13 Marzo 2004 Seguir en 
La españolísima Avenida de Mayo fue el espacio elegido por los porteños para manifestar su dolor por los testimonios de barbarie en Madrid. Ha sido una convocatoria amplia, donde no faltaron adhesiones de colectividades muy diversas, conscientes de que se ha producido otra señal de incertidumbre sobre el rumbo de la comunidad internacional. Nuestros grandes problemas cotidianos están prácticamente suspendidos desde aquel instante trágico, hasta el punto de que los hechos y los mensajes públicos sobre cuestiones propias han sido ocultados por ese sentimiento común ante el terror indiscriminado. No se trata de retórica, en verdad, sino de una sensación de congoja, temor e indignación que trasciende a todas las actividades. Los hechos se produjeron cuando circunstancias locales, como las negociaciones con el Fondo Monetario, ocupaban la atención pública, mientras la realidad política recogía novedades en el discurso oficial consiguiente, advirtiéndose ello especialmente en el del presidente Kirchner. Todo ello pasó de inmediato a segundo plano y los porteños pudieron advertir hasta qué punto nuestro país no puede desentenderse livianamente de la realidad mundial que lo convoca.
Por la convivencia
Convivencia sin sectarismos reclamó Kirchner a su auditorio transversalista de Parque Norte, esforzándose por eludir la frecuente retórica trepidante con que el poder busca apoyos entre nosotros. En igual sentido, la senadora Fernández de Kirchner inició la serie con la advertencia de que el pasado es eso, memoria de los mayores, mientras el deber presente consiste en preparar el futuro de las nuevas generaciones. Fue un acto comprometido, pero no del peronismo, apenas presente con sus viejos ritos. No hubo explicaciones sobre la deuda y el FMI, y sí señalamientos profundos de lo que acababa de acontecer en Madrid. En consecuencia, tampoco se hizo necesario el discurso triunfalista previsto, que se esperaba después de haberse pagado al organismo internacional sin otra seguridad que una promesa de buena fe. Entretanto, en El Vaticano, el canciller Bielsa recogía el afecto diplomático ante la certeza de que el gobierno no promoverá el aborto, preservando la esencia del espíritu constitucional.
Con Lagos
En la historia, especialmente la contemporánea, se producen hechos bisagras extraordinarios capaces de modificar las realidades en instantes. En nuestro caso, el terror en Madrid ha dejado una huella que seguramente podrá apreciarse mejor en los próximos días, coincidente por añadidura con los efectos contemporizadores de la nueva relación en el frente externo. Es muy probable que hoy, nuevamente, esa tendencia se manifieste durante el acto previsto para honrar el centenario del Cristo Redentor, en los Andes, por los presidentes argentino y chileno. Si todo ello es así, la política nacional y sus relaciones con el mundo comenzarán a dar nuevas señales de confiabilidad en que las diferencias propias de la pluralidad de intereses retornan a los buenos tiempos de las negociaciones que dieron prestigio al país y progreso a nuestra sociedad. (De nuestra Sucursal)
Por la convivencia
Convivencia sin sectarismos reclamó Kirchner a su auditorio transversalista de Parque Norte, esforzándose por eludir la frecuente retórica trepidante con que el poder busca apoyos entre nosotros. En igual sentido, la senadora Fernández de Kirchner inició la serie con la advertencia de que el pasado es eso, memoria de los mayores, mientras el deber presente consiste en preparar el futuro de las nuevas generaciones. Fue un acto comprometido, pero no del peronismo, apenas presente con sus viejos ritos. No hubo explicaciones sobre la deuda y el FMI, y sí señalamientos profundos de lo que acababa de acontecer en Madrid. En consecuencia, tampoco se hizo necesario el discurso triunfalista previsto, que se esperaba después de haberse pagado al organismo internacional sin otra seguridad que una promesa de buena fe. Entretanto, en El Vaticano, el canciller Bielsa recogía el afecto diplomático ante la certeza de que el gobierno no promoverá el aborto, preservando la esencia del espíritu constitucional.
Con Lagos
En la historia, especialmente la contemporánea, se producen hechos bisagras extraordinarios capaces de modificar las realidades en instantes. En nuestro caso, el terror en Madrid ha dejado una huella que seguramente podrá apreciarse mejor en los próximos días, coincidente por añadidura con los efectos contemporizadores de la nueva relación en el frente externo. Es muy probable que hoy, nuevamente, esa tendencia se manifieste durante el acto previsto para honrar el centenario del Cristo Redentor, en los Andes, por los presidentes argentino y chileno. Si todo ello es así, la política nacional y sus relaciones con el mundo comenzarán a dar nuevas señales de confiabilidad en que las diferencias propias de la pluralidad de intereses retornan a los buenos tiempos de las negociaciones que dieron prestigio al país y progreso a nuestra sociedad. (De nuestra Sucursal)







