16 Julio 2016 Seguir en 
Cuando se enteró que la Policía lo tenía en la mira, huyó y durante siete años estuvo prófugo. Se ocultó en Río Negro y volvió hace unos días a visitar a su madre enferma. Jamás se imaginó que los investigadores estarían atentos a sus movimientos y, mucho menos, que lo detendrían.
En julio de 2009, dos menores de 13 y 14 años volvían de una fiesta de 15. En el camino, según consta en el expediente judicial, fueron interceptadas por un hombre que llevaba puesta una campera de policía y un pasamontañas. Luego de amenazarlas con un arma de fuego, le pidió a la más chica y a la mayor, la llevó a un descampado para abusar de ella. Luego huyó dejando abandonada a la adolescente.
La Policía investigó el caso y realizó una lista de cuatro sospechosos. Tres de ellos fueron detenidos y luego liberados al constatar a través de estudios de ADN que no habían sido los atacantes. Fueron hasta la casa del cuarto hombre y allí encontraron la campera de policía y el pasamontañas. El sospechoso, al enterarse que lo estaba buscando, se escapó.
El acusado era conocido por los investigadores, ya que tenía antecedentes por robo agravado, integrar una banda de piratas del asfalto y venta de drogas en Santa Ana. No se pudo establecer qué hizo en Río Negro durante todo este tiempo. Algunas versiones indican que podría haber seguido cometiendo ilícitos o que buscó trabajo en algún establecimiento rural lejano para evitar ser detenido.
Pero más allá de las especulaciones, el hombre se transformó en uno de los cinco hombres más buscados por la policía de la provincia. Personal de la División de Búsqueda y Captura de Prófugos decidieron vigilar la casa del sospechoso, ya que había recibido el dato de que había regresado a la provincia para visitar a su madre.
Los oficiales Cristian Valenzuela, Daniel Brito y Marcos Sanagüa, al mando del comisario Daniel Robles, lo esperaron pacientemente en un barrio de Santa Ana. Cuando lo descubrieron, lo rodearon. Fue tan rápido el movimiento que realizaron, que el prófugo no pudo utilizar el pistolón que tenía en su poder y que terminó arrojando en la vivienda de un vecino. Además, cuando fue requisado por los policías, le descubrieron que tenía puesta una sobaquera, pero que no portaba otra arma.
Por orden de la Justicia, quedó aprehendido en una dependencia policial en el sur de la provincia. Fuentes de Tribunales confirmaron que ya tienen los elementos suficientes para que se le dicte la prisión preventiva.
En julio de 2009, dos menores de 13 y 14 años volvían de una fiesta de 15. En el camino, según consta en el expediente judicial, fueron interceptadas por un hombre que llevaba puesta una campera de policía y un pasamontañas. Luego de amenazarlas con un arma de fuego, le pidió a la más chica y a la mayor, la llevó a un descampado para abusar de ella. Luego huyó dejando abandonada a la adolescente.
La Policía investigó el caso y realizó una lista de cuatro sospechosos. Tres de ellos fueron detenidos y luego liberados al constatar a través de estudios de ADN que no habían sido los atacantes. Fueron hasta la casa del cuarto hombre y allí encontraron la campera de policía y el pasamontañas. El sospechoso, al enterarse que lo estaba buscando, se escapó.
El acusado era conocido por los investigadores, ya que tenía antecedentes por robo agravado, integrar una banda de piratas del asfalto y venta de drogas en Santa Ana. No se pudo establecer qué hizo en Río Negro durante todo este tiempo. Algunas versiones indican que podría haber seguido cometiendo ilícitos o que buscó trabajo en algún establecimiento rural lejano para evitar ser detenido.
Pero más allá de las especulaciones, el hombre se transformó en uno de los cinco hombres más buscados por la policía de la provincia. Personal de la División de Búsqueda y Captura de Prófugos decidieron vigilar la casa del sospechoso, ya que había recibido el dato de que había regresado a la provincia para visitar a su madre.
Los oficiales Cristian Valenzuela, Daniel Brito y Marcos Sanagüa, al mando del comisario Daniel Robles, lo esperaron pacientemente en un barrio de Santa Ana. Cuando lo descubrieron, lo rodearon. Fue tan rápido el movimiento que realizaron, que el prófugo no pudo utilizar el pistolón que tenía en su poder y que terminó arrojando en la vivienda de un vecino. Además, cuando fue requisado por los policías, le descubrieron que tenía puesta una sobaquera, pero que no portaba otra arma.
Por orden de la Justicia, quedó aprehendido en una dependencia policial en el sur de la provincia. Fuentes de Tribunales confirmaron que ya tienen los elementos suficientes para que se le dicte la prisión preventiva.
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