La historia del “Chapo” Guzmán

Vida, pasión y muertes del criminal mexicano, según el colombiano que sabía tanto o más del narcotraficante que quienes lo atraparon.

21 Octubre 2016
El género biográfico tiene complejidades específicas. O sobra información, o falta información, o la información se debilita víctima de un ordenamiento impreciso, o de una escritura brumosa, sin contar la tácita presión ejercida por el biografado en cuestión, o de sus familiares, cuando no de sus amigos íntimos. Así nació la biografía no autorizada, por ejemplo. El que avisa, dicen, no traiciona.

Y así nació otra variedad capaz de zanjar por lo menos una parte de los incordios: la biografía novelada, un híbrido que tampoco garantiza nada, pero que empleado con sazonadas dosis de rigor y buen gusto puede dar resultados sorprendentemente gratos.

Para muestra, un botón entre muchos: Blonde, de Joyce Carol Oates, más atrayente, fluida, jugosa, veraz y airosa que la más detallada biografía de Marilyn Monroe.

El colombiano Andrés López López, que de un texto de su autoría van estas líneas, asumió el “reto” (sic) de poner la lupa en la vida de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, originario de La Tuna, municipio de Badiraguato, estado de Sinaloa, donde se hizo primero notorio y luego célebre como el Chapo Guzmán, léase “El Varón de la Droga”.

Claro que López López no necesitó instalarse en una biblioteca para perfilar el personaje y reponer su derrotero, puesto que llevaba mucho tiempo como celoso investigador del mundo del narcotráfico y ya había publicado El Cartel de Los Sapos y El Señor de los Cielos. (También es productor, director y documentalista).

Odiado y amado

López López sabía del Chapo Guzmán tanto o más que quienes lo capturaron no una, ni dos, tres veces, y recién desde saber copioso y macerado eligió el camino de condensar dos mundos, el de la realidad propiamente dicha y el de la ficción, para alumbrar una historia que amén de verosímil -que al tratarse de una biografía, ya es decir- es de las que ejercen un magnetismo al que no podrán sustraerse ni siquiera los lectores más remisos y más ariscos.

“A fin de cuentas, la literatura es literatura, sin adjetivos”, nos recuerda López López en la introducción, antes de expandir y compartir una mirada que empieza por declinar el tic prejuicioso, admonitorio, maniqueo, y librado de esos eventuales obstáculos se mueve sin apremios en las arenas de una semblanza totalizadora, si así pudiera decirse.

Desde esta perspectiva, el Chapo Guzmán es revelado como el hombre ambicioso, astuto y sanguinario que es, pero también como un simple mortal que ama y es amado, que odia y es odiado, que afronta sus pesadumbres y sus miedos como le sale, como puede.

Las actividades criminales del narcotráfico le han costado a México la vida de unas 80.000 personas y unos 22.000 desaparecidos, incluidos los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Sin embargo, una buena parte de la población reverencia al Chapo Guzmán y hasta se ha movilizado para oponerse a su extradición. Desde luego que el libro de López López no se propone dar con la punta de esa madeja, pero su semblanza del Chapo es tan espléndida, que ni falta que hace.

© LA GACETA

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