La agresión de hinchas a un jugador en La Ciudadela

LA  GACETA
Por LA GACETA 10 Agosto 2016
Es reflejo del malestar social, de la intolerancia, de la incultura, de la delincuencia. La violencia no es fuerza sino debilidad, nunca podrá crear cosa alguna, solamente la destruirá” sostenía el pensador italiano Benedetto Croce (1866-1952). Desde hace muchos año, la violencia viene ganando un desdichado protagonismo en el deporte, especialmente en el fútbol, incluso en partidos amistosos, que son de preparación. El domingo pasado, en la cancha de San Martín, un grupo de hinchas ingresó al campo de juego cuando los jugadores de Atlético efectuaban movimientos de precalentamiento, se burlaron de ellos y agredieron a uno de los jugadores.

Un directivo de los “decanos” atribuyó la agresión a la falta de seguridad. “Nos podemos bancar todo tipo de cargadas pero me pareció que esa parodia no correspondía”, comentó el vicepresidente primero de la institución y se refirió a la presencia de dos hombres que ingresaron a la cancha vestido de “Quico” y del “Chavo”, uno de ellos llevaba una remera que decía “La Banda del Camión”, una facción de la barrabrava “Santa”.

El mediocampista “decano” se hallaba haciendo movimientos de calentamiento cuando recibió una patada de un desconocido. “Primero se puso a mi lado y me decía que era un pecho frío. Luego me siguió insultando durante la entrada en calor y me pegó. La verdad que no sé qué hacía tanta gente metida ahí”, relató el futbolista mendocino, de 23 años. El directivo de Atlético dijo que los dirigentes del “Santo” debían dar una explicación por la agresión que sufrió el plantel en el estadio de La Ciudadela.

La violencia no es propia solamente de los barras bravas, ha contagiado a algunos padres de niños que practican el deporte de la redonda. “Inconcebible: suspenden un clásico infantil por la agresión de un padre”, se titula la crónica de nuestro diario del 18 de julio pasado. “El clásico tucumano de la categoría 2004 debió suspenderse esta tarde cuando el padre de un jugador de San Martín ingresó a la cancha de San José para agredir al árbitro. Atlético goleaba 3 a 0 cuando los ánimos en las tribunas se comenzaron a caldear. Argumentando que favorecía al ‘Decano’, el papá de uno de los chicos del ‘Santo’ entró corriendo al campo e intentó golpear al referí. Tras el lamentable incidente, el juez debió dar por terminado el encuentro de infantiles a cinco minutos del final”, señalaba la nota.

Más que preocupantes, estos episodios son graves. El primero es una muestra más de la impunidad con que actúan estos inadaptados disfrazados de hinchas que, al parecer, habrían contado con la complicidad de dirigentes, así como de fuerzas de seguridad; no se explica de otro modo cómo pudieron acceder al campo de juego. Se supone que también se conoce la identidad de los agresores, pero no se tiene noticia de que algún juez haya actuado de oficio. Ayer, el agresor pidió disculpas y dijo haber recibido amenazas de muerte.

En el segundo episodio, es muy grave que un progenitor que debería dar el ejemplo de civilidad a sus hijos, agreda a un árbitro por estar disconforme con sus fallos. Se podría sancionarlo prohibiéndole el acceso a cualquier cancha por un tiempo determinado o, en su defecto, crear un gabinete psicológico para padres irascibles. En la medida que se sigan pasando por alto estos incidentes y no se desenmascare a los violentos y a quienes los amparan, difícilmente se erradicará la violencia en el deporte.

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