Un funcionario público testimonia el valor de un perro guía

Maximiliano Marc es un funcionario rosarino que promueve el uso de los animales de asistencia. Pero reconoce que hay muy pocos lugares en el mundo para entrenarlos.

UNO EN DOS. Maximiliano Marc camina confiado junto con Bandid. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.- UNO EN DOS. Maximiliano Marc camina confiado junto con Bandid. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO.-
30 Septiembre 2016
Parece que se leyeran la mente. No necesitan hablar, ni mirarse para saber lo que quiere el otro. Maximiliano Marc se siente seguro tras lo pasos de su lazarillo, Bandid, que de bandido no tiene nada porque está pendiente de su amo, memoriza la habitación del hotel y lo conduce por las calles de Tucumán que ninguno de los dos había recorrido antes.

Bandid es un perro de asistencia, como los 65 que hay en el país. No hay más porque el entrenamiento de un animal para guiar a una persona ciega es muy caro, pero sobre todo porque no hay lugares de entrenamiento más que en 160 centros en todo el mundo. A Bandid lo entrenaron en una fundación de Estados Unidos y se lo donaron a este rosarino que en 2001 quedó ciego, sordo de un oído y con una hipoacusia bilateral del otro. La noche le cayó de golpe hasta que apareció su “compañero de vida”, como él le llama, hace ocho años. Desde entonces nunca más se los vio solo. Bandid presenció la apertura del 1er Congreso Nacional de Discapacidad y Políticas de Estado echado a los pies de su dueño, en el teatro Mercedes Sosa. El encuentro concluirá hoy.
  
Maximiliano es subsecretario de Inclusión para Personas con Discapacidad de Santa Fe. Hace cinco años lo echaron a patadas de un colectivo donde pretendía subir con su perro. “Decidí canalizar mi bronca a través de una campaña de concienciación de la Ley Nacional 26.858, a la que Tucumán debería adherirse. Por esta norma cualquier persona con discapacidad usuaria de un perro de asistencia tiene derecho a permanecer, circular y deambular por todo espacio de uso público y transporte de pasajeros”, dice. Su prédica logró que los locales del centro de Rosario y los colectivos pusieran en un lugar visible una oblea con la leyenda “libre acceso a perros de asistencia”.  

Junto con Bandid, Maximiliano recorrió 16 provincias contando que los perros de asistencia “más allá de estar entrenados para asistir a una persona ciega están entrenados para pasar totalmente desapercibidos. Un perro como este no va a entorpecer la circulación, si está en un teatro se acomoda debajo del asiento, viaja en el avión en cabina y en el colectivo debajo del asiento. No ladra, no ensucia, tiene sus horarios para hacer sus necesidades. Y si alguien le tiene miedo no hay problema porque si no lo ven no se van a enterar de que hay un perro”, afirma.

En el teatro Mercedes Sosa en realidad había dos perros guía, porque desde hace tres meses, hay un tucumano que también consiguió un perro en donación.

“Para tener un animal como este se pide al postulante que tenga más de 18 años, que esté legalmente declarado ciego y que tenga muy buena orientación y movilidad. Porque no es que tengo un GPS que digo llevame a casa, tengo un animal al que hay que manejarlo y para eso uno también tiene que aprender. El perro tiene que resolver los obstáculos, pero si nosotros previamente no aceptamos nuestra ceguera, si no manejamos un bastón y no sabemos movernos en forma independiente no hay perro que valga”, dice. Marc busca concientizar que “los perros guía no son ni la Lola ni el Boby, son mis ojos”.

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