17 Septiembre 2016 Seguir en 

“Lo bueno es que la cardiología ha avanzado muchísimo en las últimas décadas. Hay un arsenal de medicamentos de última generación muy amplio y eficiente, y un enorme desarrollo biotecnológico que permite advertir las señales precozmente”, destaca el cardiólogo Sergio Perrone, que participó en Tucumán del XII Weekend de Insuficiencia Cardíaca (IC) e Hipertensión Pulmonar y Jornadas Internacionales Calchaquíes de Cardiología. Al hablar de los avances, mencionó como ejemplo un sensor que se instala en el pulmón y permite al paciente desde la almohada y con un clic enviar sus parámetros al médico.
“Como la hipertensión pulmonar es el primer síntoma, permite prevenir cuando el paciente no sintió nada raro”, explica y cuenta un “notición”: junto con especialistas de la tucumana Universidad San Pablo-T están desarrollando un dispositivo -del cual no puede hablar demasiado- que permitirá monitorear síntomas sin necesidad de que el paciente haga nada: “ni ponga el dedo en el celular, ni se acerque a un detector... Será como un “gran hermano del cuerpo humano -cuenta entusiasmado- Todos estos desarrollos permiten que ahora hagamos menos transplantes, porque la prevención da resultados”.
“Ser solo especialistas no permite tratar a los pacientes. Hay que tomarse tiempo para conocerlos y entender qué y por qué padecen”, resalta. Y en su especialidad esa postura es indispensable: la IC puede ser disparada por un montón de motivos (hipertensión arterial, obesidad, tabaquismo, diabetes, taponamientos de arterias... y la lista sigue) y hace falta estar atento a todos.
“Como su nombre lo indica, la IC significa que el corazón no da abasto; no le alcanzan las fuerzas para bombear la sangre. Y en la gran mayoría de los casos, la causa es el infarto del músculo cardíaco”, explica para todo público, y enumera síntomas a los que hay que estar atentos para no llegar al infarto: falta de aire, fatiga fácil, hinchazón de piernas, cambio de ritmo diurético...
Perrone, a quien la Municipalidad de la capital lo nombró ayer ciudadano ilustre, “creció” con René Favaloro. El gran cardiólogo argentino no solo operó a su papá (también médico) sino que fue su maestro. “Además de sus valores éticos, su mejor enseñanza fue dejarme hacer”, cuenta. Y entonces Perrone hizo: se especializó en transplante intratorácico y actualmente es, entre otras muchas, muchísimas cosas, asesor del Fleni, del Sanatorio de la Trinidad Mitre y del Instituto Cardiovascular Lezica; y dirige el Departamento de Cirugía Cardiovascular y Trasplante del Hospital Italiano de Mendoza (donde en su momento operó a Sandro) y el programa de trasplante intratorácico en el Hospital de Alta Complejidad en Red El Cruce, de Florencio Varela, Buenos Aires. Y, lo mejor de todo, nunca dejó de ser “médico”.
“Como la hipertensión pulmonar es el primer síntoma, permite prevenir cuando el paciente no sintió nada raro”, explica y cuenta un “notición”: junto con especialistas de la tucumana Universidad San Pablo-T están desarrollando un dispositivo -del cual no puede hablar demasiado- que permitirá monitorear síntomas sin necesidad de que el paciente haga nada: “ni ponga el dedo en el celular, ni se acerque a un detector... Será como un “gran hermano del cuerpo humano -cuenta entusiasmado- Todos estos desarrollos permiten que ahora hagamos menos transplantes, porque la prevención da resultados”.
“Ser solo especialistas no permite tratar a los pacientes. Hay que tomarse tiempo para conocerlos y entender qué y por qué padecen”, resalta. Y en su especialidad esa postura es indispensable: la IC puede ser disparada por un montón de motivos (hipertensión arterial, obesidad, tabaquismo, diabetes, taponamientos de arterias... y la lista sigue) y hace falta estar atento a todos.
“Como su nombre lo indica, la IC significa que el corazón no da abasto; no le alcanzan las fuerzas para bombear la sangre. Y en la gran mayoría de los casos, la causa es el infarto del músculo cardíaco”, explica para todo público, y enumera síntomas a los que hay que estar atentos para no llegar al infarto: falta de aire, fatiga fácil, hinchazón de piernas, cambio de ritmo diurético...
Perrone, a quien la Municipalidad de la capital lo nombró ayer ciudadano ilustre, “creció” con René Favaloro. El gran cardiólogo argentino no solo operó a su papá (también médico) sino que fue su maestro. “Además de sus valores éticos, su mejor enseñanza fue dejarme hacer”, cuenta. Y entonces Perrone hizo: se especializó en transplante intratorácico y actualmente es, entre otras muchas, muchísimas cosas, asesor del Fleni, del Sanatorio de la Trinidad Mitre y del Instituto Cardiovascular Lezica; y dirige el Departamento de Cirugía Cardiovascular y Trasplante del Hospital Italiano de Mendoza (donde en su momento operó a Sandro) y el programa de trasplante intratorácico en el Hospital de Alta Complejidad en Red El Cruce, de Florencio Varela, Buenos Aires. Y, lo mejor de todo, nunca dejó de ser “médico”.






