Nada graficó mejor la situación que el caso del periodista británico que, acompañando al Celtic, pidió al empleado del hotel que le consiguiera un taxi y le preguntó si él también iría al partido en el Victoria Stadium. “Sí, juego en el Lincoln”, le respondió Dean Torrilla. El Lincoln Red Imps era un equipo aficionado hasta hace tres años, cuando la UEFA autorizó a los clubes de Gibraltar a competir en copas europeas.
Campeón los últimos 14 años de la pequeña liga de Gibraltar, el Lincoln comenzó a pagar sueldos modestos a humildes jugadores que fichó de España y de Portugal. El miércoles pasado, por la fase de clasificación a la Liga de Campeones, un gol del policía Marco Casciario permitió al Lincoln ganar 1-0 al escocés Celtic, equipo histórico, fundado hace 129 años y que tiene un presupuesto de 100 millones de euros anuales. Este miércoles se jugará la revancha en Celtic Park. ¿Habrá milagro otra vez?
También este miércoles ingresará en la recta final de su propio milagro Independiente del Valle, el ecuatoriano que eliminó primero a River y luego a Boca y ahora define la Copa Libertadores contra Atlético Nacional, el favorito. En rigor, Independiente, que se clasificó como tercer equipo por Ecuador y por eso debió jugar la fase previa de la Libertadores, no fue favorito en ninguno de sus partidos.
Los chicos al poder
Pero llegó a La Bombonera el jueves pasado no sólo con el antecedente de haber eliminado a River en el Monumental (allí perdió 1-0, pero ganó el global 2-1), sino también de haber superado, por penales, al Pumas mexicano, un club que había armado un presupuesto de U$S 165 millones para ganar la Libertadores. El presupuesto de Independiente es de apenas U$S 5 millones, menos inclusive que los U$S 5,5 millones que había pagado Boca semanas atrás por el pase de Darío Benedetto, un atacante de apenas un gol en el último semestre y que inició el partido del jueves pasado sentado en el banco de suplentes. ¿Cómo no animarse entonces a decir que Boca era el favorito? ¿Si además Boca ganó seis veces un trofeo que el equipo ecuatoriano simplemente imaginaba en sus sueños más dulces, al punto que adoptó su nombre inspirado en el Independiente argentino, máximo ganador de la Libertadores?
Una cosa, claro, era decir que Boca era favorito. Y otra que no podía perder. Podía sí, como ya lo habían hecho River y Pumas. Ver un partido por TV tiene sus problemas. Pero también sus ventajas. Apenas Cristian Pavón abrió la cuenta a los 3 minutos el jueves pasado, miles y miles comenzaron a imaginar la goleada. Resultado, pelota y público a favor, el combo perfecto. La cámara mostró en cambio a Guillermo Barros Schelotto haciendo el típico gesto de “ahora calma” con ambas manos. Otra cámara enfocó segundos después a Diego Maradona en su palco VIP. Hizo el mismo gesto. Miles y miles -y me incluyo en la lista- creíamos que, más que calma, era momento de presionar por el segundo gol, porque a Independiente le costaba hacer tres pases bien. Perdía la pelota seguido. El propio Pavón aprovechó uno de esos temblores, pero pasó impreciso a un Carlos Tevez que, encima, carece de reacción física. No importó. Fue otra señal de la goleada que se venía.
Todos somos DT
“Faltó inteligencia”, escuché decir a Raúl Cascini tras el partido, en línea con esos pedidos de “calma” del “Mellizo” y de Diego. “Había que haberse retrasado 20 metros. Darles la pelota, esperar sus errores y contragolpear con más espacio”, completó Cascini.
Claro, si, aún así, Independiente hubiese ganado, acaso la reflexión sería la opuesta. En el famoso diario de los lunes la pregunta habría pasado a ser: ¿por qué Boca no salió a definir el partido en esos minutos iniciales en los que Independiente no podía hacer pie?
“Faltó inteligencia”, como dijo Cascini, fue igual a decir faltó un líder como Juan Román Riquelme que trasladara al campo el pedido de “ahora calma” del DT y comenzara a pensar y a dictar cuáles debían pasar a ser los tiempos del partido. Los que más le hubiesen convenido a Boca. Sobre todo porque Boca, sabemos, no es un equipo que se defienda bien si tiene que salir a buscar el partido. No tiene defensores rápidos. Y tampoco los tuvo atentos.
El gol del empate fue un compendio de errores. Ni qué decir de los dos siguientes, apenas iniciado el segundo tiempo, los que sentenciaron la lucha. A Boca lo atacaron poco y le marcaron mucho. En el fútbol, juego de equipo, la defensa es colectiva, es cierto. Pero la última línea de Boca cometió horrores en los goles de allá y de acá. Y Boca gastó millones en atacantes. Para dejarlos en el banco de suplentes.
No le salió la jugada
Así como no hay explicación para la torpeza de Agustín Orión -torpeza ya no de la inexperiencia, pero sí acaso de la suficiencia- tampoco la haya tal vez para analizar el caso de Carlos Tevez, cuya debacle quedó relegada ante los rumores de su posible partida (negados también). Tevez, seguramente desanimado ya sin el objetivo de la Libertadores, había llamado personalmente a Jorge Sampaoli para que asumiera como DT apenas después de la salida del “Vasco” Arruabarrena, tal su poder en Boca. Sampaoli usa defensores rápidos, que ayuden a jugar con el equipo adelantado. El ex DT de Chile eligió irse al Sevilla.
¿Desacomodó su posición en el campo la llegada del “Mellizo” que le pidió que jugara más de punta? ¿Desacomodó compartir ego? “El mejor Tevez de la vuelta fue el del inicio porque llegó con lo que le quedaba del paso europeo, pero una vez acá todo cambia. Desde que subís al auto todo es distinto”, dijo el “Beto” Márcico, apenas antes del partido del jueves. Para ir más de punta entró Benedetto, el hombre de los U$S 5,5 millones. El jugador que, ya dijimos, significa él solo todo el presupuesto anual de Independiente del Valle. El refuerzo número 43, dijo ayer el diario “La Nación”, que elevó a 54,4 millones de dólares el gasto de la era de cuatro años de Daniel Angelici, algo así como el Florentino Pérez (presidente de Real Madrid) argentino.
En 2007, cuando Boca ganó su última Libertadores, Independiente, un club fundado en 1958, jugaba en la Tercera división de Ecuador y tenía otro nombre. Los Rayados, como se los conoce, cambiaron cara con el arribo en 2006 del empresario de origen alemán Michelle Deller como nuevo accionista. Formó jugadores en su hoy formidable complejo de siete canchas reglamentarias y una sintética de Salgonquí, ganó ascensos con jugadores propios que vendió a clubes más grandes y ahora puede ganar la Libertadores y hasta soñar con jugar la final del Mundial de Clubes contra Real Madrid. Como ya lo había hecho en los cotejos contra River, Pumas y Boca, volverá a donar la recaudación de la final de ida del miércoles a las víctimas del tremendo terremoto que sufrió Ecuador en abril pasado, lo que acrecentó gran simpatía nacional a la gesta de Los Rayados. Es imposible no emocionarse con la gesta de los más débiles.
El mundo vio con asombro que Chile volviera a ganarle una segunda final seguida de Copa América a la Argentina de Leo Messi, número uno del ranking FIFA. Vio luego a Islandia y a Gales sorprendiendo en una Eurocopa en cuya final Portugal doblegó al superfavorito Francia. El fútbol suele ser un espejo del mundo, pero apenas más generoso, en tiempos gobernados por el dinero y en los que los más ricos agrandan diferencias con los más pobres. La meca de ese fútbol millonario de TV toda de pago y los boletos más caros del mundo es la Premier League. Inglaterra, justamente, es el país en el que este año se produjo la sorpresa máxima: Leicester, el equipo que pagaba en las apuestas 5000 a 1.
Casualidad, o no, advierto que escribo esta columna un sábado 16 de julio. A 66 años exactos del 2-1 de Uruguay ante Brasil en la final del Mundial de 1950. El día del Maracanazo.
Campeón los últimos 14 años de la pequeña liga de Gibraltar, el Lincoln comenzó a pagar sueldos modestos a humildes jugadores que fichó de España y de Portugal. El miércoles pasado, por la fase de clasificación a la Liga de Campeones, un gol del policía Marco Casciario permitió al Lincoln ganar 1-0 al escocés Celtic, equipo histórico, fundado hace 129 años y que tiene un presupuesto de 100 millones de euros anuales. Este miércoles se jugará la revancha en Celtic Park. ¿Habrá milagro otra vez?
También este miércoles ingresará en la recta final de su propio milagro Independiente del Valle, el ecuatoriano que eliminó primero a River y luego a Boca y ahora define la Copa Libertadores contra Atlético Nacional, el favorito. En rigor, Independiente, que se clasificó como tercer equipo por Ecuador y por eso debió jugar la fase previa de la Libertadores, no fue favorito en ninguno de sus partidos.
Los chicos al poder
Pero llegó a La Bombonera el jueves pasado no sólo con el antecedente de haber eliminado a River en el Monumental (allí perdió 1-0, pero ganó el global 2-1), sino también de haber superado, por penales, al Pumas mexicano, un club que había armado un presupuesto de U$S 165 millones para ganar la Libertadores. El presupuesto de Independiente es de apenas U$S 5 millones, menos inclusive que los U$S 5,5 millones que había pagado Boca semanas atrás por el pase de Darío Benedetto, un atacante de apenas un gol en el último semestre y que inició el partido del jueves pasado sentado en el banco de suplentes. ¿Cómo no animarse entonces a decir que Boca era el favorito? ¿Si además Boca ganó seis veces un trofeo que el equipo ecuatoriano simplemente imaginaba en sus sueños más dulces, al punto que adoptó su nombre inspirado en el Independiente argentino, máximo ganador de la Libertadores?
Una cosa, claro, era decir que Boca era favorito. Y otra que no podía perder. Podía sí, como ya lo habían hecho River y Pumas. Ver un partido por TV tiene sus problemas. Pero también sus ventajas. Apenas Cristian Pavón abrió la cuenta a los 3 minutos el jueves pasado, miles y miles comenzaron a imaginar la goleada. Resultado, pelota y público a favor, el combo perfecto. La cámara mostró en cambio a Guillermo Barros Schelotto haciendo el típico gesto de “ahora calma” con ambas manos. Otra cámara enfocó segundos después a Diego Maradona en su palco VIP. Hizo el mismo gesto. Miles y miles -y me incluyo en la lista- creíamos que, más que calma, era momento de presionar por el segundo gol, porque a Independiente le costaba hacer tres pases bien. Perdía la pelota seguido. El propio Pavón aprovechó uno de esos temblores, pero pasó impreciso a un Carlos Tevez que, encima, carece de reacción física. No importó. Fue otra señal de la goleada que se venía.
Todos somos DT
“Faltó inteligencia”, escuché decir a Raúl Cascini tras el partido, en línea con esos pedidos de “calma” del “Mellizo” y de Diego. “Había que haberse retrasado 20 metros. Darles la pelota, esperar sus errores y contragolpear con más espacio”, completó Cascini.
Claro, si, aún así, Independiente hubiese ganado, acaso la reflexión sería la opuesta. En el famoso diario de los lunes la pregunta habría pasado a ser: ¿por qué Boca no salió a definir el partido en esos minutos iniciales en los que Independiente no podía hacer pie?
“Faltó inteligencia”, como dijo Cascini, fue igual a decir faltó un líder como Juan Román Riquelme que trasladara al campo el pedido de “ahora calma” del DT y comenzara a pensar y a dictar cuáles debían pasar a ser los tiempos del partido. Los que más le hubiesen convenido a Boca. Sobre todo porque Boca, sabemos, no es un equipo que se defienda bien si tiene que salir a buscar el partido. No tiene defensores rápidos. Y tampoco los tuvo atentos.
El gol del empate fue un compendio de errores. Ni qué decir de los dos siguientes, apenas iniciado el segundo tiempo, los que sentenciaron la lucha. A Boca lo atacaron poco y le marcaron mucho. En el fútbol, juego de equipo, la defensa es colectiva, es cierto. Pero la última línea de Boca cometió horrores en los goles de allá y de acá. Y Boca gastó millones en atacantes. Para dejarlos en el banco de suplentes.
No le salió la jugada
Así como no hay explicación para la torpeza de Agustín Orión -torpeza ya no de la inexperiencia, pero sí acaso de la suficiencia- tampoco la haya tal vez para analizar el caso de Carlos Tevez, cuya debacle quedó relegada ante los rumores de su posible partida (negados también). Tevez, seguramente desanimado ya sin el objetivo de la Libertadores, había llamado personalmente a Jorge Sampaoli para que asumiera como DT apenas después de la salida del “Vasco” Arruabarrena, tal su poder en Boca. Sampaoli usa defensores rápidos, que ayuden a jugar con el equipo adelantado. El ex DT de Chile eligió irse al Sevilla.
¿Desacomodó su posición en el campo la llegada del “Mellizo” que le pidió que jugara más de punta? ¿Desacomodó compartir ego? “El mejor Tevez de la vuelta fue el del inicio porque llegó con lo que le quedaba del paso europeo, pero una vez acá todo cambia. Desde que subís al auto todo es distinto”, dijo el “Beto” Márcico, apenas antes del partido del jueves. Para ir más de punta entró Benedetto, el hombre de los U$S 5,5 millones. El jugador que, ya dijimos, significa él solo todo el presupuesto anual de Independiente del Valle. El refuerzo número 43, dijo ayer el diario “La Nación”, que elevó a 54,4 millones de dólares el gasto de la era de cuatro años de Daniel Angelici, algo así como el Florentino Pérez (presidente de Real Madrid) argentino.
En 2007, cuando Boca ganó su última Libertadores, Independiente, un club fundado en 1958, jugaba en la Tercera división de Ecuador y tenía otro nombre. Los Rayados, como se los conoce, cambiaron cara con el arribo en 2006 del empresario de origen alemán Michelle Deller como nuevo accionista. Formó jugadores en su hoy formidable complejo de siete canchas reglamentarias y una sintética de Salgonquí, ganó ascensos con jugadores propios que vendió a clubes más grandes y ahora puede ganar la Libertadores y hasta soñar con jugar la final del Mundial de Clubes contra Real Madrid. Como ya lo había hecho en los cotejos contra River, Pumas y Boca, volverá a donar la recaudación de la final de ida del miércoles a las víctimas del tremendo terremoto que sufrió Ecuador en abril pasado, lo que acrecentó gran simpatía nacional a la gesta de Los Rayados. Es imposible no emocionarse con la gesta de los más débiles.
El mundo vio con asombro que Chile volviera a ganarle una segunda final seguida de Copa América a la Argentina de Leo Messi, número uno del ranking FIFA. Vio luego a Islandia y a Gales sorprendiendo en una Eurocopa en cuya final Portugal doblegó al superfavorito Francia. El fútbol suele ser un espejo del mundo, pero apenas más generoso, en tiempos gobernados por el dinero y en los que los más ricos agrandan diferencias con los más pobres. La meca de ese fútbol millonario de TV toda de pago y los boletos más caros del mundo es la Premier League. Inglaterra, justamente, es el país en el que este año se produjo la sorpresa máxima: Leicester, el equipo que pagaba en las apuestas 5000 a 1.
Casualidad, o no, advierto que escribo esta columna un sábado 16 de julio. A 66 años exactos del 2-1 de Uruguay ante Brasil en la final del Mundial de 1950. El día del Maracanazo.
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