El “Chueco” estiraba droga en su casa y la distribuía en tres quioscos de San Cayetano

El “Chueco” estiraba droga en su casa y la distribuía en tres quioscos de San Cayetano

Drogas Peligrosas incautó unas 270 dosis de “alita de mosca” y marihuana, y desarticuló una red que operaba en el populoso barrio.

PATEANDO PUERTAS. Un policía ingresa a una vivienda en busca de un joven que intentaba huir del lugar. la gaceta / foto de diego aráoz PATEANDO PUERTAS. Un policía ingresa a una vivienda en busca de un joven que intentaba huir del lugar. la gaceta / foto de diego aráoz
28 Agosto 2016

El 20 de Junio, al sur de San Cayetano, es un barrio humilde. La mayoría de sus calles son de ripio y en casi todo momento se percibe el olor nauseabundo que emana del canal. En la cuadra de Anselmo Rojo al 500, las casas son precarias, menos una. Allí la División de Drogas Peligrosas de la Policía Federal encontró droga y detuvo a un joven de 33 años que está acusado de dirigir una organización que tenía varios puestos de venta de cocaína y marihuana en la zona. En total, se secuestraron unas 270 dosis de “alita de mosca”, 30 bagullos de “hierba” y $ 15.000 en efectivo. También quedaron arrestadas otras cuatro personas, tres de ellas mujeres.

A las 15, el cuerpo de elite de la fuerza irrumpió a la fuerza en el domicilio que tenía algunos detalles lujosos en su frente, entre ellos, rejas decoradas hasta con piezas de bronce. El “Chueco”, que en ese momento estaba preparando las dosis para la venta del fin de semana, no tuvo tiempo de cerrar esa puerta de metal diseñada para que sea imposible derrumbarla. Intentó escapar por un salón donde supuestamente funcionaba una bicicletería. Y es un supuesto porque el negocio era tan sólo una fachada, ya que de taller de ese rubro sólo tenía el cartel, puesto que los agentes no encontraron ningún rodado y mucho menos herramientas. Sobre la mesa donde realizaba la tarea, quedó un rallador, una tiza de cocaína y varios papelitos listos para envasar la sustancia que preparaba.

Al observar el movimiento de los efectivos, los vecinos comenzaron a agolparse. Algunos intentaron defender al “narco”, pero desistieron de su actitud cuando descubrieron que en esa cuadra, en cuestión de minutos, había más de 20 efectivos fuertemente armados. Y comenzaron a retirarse cuando se enteraron de que los hombres de la Federal, de manera simultánea, habían ingresado a otros tres domicilios ubicados a pocas cuadras del lugar.

“Era hora de que alguien hiciera algo. Todos sabíamos que algo malo estaba pasando en esa casa. Todo el tiempo venían jóvenes, golpeaban la puerta y se iban”, destacó Marina, una de las pocas vecinas que se atrevió hablar con la condición de no contar nada sobre el dueño de casa. “Aquí nadie la dará información. Es más, no sé qué vienen a hacer acá. ¿Creen que es en el único barrio que venden droga?”, dijo una mujer cuando descubrió a LA GACETA trabajando en el lugar.

Mientras los policías federales revisaban la vivienda, algunos jóvenes, que caminaban como fantasmas por la cuadra, intentaban burlar los controles. Otros adictos, al observar a los uniformados, intentaban escapar desesperados ingresando a las casas de los vecinos y saltando tapias. Esa situación generó algunas persecuciones.



Por la calle, arrastrando los pies, y con la mirada perdida y el mismo andar que un alma en pena, andaban los adictos. Los investigadores no podían convencerlos de que se retiraran del lugar porque allí no podrían comprar drogas. Uno de ellos, que apenas si podía mantenerse en pie, empujaba a los hombres con armas largas.

“Está perdido. Ni siquiera sabe lo que está haciendo”, explicó Mario Fernández. “Siempre es lo mismo. Esta gente destruye vidas y familias enteras con las porquerías que vende. Desde hace mucho tiempo que vemos deambular a estos chicos así. Lo más grave es que muchos de ellos, por la desesperación que tienen de consumir, roban a todos cualquier cosa para poder comprar”, agregó.

La investigación

Los investigadores, al mando del subcomisario Jorge Luján, supervisado por el comisario Rubén Hernández, después de haber recibido denuncias anónimas, sospechaban que el “Chueco” (fue detenido hace poco más de dos años por la Digedrop) había montado una organización dedicada al narcomenudeo. Les llevó varios meses establecer cómo era la operatoria que realizaba para llevar adelante su negocio.

Con el allanamiento de ayer, sumaron pruebas para demostrar que en su vivienda estiraba la droga y se comercializaban las dosis. Allí encontraron una tiza de cocaína, tres kilos de Manitol (sustancia utilizada para estirar la sustancia), elementos para desarrollar este proceso, $ 15.000 en efectivo y ocho celulares.

Según los federales, el “Chueco”, después de preparar la mercadería, la distribuía en al menos tres viviendas cercanas a la suya. Sólo en una de ellas no encontraron sustancias, mientras que en las restantes incautaron “alita de mosca” y marihuana. En esos procedimientos se detuvo a un hombre y a tres mujeres, que recibieron el beneficio del arresto domiciliario al ser madres de menores de edad que son el sostén de sus hogares.

Los puestos de venta estaban ubicados en lugares estratégicos. Dos de ellos habían sido montados en terrenos donde hay varias viviendas y con una serie de callejones que transformaban al lugar en una especie de laberinto. La casa donde no encontraron nada está ubicada a metros de la rotonda de Anselmo primera cuadra.

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