29 Septiembre 2016 Seguir en 

En el sector de la platea alta de La Ciudadela, Daniel Felaj y su cuñado Santiago Armayor (ambos de 39 años) aprovechan el entretiempo del partido entre San Martín y Argentinos Juniors para comprarles golosinas a Tobías Felaj (8 años) y a Santiago Armayor (10). En ese trámite estaban cuando LG Deportiva los invita a conversar. De sus dichos se desglosa que esa visita a la cancha con sus hijos es una excepción a la regla. Ambos se enrolan entre esos hinchas que lamentan que la violencia haya alejado a la familia de los estadios. “Venir con los hijos es muy lindo; es lo mejor que hay. Eso debería fomentarse en el fútbol argentino, que vuelva la familia. Siempre venía con mi papá cuando era chico”, recuerda Daniel, con tono nostálgico.
Con similar entonación, Santiago responsabiliza a los dirigentes, aunque sin particularizar. “Antes venía mucho a la cancha... Hay cosas que no me gustan de la dirigencia del fútbol; cosas que siguen alejando a la familia”, reniega. Agrega que a su hijo le encantan los deportes y en especial, el fútbol. “Pero hoy veo algunas diferencias entre los valores que uno inculca en la casa y los que se priorizan en los clubes”, indica.
Trabajo serio
A su entender, se debe encarar una fuerte política en seguridad, para que la familia pueda asistir tranquila a la cancha. “Las cosas deben hacerse bien, con seriedad y responsabilidad; sin otros intereses de por medio. Los verdaderos hinchas no lo podemos entender de otra manera, ni lo entenderemos nunca”, afirma.
Daniel aporta una visión más amplia, que excede los límites del fútbol. “La sociedad está muy violenta. Todos deberíamos calmarnos un poco. Sólo de esa manera la gente podrá volver a disfrutar de lo hermoso que es el fútbol. Debemos entender que no se trata de matar o morir, que no es más que una diversión”, dice.
Los cuatro vuelven a sus butacas, para seguir viviendo jugar al “Santo”, un placer que se puede compartir en familia.
Con similar entonación, Santiago responsabiliza a los dirigentes, aunque sin particularizar. “Antes venía mucho a la cancha... Hay cosas que no me gustan de la dirigencia del fútbol; cosas que siguen alejando a la familia”, reniega. Agrega que a su hijo le encantan los deportes y en especial, el fútbol. “Pero hoy veo algunas diferencias entre los valores que uno inculca en la casa y los que se priorizan en los clubes”, indica.
Trabajo serio
A su entender, se debe encarar una fuerte política en seguridad, para que la familia pueda asistir tranquila a la cancha. “Las cosas deben hacerse bien, con seriedad y responsabilidad; sin otros intereses de por medio. Los verdaderos hinchas no lo podemos entender de otra manera, ni lo entenderemos nunca”, afirma.
Daniel aporta una visión más amplia, que excede los límites del fútbol. “La sociedad está muy violenta. Todos deberíamos calmarnos un poco. Sólo de esa manera la gente podrá volver a disfrutar de lo hermoso que es el fútbol. Debemos entender que no se trata de matar o morir, que no es más que una diversión”, dice.
Los cuatro vuelven a sus butacas, para seguir viviendo jugar al “Santo”, un placer que se puede compartir en familia.
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