El Bicentenario, desde las vivencias de los chicos

Los viajes, las emociones y las vivencias de los alumnos que vivieron los actos y la fiesta desde adentro.

10 Jul 2016
1

CHICOS FELICES. Las delegaciones escolares participaron de los actos y del desfile. DYN

Mientras las maestras dan los últimos consejos y algunos alumnos se emprolijan el delantal -o el traje, en algunos casos-, en la escuela Patricias Argentinas se respira ansiedad y emoción. Lo dicen los grandes y los chicos ante LA GACETA. Y se nota que lo sienten, que no es un lugar común ni un “cassete”. Saben que, como los más grandes recuerdan el desfile del Sesquicentenario con sus aviones y sus tanques militares, ellos les contarán algún día a sus nietos la historia del soleado día en el que caminaron por la avenida Mate de Luna mientras la Patria cumplía 200 años.

Desde afuera de la escuela llega la voz de los locutores del evento. Por las rejas se filtra el humo de los choripanes que se cocinan en la calle José Ignacio Thames, donde decenas de espectadores almuerzan al paso. Hay flashes por todos lados, de padres embobados que quieren retratar a los pequeños y de selfies de los adolescentes.

Hay diferentes tonadas. Por todos lados desaparecen las eses finales como en el buen tucumano básico, pero también se escucha el acento salteño en un rincón donde pululan los ponchos de color bordó, y más allá la emoción se cuenta en clave pampeana.

Una adolescente pasa caminando en sus enormes zancos mientras esquiva a pequeños niños con delantales celestes que van a ver una función de títeres del Bicentenario. Una banda camina algunos pasos en marcha y a la orden de una profesora, da una vuelta de 360 grados, sin dejar de tocar una melodía folclórica. Un niño con poncho se coloca una nariz de payaso mientras otro de su misma edad luce una galera, no de caballero, sino de mago. El detrás de escena de los alumnos del desfile está lleno de historias.

Escuela Juan B. Terán, de Lastenia  

Los profesores de Artística de la escuela Juan B. Terán, de Lastenia, decidieron romper con el molde del alumno con un guardapolvo impecable sobre una camisa y, -en el caso de los varones- también corbata. “La idea fue representar con colores oscuros lo que significó al antes de la independencia, el parto que representa el nacimiento de la libertad, y con colores lo que vino después”, explicó a LA GACETA la profesora Marcela Vera Borsello.

Con esta apuesta disruptiva, cuatro chicas de la escuela se vistieron de negro y en el pecho llevaron las palabras “dominación, explotación, opresión y colonialismo”. Una de ellas, con un vestido blanco y una panza de embarazada, fue una metáfora viviente del momento en que los congresales dieron a luz con su firma a la Patria, en el Salón de la Jura de la Casa Histórica. En sus manos, nada menos que las rotas cadenas. Otras cuatro nenas representaron el después, una vida con colores donde sobresalen las palabras “lucha, pueblo, igualdad y libertad”.

Escuela Gobernador Critto, de Villa Angelina

Eran 18 alumnos, 18 padres, cuatro docentes, una abuela y una directora esperando un colectivo que les falló. Como faltar al desfile no estaba en los planes, las 42 personas se fueron a la parada de colectivos y se tomaron el 6. “Fue una aventura que nos unió”, dijo la directora, Norma Juárez, al tiempo que agregó: “no faltó ni uno solo de los alumnos. Estaban muy orgullosos de estar acá”. En la foto, Juárez posa con Anabel Escobar y Ana Cecilia Jiménez, ambas de 11 años. “Nos da orgullo, nos gusta estar acá”, afirmó Escobar, mientras que su amiga agregó que este año aprendieron muchas cosas del Bicentenario y de la historia de la Patria. El mismo orgullo tenía la docente Alejandra González de Gibilisco: “esto es tener libertad, sobre todo en la expresión, y respeto por los que no piensan igual. Es muy especial ser parte de la historia”.

Escuela Dionisio Puch, de La Viña

Para el conocedor de la tradición gauchesca del Noroeste argentino, el poncho que usaban los alumnos de la escuela General Dionisio Puch era inconfundible. Salteño, sin dudas, como lo es el pueblo de La Viña. La pequeña localidad se ubica a poco menos de 100 kilómetros al sur de la capital provincial y no tiene más de 5.000 habitantes. Sin embargo, unos 30 de ellos fueron los elegidos para levantar la bandera provincial en el desfile del Bicentenario. “Hicimos talleres para sentir la Independencia. Los chicos trabajaron durante todo el año, fueron a contar a la radio lo que sabían sobre el Bicentenario y hasta pensaron en lo que significa ser libre. Somos la única escuela que vino de Salta”, contó la celadora Sandra Wayar. Al parecer, las lecciones calaron hondo en los alumnos. “Aprendí que esto no se trata sólo de participar en el acto, sino que hay que sentirlo”, dijo uno de ellos, Nahuel López.

Escuela Belgrano

Los alumnos, docentes y la directora de la Escuela de la Patria Manuel Belgrano vivieron la fiesta de una forma muy singular. Es que además de llevar el nombre de uno de los mayores próceres de la historia argentina, forman parte de uno de los establecimientos que se levantaron a partir del dinero que el creador de la bandera donó para ese fin. “Este tema se trabajó mucho. Incluso hicimos una obra de teatro que abarcó desde la llegada de Colón hasta la actualidad. Es doblemente emotivo para nosotros. Nadie se quiso perder el desfile y lamentablemente tuvimos que hacer un sorteo”, contó la directora, Isabel Lemoine (foto). “Ser libre es no depender de otro país. Me siento feliz, es un orgullo estar acá, y me emociona que esté el Presidente”, dijo Patricio Argañaraz de 11 años (izquierda). Su compañero, Alan Delgado (derecha), contó que fue al desfile con su abuela y que lo vivió con mucha alegría porque le gusta la historia.

Escuela inicial Marcos Paz, de Villa Luján

Los comentarios de los nenes de cinco años llevan a que hasta el más serio sonría. “Vamos a salir en la tele”, dijo una pequeña, mientras otra contaba que su abuelo la visitó y ella le enseñó cómo es el Himno Argentino en lenguaje de señas, algo que aprendieron este año. Un varoncito se sumó a la charla del Bicentenario y contó, muy serio: “al rey de España no lo han hecho firmar el acta”. Para ellos, el Bicentenario se vivió en comunidad. “El 7 invitamos a toda Villa Luján a unas campanadas. Además les mostramos videos y conocieron el Himno en señas. Los chicos son muy ocurrentes: les llamó la atención de que antes se jugaba al pato con un animal de verdad, pero se quedaron tranquilos cuando les dijimos que ya no es así”, relató la señorita María Laura Luján.

Instituto Bernardo Larroudé, de La Pampa


Bajo los colores de la bandera argentina se la ve sonriente. “Es muy emocionante, esto es parte de nuestra historia y valoramos mucho el esfuerzo que hicieron los docentes para estar acá. Estamos aprendiendo historia desde otro punto de vista, menos teórico y más emocionante y atractivo”, contó la adolescente Adriana Pérez, abanderada del Instituto Bernardo Larroudé, que lleva el mismo nombre de la localidad pampeana en la que se encuentra ubicado. “Es un orgullo representar a nuestra provincia acá, en este festejo nacional. No hay otra fecha más importante”, expresó Pamela Alfonso con la bandera de La Pampa. Recorrieron más de 1.400 kilómetros para llegar a Tucumán. El largo trayecto en colectivo, según las viajeras, valió la pena.

Comentarios