Burruchaga, sobre la selección del 86: “ese equipo tenía grandes líderes”

En una entrevista que concedió a LG Deportiva, destacó el funcionamiento de todos los jugadores que integraron el último plantel campeón del mundo

EN TUCUMÁN. El 28 de febrero “Burru” enfrentó al “Deca”, como DT de Rafaela. la gaceta / archivo EN TUCUMÁN. El 28 de febrero “Burru” enfrentó al “Deca”, como DT de Rafaela. la gaceta / archivo
29 Junio 2016

Minuto 23 del partido, estadio Azteca (México), un domingo de junio de 1986. José Luis Cuciuffo desborda por derecha, y tira una pared con Diego Maradona, que le devuelve de taco. Lothar Matthäus barre al defensor. El brasileño Romualdo Arppi Filho marca falta. Tiro libre para nuestra Selección. Jorge Luis Burruchaga se acomoda para ejecutar. El árbitro pita y la pelota vuela, como teledirigida, directo hacia la frente de José Luis Brown. La red del arco germano se infla: golazo (ver foto inferior).

Hoy se cumplen 30 años de la última vez que la Argentina se consagró campeón en un Mundial. Aquel partido, contra Alemania, finalizó 3 a 2. Y Burruchaga fue clave: no sólo porque marcó el tercer gol, a siete minutos del cierre; también porque, como se recuerda arriba, asistió al “Tata” en el primer tanto.

Aquella Selección, y todo el proceso previo al Mundial, marcó un punto de inflexión en nuestro fútbol. Los argentinos, tan amantes del maniqueísmo, inmediatamente se alistaron en alguno de dos bandos antagónicos: por un lado, los fieles a César Luis Menotti; por el otro, los que apostaban por el estilo que proponía Carlos Salvador Bilardo.

En atención a las durísimas y permanentes críticas de las que fue blanco el equipo de Bilardo, la gran mayoría se reclamaba “menottista”. Incluso, el propio “Narigón” contó en varias entrevistas que existía un plan, pergeñado por el entonces presidente Raúl Alfonsín, para destituirlo. La Selección jugó, sin embargo, un fútbol brillante en México. Y hasta apareció una bandera que pedía: “perdón Bilardo”.

En México, Maradona explotó como el mejor jugador del mundo, con cinco goles: la “Mano de Dios”; la interminable apilada a cuanto jugador inglés se le cruzaba; una comba mágica para el 1 a 1 contra Italia, y un doblete a Bélgica. Pero más allá de Diego, cada miembro del equipo funcionó como un engranaje aceitado de una máquina perfecta. De todo esto -y de más- habla “Burru”, en una entrevista que concedió a LG Deportiva, vía telefónica.

- Imagino que, por ser los últimos campeones, el reconocimiento debe ser casi permanente...

- No tanto. Ahora se habla mucho y se reconoce que hubo un gran equipo porque no se volvió a ganar y esto sigue vigente. Pero es propio de los argentinos que no reconocen fácilmente los logros, y eso no pasa sólo con nosotros.

- En la previa les pegaron mucho. ¿El Mundial fue su revancha?

- No. Nos daba fuerza, energía, nos unía mucho más. Nos daba esa bronca de querer revertir esas críticas, que siempre existen y existirán en el fútbol. Hasta lo quisieron echar a Bilardo, a través del Gobierno. Grondona lo salvó; lo sacó de la Argentina para evitarlo. Eso nos alimentó a nosotros de rabia, de bronca, de deseo de llegar a ese Mundial y jugarnos la vida. El resultado fue ese logro.

- Con el tiempo las pasiones decantan, uno madura y pueden analizarse los hechos desde otra perspectiva. ¿Cómo ven ustedes ese Mundial, tras 30 años?

- Son millones de recuerdos, de sensaciones y, sobre todo, de satisfacción. En todo este tiempo cada vez que pudimos nos juntamos para rememorar esos momentos, esos inicios; lo que nos costó conocerlo a Carlos, entenderlo, adaptarnos. Hoy estamos juntos, nos seguimos reuniendo y nos seguimos ayudando. Y a 30 años de aquella epopeya sentimos la tranquilidad, la satisfacción, el orgullo de haber escrito una página importante en la historia del fútbol.

- ¿En qué momento del Mundial sentiste que iban a ser campeones?

- El partido contra Uruguay nos dio el empuje, porque vencíamos a un rival siempre difícil, que conocíamos. Teníamos amigos en ese equipo. Con muchos éramos compañeros en Argentina. Habíamos jugado un gran partido, más allá de sufrir. Ese encuentro me hizo pensar en que podíamos llegar lejos. Más allá de nuestras ambiciones personales, no habíamos llegado a México como gran candidato. Nos fuimos haciendo a través de los partidos. Fuimos primeros la fase de grupos, vencimos a Uruguay, y así sucesivamente...

- ¿Cómo vivieron todo lo que fue el partido contra Alemania?

- La difusión en ese Mundial no era la de ahora. La televisación se hacía con relatos desde Argentina. Allá sólo había dos o tres medios. Nosotros hablábamos a la familia desde cabinas telefónicas, con monedas. La falta de masividad en la información nos generaba una especie de inconsciencia, de hasta no darnos cuenta de lo que estábamos por jugar. Eso nos hizo bien. Ese día nos acostamos tarde, pero pasamos una noche normal. Estábamos con mucha seguridad, con el ánimo por las nubes. Sabíamos que enfrentaríamos a una poderosa Alemania, pero nos dábamos cuenta de todo lo que nos había costado llegar ahí y estábamos seguros de que no se nos iba a escapar.

- ¿En ningún momento pensaron en que podían perder?

- No. Y el mejor ejemplo fue el empate de ellos. Nosotros estábamos en un cómodo partido, ganando 2 a 0, y nos igualaron. Sin embargo, no nos volvimos locos. Nos dijimos ‘vamos a ganarlo’, y lo terminamos ganando. Esa tranquilidad fue la muestra de que ese equipo tenía una capacidad mental enorme, que había grandes líderes, grandes jugadores. Ese equipo logró no volverse loco y fue a buscar algo que no se nos podía escapar porque llegar ahí nos había costado mucho.

- Fuiste clave en ese partido. ¿Cuándo caíste en cuenta de eso?

- Sobre todo después del partido, por los comentarios y las felicitaciones de mis compañeros. Carlos había hecho mucho hincapié en lo que podía ser mi función en la final. Él sabía que a Maradona le iba a hacer marca personal Matthäus, el mejor jugador alemán y me pedía que yo sea la segunda manija del equipo, desde el concepto futbolístico. Me dijo que si llegaba el caso y pasaba eso yo debía aparecer. Lógicamente que la tranquilidad, la seguridad que Carlos me trasmitía me llevó a hacer ese gran partido. Me salió todo bárbaro. Hasta Franz Beckenbauer declaró después que se habían preocupado tanto por Maradona que se habían olvidado de mí. Pero el equipo hizo un gran partido. Desde Nery (Pumpido) hasta (Jorge) Valdano. Fue fenomenal. Lo que esa Selección no tuvo en tres años y medio de proceso, de no estar todos en un nivel superlativo, lo tuvimos en ese Mundial. Estábamos todos hechos unos violines.

La importancia de tener a Maradona

“Diego fue a México decidido a ser el mejor jugador del mundo. Había llegado con sed de venganza por lo que le había pasado cuatro años antes, en España, donde había salido expulsado”. Las palabras de Jorge Burruchaga dan cuenta de que la explosión de Diego Maradona en el mundial de 1986 no fue obra de la casualidad, sino una decisión del “10”. “Hacía turnos de entrenamientos extras con su ‘profe’ particular”, indicó el ex jugador de Independiente.

Durante una entrevista que concedió a LG Deportiva, “Burru” elogió a Maradona. “Fue el gran capitán. Más allá de que en ese grupo había jugadores con mucha personalidad, Diego fue el líder positivo que todo equipo debe tener dentro y fuera de la cancha”, afirmó. Admitió que todos los jugadores sabían que había un único indiscutido. “Carlos nos lo decía siempre: la Selección es Maradona y 10 más. Esto lo sabíamos todos, el que lo aceptaba seguía y el que no, tenía todo el derecho de volverse a casa”, dijo. Y agregó: “lo demostró en los entrenamientos y dentro de la cancha. Fue su Mundial”.

“Burru” precisó que Diego actuó para el grupo, y viceversa. “Alrededor de ese fenómeno hubo un equipo que lo ayudó mucho”, expresó.

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"Bilardo convencía con su trabajo"

El inicio del ciclo de Carlos Salvador Bilardo en la Selección fue traumático. Las críticas afloraron desde los primeros días y sólo acallaron cuando el equipo, a fuerza de su sólido juego y de resultados, ganó el Mundial de México. “Carlos marcó un antes y un después en el fútbol, en cuanto lo que se venía jugando con otro gran entrenador, que también marcó una época: el ‘Flaco’ (César Luis) Menotti”, dijo Jorge Burruchaga a LG Deportiva.

Tras destacar que tuvo la suerte de ser dirigido por los dos, habló del ciclo del “Narigón”. “La gran discusión y el gran problema del proceso de Bilardo se debía a su ideología, a sus planteos, a su historia. Pero él estaba segurísimo del camino que quería abordar”, afirmó. Admitió que a muchos jugadores que pasaron por aquel proceso les resultó difícil entender el mensaje del DT. “Entrenar con Carlos era durísimo; tenía una metodología contraria a las que se ejercían en el fútbol argentino y mundial. Ni hablar de los planteos tácticos”, expresó.

No obstante esto, reivindicó a Bilardo: “más allá del discurso, los entrenadores deben convencer con el trabajo y él lo hacía con fuerza porque estaba permanentemente atrás del detalle”, puntualizó. Pero no sólo lo elogió desde lo futbolístico: “además de motivador, es un tipo alegre”.

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