Derrames cloacales

El olor se vuelve insoportable en los días de intenso calor

09 Marzo 2004
Benjamín Aráoz (1856-1895) fue médico, y uno de los discípulos más destacados de Guillermo Rawson. Fue cirujano de la Armada y regresó a Tucumán en los días del cólera de 1886-87, como director de la Comisión de Salud Pública. En 1894 llegó a ser gobernador. Una breve, pero importante avenida evoca su nombre, aunque el homenaje pierde brillo y despide mal olor en algunos de sus sectores.
Pasando la avenida Irineo Leguisamo, existe un derrame cloacal de vieja data. En la vereda que da hacia el sur hay un agujero profundo que es una trampa para el peatón desprevenido. El canal que bordea la avenida que recuerda al jockey uruguayo amigo de Carlos Gardel, transporta líquidos putrefactos; el olor se vuelve insoportable en los días de intenso calor.
Si Benjamín Aráoz se levantara por un instante de su tumba para tomar un poco de aire en su Jardín de la República, los vahos malolientes lo pondrían de muy mal humor y rápidamente pondría en vereda a los funcionarios de Obras Sanitarias para que erradicaran inmediatamente los derrames cloacales no sólo de su avenida, sino también de toda la ciudad.

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