Abuelo y nieto, unidos en “santa” religión

29 Septiembre 2016
Aquella máxima que afirma que “hincha de un equipo se nace” se derrumba con Alberto Orlando Segura (70 años). Él no tiene empachos en admitir que es un “ciruja” converso. “Yo no era hincha de San Martín, sino de Central Norte, porque uno de mis hermanos me llevaba a la cancha del ‘Cuervo’. Pero un día dejó de llevarme; entonces, otro hermano, fanático de San Martín, me invitó a la Ciudadela; y así me volví hincha del ‘Santo’”, cuenta a LG Deportiva, durante el entretiempo de un partido. Según recuerda, aquella transformación ocurrió cuando él tenía entre 8 y 10 años.

Su nieto, por el contrario, recibió la “santa” pasión en el mismo instante en que fue ungido con los óleos bautismales. “A mí me hizo hincha mi padrino, que es fanático de San Martín”, explica Catriel Segura (13 años). “¿La primera vez que vine a la cancha? Tenía cuatro años, vine con él; me acuerdo clarito”, cuenta el pibe de sonrisa amplia. Precisa que en esas ocasiones iban a la tribuna sobre calle Matienzo. “Ahora, que vine con mi abuelo, venimos a la platea”, se justifica el preadolescente.

Su abuelo le tiende un manto de piedad, y reconoce que el fervor que se vive en la popular no es el mismo que el de la platea. “Aquí es como si uno estuviera un poco atado; allá (señala hacia la Matienzo) me parece que la sangre corre más fuerte”, compara. Sin embargo, a Catriel no le molesta el cambio escenario. “La verdad, me alegra un montón que me traiga mi abuelo. No es la primera vez que venimos a la cancha juntos”, dice.

Los Segura -abuelo y nieto- se consideran habitués de La Ciudadela; pero ambos admiten que a veces no pudieron ir a ver al “Santo” de local. “Casi todos los partidos venimos; raro es que faltemos. En esos casos se debe a que la plata a veces no alcanza; porque no es únicamente la entrada, siempre hay un gastito más”, se excusa. Y pese a su corta edad, Catriel ya conoce el valor del dinero. “A veces también veníamos con mi papá; pero durante un tiempo hemos dejado de venir, porque no había plata”, recuerda.

Al momento de la charla, el “Santo” perdía 1 a 0, pero Alberto confiaba en que “todo iba a salir bien”. El segundo tiempo comenzó, y Catriel siguió renegando con los fallos del árbitro, Andrés Merlos, en lo que fue el debut del “Santo” en su regreso a la B Nacional. Su abuelo, con paciencia, le explicaba que el referí, como todo ser humano, a veces se equivoca. Finalmente, se cumple la profecía del mayor de los Segura, y San Martín logra un empate que, en ese momento, tuvo un sabor a triunfo.

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