08 Marzo 2004 Seguir en 
Es prácticamente un abismo el que separa la actual consideración que tiene la mujer en la sociedad occidental con la identificación negativa que la signó casi desde el origen de los tiempos. A partir de la maldición bíblica, que la condenó a parir con dolor desde la expulsión del Paraíso Terrenal, y pasando por la connotación de subordinación que se asoció a la condición femenina en el medioevo, grande ha sido la evolución del pensamiento que se necesitó para llegar a la equiparación de derechos y de garantías que, al menos en las enunciaciones teóricas, quedaron establecidas a lo largo de la centuria pasada.
El origen histórico de la conmemoración que tiene lugar en el día de hoy se remonta a 1975, cuando las Naciones Unidas establecieron el Día Internacional de la Mujer. En esta misma fecha, en 1908, fue despedido un gran número de mujeres que protestaba por mejores condiciones laborales en una fábrica textil de Nueva York. Las trabajadoras se encerraron en el local y se declararon en huelga, decididas a terminar con los abusos patronales. Pero un incendio provocó la muerte de 129 obreras en el que había sido su lugar de trabajo. Las investigaciones posteriores demostraron que el siniestro había sido intencional.
En junio de 1993 la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, desde Austria, emitió la llamada Declaración y Programa de Acción de Viena. En el párrafo 18 de la parte I de ese documento se establece: "los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacional, regional e internacional, y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo son objetivos prioritarios de la comunidad internacional".
Resulta necesariamente incompleta cualquier lista de nombres de mujeres que, a través de su valiente aporte, lograron ampliar la concepción del rol femenino en la sociedad y abrió variantes para el papel de esposa y madre en el que la había ubicado una estructura social tradicional.
Son muchas las figuras femeninas que se evocan a la hora de encarnar las virtudes de la mujer. Un buen número de ellas entregó el mayor de sus esfuerzos en la lucha por conseguir un plano de igualdad con las oportunidades laborales que estaban reservadas al género masculino. A la par de esas figuras emblemáticas existe una legión de trabajadoras anónimas que en cada jornada aportan su grano de arena a la lucha. Y es precisamente en ese esfuerzo colectivo en el que reside la grandeza de esa batalla, que no parece ni siquiera cerca de estar definitivamente ganada. Es en el trabajo cotidiano donde día a día se conquistan las pequeñas victorias que determinarán la definitiva igualdad de oportunidades; recién entonces quedarán sepultadas las innumerables asimetrías que son parte de la historia de nuestra sociedad. Cuando la mujer tenga la posibilidad de construir su existencia de acuerdo con los dictados de sus necesidades espirituales y se libere de las presiones que por tradición social y cultural le impone su condición femenina, entonces habrá conquistado el ansiado plano de igualdad que durante siglos le ha sido sistemáticamente escamoteado.
Después de siglos de lucha, cuando ya se ha consumido casi un lustro del nuevo milenio, cabe esperar que la condición femenina definitivamente deje de pesar como un elemento de discriminación y permita a millones de mujeres en todo el mundo decidir su destino en la mayor libertad. Sólo bajo estas condiciones estarán en situación de explotar sus potencialidades en plenitud y tendrán la ocasión de convertir en realidad el futuro que su vocación les haya dictado.
El origen histórico de la conmemoración que tiene lugar en el día de hoy se remonta a 1975, cuando las Naciones Unidas establecieron el Día Internacional de la Mujer. En esta misma fecha, en 1908, fue despedido un gran número de mujeres que protestaba por mejores condiciones laborales en una fábrica textil de Nueva York. Las trabajadoras se encerraron en el local y se declararon en huelga, decididas a terminar con los abusos patronales. Pero un incendio provocó la muerte de 129 obreras en el que había sido su lugar de trabajo. Las investigaciones posteriores demostraron que el siniestro había sido intencional.
En junio de 1993 la Conferencia Mundial de Derechos Humanos, desde Austria, emitió la llamada Declaración y Programa de Acción de Viena. En el párrafo 18 de la parte I de ese documento se establece: "los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacional, regional e internacional, y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo son objetivos prioritarios de la comunidad internacional".
Resulta necesariamente incompleta cualquier lista de nombres de mujeres que, a través de su valiente aporte, lograron ampliar la concepción del rol femenino en la sociedad y abrió variantes para el papel de esposa y madre en el que la había ubicado una estructura social tradicional.
Son muchas las figuras femeninas que se evocan a la hora de encarnar las virtudes de la mujer. Un buen número de ellas entregó el mayor de sus esfuerzos en la lucha por conseguir un plano de igualdad con las oportunidades laborales que estaban reservadas al género masculino. A la par de esas figuras emblemáticas existe una legión de trabajadoras anónimas que en cada jornada aportan su grano de arena a la lucha. Y es precisamente en ese esfuerzo colectivo en el que reside la grandeza de esa batalla, que no parece ni siquiera cerca de estar definitivamente ganada. Es en el trabajo cotidiano donde día a día se conquistan las pequeñas victorias que determinarán la definitiva igualdad de oportunidades; recién entonces quedarán sepultadas las innumerables asimetrías que son parte de la historia de nuestra sociedad. Cuando la mujer tenga la posibilidad de construir su existencia de acuerdo con los dictados de sus necesidades espirituales y se libere de las presiones que por tradición social y cultural le impone su condición femenina, entonces habrá conquistado el ansiado plano de igualdad que durante siglos le ha sido sistemáticamente escamoteado.
Después de siglos de lucha, cuando ya se ha consumido casi un lustro del nuevo milenio, cabe esperar que la condición femenina definitivamente deje de pesar como un elemento de discriminación y permita a millones de mujeres en todo el mundo decidir su destino en la mayor libertad. Sólo bajo estas condiciones estarán en situación de explotar sus potencialidades en plenitud y tendrán la ocasión de convertir en realidad el futuro que su vocación les haya dictado.







