienen ningún beneficio más que el de placebo”. De ahí que el uso de la glucosamina condroitina para aliviar el dolor de la artritis sigue sin verse afectado con los resultados negativos de la prueba del 2006, “Intervención en la artritis con glucosamina condroitina”, y varios análisis de seguimiento.
Los datos
Otros han estudiado quiénes son los que utilizan los suplementos alimentarios y por qué. De nuevo, con datos de la encuesta nacional del 2007 al 2010, que incluyó a 12.000 adultos, Regan L. Bailey de la Oficina de Suplementos Alimentarios de los Institutos Nacionales de Salud y sus coautores reportaron en 2013 las siguientes razones por las que los participantes usan estos suplementos: 45% dijo que los ingería para “mejorar” y 33%, para “mantener” la salud general. 36% de las mujeres tomaba calcio para la salud ósea; y 18% de los hombres tomaba suplementos para la salud cardíaca o para bajar el colesterol. Solo el 23% usó los suplementos porque se los sugirió un profesional de la salud.
Los más esclarecedores han sido los datos sobre las características de los usuarios de suplementos. Probablemente, estaban entre las personas más saludables de la población. Era más factible que reportaran estar en muy buena o excelente salud, en comparación con los no usuarios; que tomaran alcohol en forma moderada, evitaran fumar, hicieran ejercicio con frecuencia y tuvieran seguro médico. Otros estudios han mostrado que el uso de suplementos también es más frecuente entre quienes tienen más edad, pesan menos, y tienen niveles más elevados de instrucción y de estatus socio económico.
Esto significa que al tratar de determinar los posibles beneficios para la salud que puedan tener los suplementos, los investigadores deben controlar todas esas características para poder aislar la contribución del suplemento. El solo hecho de examinar a un grupo grande de personas, e incluso hacer su seguimiento por décadas y hallar que los usuarios de los suplementos fueron más saludables o vivieron más tiempo, no prueba nada si no se toman en cuenta otras influencias sobre la salud y la longevidad.
Las preguntas
Al estar frente a conclusiones ambiguas o negativas sobre los beneficios de los suplementos, en el 2013, el organismo independiente de médicos que basan sus recomendaciones en evidencias sólidas, U.S. Preventive Services Task Force, optó por no sugerir el uso regular de ninguna multivitamina para prevenir las enfermedades cardiovasculares, ni el cáncer en personas que no presentaban deficiencias de nutrientes.
Esto hace pensar en por qué la gente, y me incluyo, opta por tomar suplementos alimentarios. Es típico que quienes toman un suplemento, multivitamínico y con minerales, todos los días digan que no contiene las fibras de las frutas y los vegetales, y que proporciona la cantidad diaria de calcio que se recomienda (1.000 miligramos para los adultos que aumenta a 1.200 para las mujeres de más de 50 años y los varones de más de 70), la pastilla con esa combinación sería demasiado grande para que la tragara la mayoría de las personas.
Algunos usuarios de suplementos desconfían de la evidencia que indica que no tienen ningún beneficio, por lo que yo todavía tomo glucosamina y condroitina a pesar de los resultados del mejor estudio a la fecha, en el que se concluye que no ofrecen ningún alivio a la artritis en las rodillas. Mi artritis ha avanzado mínimamente en décadas que la he tomado y al no haber experimentado ningún efecto secundario, estoy dispuesta a seguir consumiéndola.
No obstante, se recomienda precaución en el uso de los suplementos. Algunos pueden ser dañinos o interferir con las medicinas recetadas. Díganle a su médico lo que toman y asegúrense de que lo registre en su historia clínica.







