Juan Manuel Asis
Por Juan Manuel Asis 17 Julio 2016
Políticamente, el año del Bicentenario ya fue, aunque queden ceremonias y espectáculos para continuar festejando los 200 años de la Independencia y se mantengan hasta diciembre los logos de ocasión. Para la dirigencia los objetivos son otros desde la cero del 10 de julio. Hasta el colorido desfile por la avenida Mate de Luna, la prioridades venían siendo: una gestión sin sobresaltos, pagar los sueldos a tiempo, mantener la paz social, asegurar la gobernabilidad y establecer buenas relaciones institucionales Nación-Provincia; Provincia-Municipio capitalino. No es que esas premisas hayan caído después del 9, ni relegadas en el horizonte de los intereses; mantendrán su vigencia por su peso específico; sólo sucede que a todas ellas se sumarán otros condimentos que pueden distraerlas o afectarlas.

¿Cuáles? Principalmente la elección de medio mandato de diputados nacionales y la necesidad de posicionamientos territoriales o de ampliar las bases de sustentación política de los principales referentes. En síntesis; entrará a terciar la pelea -se quiera o no y por su propia inercia- por los espacios de poder. La pregunta obvia es entre quiénes. En el oficialismo pejotista, cual si se repitiera el trípode de poder de 2003 (Alperovich-Juri-Miranda), las miradas van ahora al nuevo trípode: Manzur-Jaldo-Alperovich. Y si de peronismo se trata; habría que considerar al intendente Germán Alfaro en ese mundo de instalaciones. O, por lo menos, de mínima mirar hacia su espacio.

Trípode nuevo
El trípode MJA -no el AJM, para bromear con las letras que, coincidentemente, son las mismas-, sigue firme. La sociedad se mantiene, apuntan integrantes del Gobierno y algunos dirigentes de segunda línea que no ven gestos dirigidos al resquebrajamiento en ese equipo. Se vinieron manteniendo así hasta las celebraciones centrales del Bicentenario, ya que ninguno fijó distancias públicas entre sí, y no se salieron del marco de referencia que los incluye. La institucionalidad por sobre todo. Las imágenes que se difundían de los tres, en Casa de Gobierno o en el domicilio del senador, decían que el equipo funcionaba como tal; pero “mostraban” cierta ascendencia gestual del ex gobernador, como si los otros fueran al pie, a la antigua usanza. ¿Hay que esperar que todo este panorama cambie? No de la boca para afuera, pero hay que estar atentos a las señales, incluso a las de humo; esas que se hacen sólo para distraer o para descubrir quién está con quién. Pruebas de lealtades que le dicen.

Entre los tres hay elementos comunes a tener en cuenta, algunos surgen sorpresivamente de los lugares menos esperados, como el de las redes sociales; si es que se pretende descubrir algo por ese lado en materia de “medir” la temperatura de las relaciones (frías o tibias) o grados de desconfianzas mutuas. Ejemplo, por Twitter, Manzur (@JuanManzurOK), Jaldo (@OsvaldoJaldo) y Alperovich (@JalperovichOK) “se siguen mutuamente”. Es decir, no se pierden pisadas, o por lo menos los administradores de sus cuentas públicas. Todo sirve; saber qué escribe o qué piensa el otro es fundamental; máxime para sus seguidores o para aquellos que aspiran a “decodificar” las entrelíneas a los fines de saber a dónde dirigirse o con quién cobijarse. El gobernador, hasta ayer a las 20, tenía más seguidores (7.100) que el senador (1.210) y que el presidente de la Legislatura (984). En Twitter, claro.

Y hay un dato político que puede resultar interesante, el binomio gubernamental “sigue” al tuitero Alfaro (@AlfaroGerman); no así el ex mandatario. Tampoco el jefe municipal tiene en su lista a Alperovich. Ellos, en verdad, no simpatizan, y lo dejan bien en claro; no quieren saber qué dice o qué piensa el otro. La historia de diferencias entre ellos es conocida y es de larga data; Alperovich vetó en su momento a Alfaro como secretario de Gobierno de Domingo Amaya y luego el hombre de Amalia se tomó una dulce venganza en las urnas, convirtiéndose en el único dirigente, encima peronista, que le ganó una elección. Eso no es gratis. Es difícil que esa relación se restablezca. Ni siquiera en la red social.

Datos de color anexos, con inevitables comentarios y lecturas políticas: todos ellos, los cuatro peronistas, siguen al radical José Cano (@JCanoOK) en esa red social. Cada uno tendrá sus motivos. A Macri (@mauriciomacri) lo siguen todos, menos Alperovich, que en su cuenta aún “sigue” a Cristina (@CFKArgentina)

¿Hay señales más serias para tener en cuenta? Los rumores pre-Bicentenario hablaban de cambios en el gabinete provincial a posteriori de los festejos y también de acciones concretar de vuelta al ruedo con toda la fuerza por parte de Alperovich, para dejar sentado que su paso por el Senado es una transición a la espera de volver a la Casa de Gobierno en 2019. Las versiones pretéritas apuntaban, en ese marco, al debilitamiento de las uniones de aquella sociedad y al inicio de un quiebre en el segundo semestre; el ya famoso “segundo semestre” del frustrado despegue económico macrista.

Lo que se vio fue una cita de Manzur a todo el gabinete dos días después del 9 de julio. Se puede decir que ratificó a todos -para tranquilidad de más de uno-, al equipo que armó y en el que confía. Más allá de estar exultante por los festejos, el mandatario celebró que sus colaboradores hayan apuntalado la gobernabilidad y a la gestión. Como alguien mencionó, eran tantos funcionarios, que no podía bajar líneas políticas. Se contuvo en lo institucional. Pero, se le ven los colmillos, graficó un caminador de los pasillos gubernamentales, que sugiere que el mandatario sabe disimular sus intenciones. Manzur es un tiempista, y como los otros aguarda su momento.

Por el momento valen las acciones que pueden ser interpretados como mensajes hacia los compañeros de ruta. ¿Cuáles? Alperovich -por ejemplo- aprovecha las redes sociales para difundir que se sigue manteniendo en contacto con la gente. El gobernador, en tanto, que se venía caracterizando por visitas a empresas, en esta semana mostró que va a desempolvar el oflador y a retomar la relación con los vecinos, casa por casa. Habrá que seguir sus visitas a través de sus cuentas en Twitter. Otra: la relación con Alfaro. Alperovich, ya vimos, ni por la red social lo sigue.

En cambio, esta semana tanto el titular del Ejecutivo como el intendente se arrojaron flores y destacaron la buena relación institucional que mantienen. He ahí una diferencia entre el senador y su sucesor en el sillón de Lucas Córdoba. Si quiere distanciarse de su antecesor, Manzur tiene la excusa perfecta para mostrarse simpático con el jefe municipal: ambos deben gestionar y llevarse bien; pero también puede leerse que no quiere repetir errores políticos. Yo no soy José; solía decir Manzur. El ex gobernador estaba peleado con la dirigencia bancaria, su sucesor puso fin a la pelea.

Abriendo puertas
¿Más diferencias? Alperovich le cerró siempre la puerta de ingreso a la Justicia al penalista Gustavo Romagnoli; lo hizo en 10 ocasiones. Ahora, Manzur le dio la bienvenida, le abrió la puerta en la primera ocasión. Y lo hizo en dupla con Jaldo. Desde el alperovichismo se minimizó esta situación y la eventualidad del mensaje. Más preocupada debería estar Susana Trimarco, se apuntó por lo bajo desde esa trinchera.

La seguridad es un tema clave en la que podrían verificarse diferencias; pero hasta ahora parece seguirse la misma línea que la gestión anterior. Aún después que en su paso por Tucumán, el secretario de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco, haya dicho ante unos cuantos funcionarios locales que la Policía tucumana es la segunda mas corrupta del país después de la de bonaerense. ¿Se hará algo al respecto? Por de pronto, Manzur sumó a su gabinete a Claudio Maley -ex comandante de Gendarmería- como subsecretario de Coordinación en el área de Gobierno. Es un hombre con mucha experiencia y un amplio conocimiento en materia de seguridad, apuntó el gobernador, dejando entrever que este tema está en la agenda futura. Todavía es una deuda pendiente un plan eficaz contra la inseguridad.

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