Prisioneros del discurso

Por Angel Anaya

09 Marzo 2004
Nunca como ahora en las relaciones con el Fondo Monetario un gobierno argentino quedó tan comprometido por su discurso político como el de Kirchner en esta ocasión, imposibilitado de cumplir el débito con el organismo a su vencimiento por haber afirmado repetidamente que no lo haría sin garantías previas. Técnicamente, el default consiguiente no será, en todo caso, automático, pues requiere pasos previos por 180 días, que permiten seguir discutiendo. Pero el nuevo daño a la confiabilidad del país quedará consumado si al atardecer de hoy el pago de US$ no se concreta. Al cierre de esta columna se insinuaba ya un hecho grave, como sería la decisión del Departamento del Tesoro de EE.UU. de cerrar el paraguas con que ha estado protegiendo a la Argentina en el Grupo de los Siete. Este temor era notorio en el Ministerio de Economía, donde Roberto Lavagna consideraba que debía pagarse sin promesa previa del FMI, esperando que el organismo finalmente apruebe la segunda revisión del acuerdo contingente. Por otra parte, la promocionada alternativa de un Plan B para enfrentar las consecuencias del eventual default, parece poco más que un gesto para la tribuna del discurso oficial, pues sería volver a la añeja teoría de vivir con lo nuestro, impracticable en la actual realidad económica internacional.

Sin señales
Un supuesto Plan B usaría las reservas que el Presidente no quiere utilizar con el Fondo, para invertir en el país, pero no calcula el efecto externo entre las economías más poderosas, el G-7, en un tiempo caracterizado por la gran demanda de productos primarios que está permitiendo a nuestro país salir del pozo de la crisis. El eventual incumplimiento está anticipando lo ilusorio en el largo plazo de un plan de tal naturaleza, como demostró la apertura del Merval al iniciarse la semana con una caída sin precedentes desde la crisis al iniciarse la rueda de la víspera, quedando después en incertidumbre. No será la gerente general interina del FMI, Anne Krueger, quien anticipe a la Casa Rosada lo que decidirá, después de cobrar, el directorio integrado mayoritariamente por el G-7, mas hasta el fin de semana último se pensaba en la Casa Rosada que esa misión de señal favorable podría quedar a cargo Estados Unidos. Pero tal alternativa parece lejana, después que el subsecretario del Tesoro comentara que es difícil comprender cómo existiendo reservas para usar en un plan B, se opte por asomarse a un default con el organismo internacional.
Esa reflexión tan significativa coincide aquí con una opinión muy generalizada de economistas prestigiosos, cuyos juicios reciben respuestas muy duras del discurso oficial, aunque no tanto -desde que Kirchner asumió el manejo directo del problema- del que se escucha en la cartera económica. (De nuestra Sucursal)

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